Seis de bastos

6debastos

Son las tres de la madrugada cuando el teléfono del trabajo suena. Así es mi trabajo, el teléfono puede sonar en cualquier momento, y a menudo suena a horas intempestivas. La noche es el momento de mayor actividad. En menos de 5 minutos he enviado una alerta a mi equipo y estoy de camino. Mientras doy instrucciones por teléfono para que los que están en la escena no empeoren las cosas.

Soy un limpiador. Pero no limpio cualquier cosa, limpio escenas de asesinatos. No lo hago para la policía, lo hago para los criminales. No estoy especialmente orgulloso de infringir la ley. Pero sí estoy orgulloso de mi trabajo. Lo hago bien. Modestia a parte, soy el mejor. Es un desafío lograr que parezca que nada ha sucedido en un lugar en el que ha habido una carnicería y hacerlo de forma que convenza a la policía.

Cualquiera no tiene mi número de trabajo. No voy repartiendo tarjetas por ahí precisamente. Si la persona que me llama no es alguien conocido, alguien que pueda investigar suficiente, no acepto. Si eres alguien nuevo, tienes que tener padrino, alguien que se haga responsable de ti. Si no, ni si quiera voy a molestarme en hablar contigo. Tengo mi círculo de clientes, pero no me comprometo con nadie. Tampoco vendo o filtro información. A menudo hay conflicto de intereses entre mis clientes.

La gente me respeta. Me aprecian en la medida en la que puedo solucionarles un problema complicado con eficacia. Pero me respetan porque saben que puedo hacer desaparecer un cuerpo sin dejar ni un solo rastro. Eso infunde un gran respeto incluso entre los criminales más rudos. Sin embargo nunca he matado a nadie por mi mismo. Tampoco es que sea necesario.

Cuando llego a la escena del crimen, lo primero que hago es contención. Todo el que ha estado en la escena tiene que estar presente, incluso los que no han participado directamente. Nadie puede irse. Me cercioro de si la policía va a aparecer. También debo saber cuanta gente sabe lo que ha pasado. Evalúo el escenario. Con eso hago una primera valoración y decido si acepto el trabajo. También calculo lo que va a costar el asunto. Cobro por adelantado. No todo el mundo puede o quiere permitirse mis servicios. Sólo con verlo sé que el sofá va a ser el mayor problema.

Me ha llamado una mujer, la señorita R. Su padre tiene un productivo negocio de drogas que dirige con mano de hierro. El viejo es un cabrón de mucho cuidado, difícil de tratar, pero respeta los tratos y cuando da su palabra la cumple. La señorita R. se ocupa de una parte del negocio. Es una mujer dura, pero ni de lejos tan bruta como su padre. Sin embargo sabe de qué va el asunto, no es la primera escena en la que ha estado. Sabe exactamente qué debe hacer para que nadie termine en prisión.

-Hola señor L., este es Cesar. Este lío de hoy se lo debemos a él. Yo sólo estaba aquí por casualidad. Una mala casualidad. Pero Cesar trabaja para mi padre. Es la única llamada que he permitido que se hiciese. Mi padre responde por esto. Tal como me has pedido he puesto la televisión. Sí, tenía DVD, y sí, había una película de acción con tiros. La he puesto a un volumen moderadamente alto hacia la mitad de la peli.

La señorita R. sabe mi verdadero nombre, lo mismo que yo sé el suyo. No hay mucha gente que sepa mi nombre. Sólo soy el Limpiador. Pero el viejo lo sabe. Fue uno de mis primeros clientes y tristemente ella estaba en medio de la escena para la cual me llamó el viejo por primera vez. Ella era una niña en ese entonces y yo muy joven. Pero ya dominaba el trabajo y todo fue satisfactoriamente. El viejo me tiene en alta estima desde aquello. Ella es lista y siempre me llama señor L.

No necesito ser psicólogo para saber que Cesar no es una mente brillante. Puedo decir a primera vista que es un chulo y tiene el gatillo fácil. Además probablemente la ha cagado cargándose a este par. Pero yo vivo de esas equivocaciones, así que sin problema.

En seguida llega mi equipo y nos ponemos los trajes. Aunque tengo un número considerable de personas trabajando para mí, normalmente somos muy pocas personas en la escena del crimen. Personas muy corrientes, vestidas para no destacar. El equipamiento básico para trabajar es ligero también, y va camuflado en bolsos, mochilas y bolsas comunes. Hoy somos sólo tres para empezar, María, Dani y yo mismo.

Lo primero es la información. De eso se ocupa Dani. Tiene la estación de policía continuamente pinchada y sabe al instante si un vecino ha llamado para quejarse de ruido, por ejemplo. En pocos minutos pincha las comunicaciones del lugar. Así sabe si tenemos fuga de datos desde dentro. Porque a menudo cuando pregunto cuanta gente se ha enterado, no recuerdan contarme que han llamado a su novia o a su madre para explicarles lo ocurrido. O han enviado un WhatsApp. Entonces se fuerza un silencio. Las líneas enmudecen, los gps de los móviles dejan de posicionar y los datos dejan de fluir. Dani es un maestro en lo suyo.

Aparece un pequeño puesto de mando desde el que dirigiremos las operaciones. Son dos cuerpos, un hombre y una mujer. El hombre ha muerto sentado en el sofá de un sólo tiro en la cabeza. El sofá está insalvable. Es viejo y tiene un peculiar tapizado muy hortera que nunca he visto. El peor estropicio sin embargo es el de la mujer. Ha tratado de huir. Ha recibido varios balazos y ha caído en el pasillo, muy cerca de la puerta de entrada.

Saco el kit de ducha. Primero extiendo un plástico de varias capas en el suelo. En el centro dejo una bolsa negra. al abrir una cremallera salta hacia arriba y aparece una ducha de plástico de 40×40. Esta fabricada con la misma tecnología que las tiendas de campaña que se despliegan solas.

– Toda la ropa fuera y a la ducha. – Doy las instrucciones pertinentes. La señorita R. ya se está desnudando para entonces. Una buena vista. Sin embargo él va a darme problemas.

– ¿Quién es este tipo? ¿Qué es lo que está haciendo? ¿Por qué debemos hacer lo que dice? No confío en él. – La señorita R. va a contestar, pero me adelanto.

– Soy el que va a arreglar este desastre que has hecho, pero si tienes algún problema, cojo mis cosas y me marcho.

– ¿Tu vas a arreglar esto? ¿Cómo vas a hacerlo?

– A los que me preguntan cómo hago mi trabajo les cobro un plus por desconfianza. No porque ellos no se fíen de mí, sino porque yo no me fío de ellos. Ahora cállate, quítate toda la ropa y métete en la ducha. Hazlo rápido, el tiempo es importante.

La señorita R. está dejando sus joyas en una bolsa de plástico transparente con cierre de zip que María sostiene para ella. Cuando sostiene otra bolsa igual ante Cesar, dándole instrucciones para que meta todas las cosas de valor dentro, como relojes o joyas, responde que no piensa deshacerse del sello que le regalo su difunto padre. Entonces la señorita R. termina su paciencia.

– Calla y obedece o tú vas a ser el tercer muerto en esta escena.

Ella es una chica de armas tomar, incluso desnuda impone. Digna hija de su padre. El tipo se calla y suelta las cosas en la bolsa con desconfianza. Como si yo quisiera su chatarra para nada. El tal Cesar no me cae nada bien.

La señorita R. entra en la ducha, el agua mezclada con el detergente sale a presión desde micro orificios de arriba a abajo. Le indico que se frote bien mientras dura el proceso, insistiendo en el pelo, cara y manos, así como la piel que haya podido estar expuesta a salpicaduras. Mientras quito una sección de plástico. Cuando sale le doy un mono y unas zapatillas corrientes. Ya hay un camino limpio hasta la salida. Ella está lista para irse. Sin embargo espera a que Cesar también salga de la ducha. En pocos minutos ambos están fuera y la ducha desmontada y lista para ser extraída. Ellos van camino de ver al viejo. El sabrá mantener al tipo con la boca cerrada. Tal vez lo haga verse por otro lugar. O si las cosas se complican me llamará de nuevo.

En todo caso ahora la escena me pertenece. Tengo una reunión breve con mi equipo para decidir cómo vamos a encarar el trabajo. Cuanto antes llegues a una escena, mayor control tendrás sobre ella y más fácil será el trabajo. El suelo es de terrazo, nada de parquet o moqueta, que son más problemáticos. La mayoría de las superficies se pueden limpiar con eficacia o sustituir fácilmente. Sería pan comido si no fuera por el sofá. El estúpido sofá va a ser un problema.

Limpiar una una escena con totalidad requiere tiempo. Por mucho que tengas buen equipo y buenos profesionales, requiere un tiempo más largo de lo que uno podría pensar. El tiempo mínimo, con una escena fácil y todo de cara son unas 24h. Hay que ser minucioso. Hoy estamos teniendo en cuenta especialmente el sigilo. Mis chicos están entrenados para trabajar en silencio y haciendo el mínimo ruido posible siempre. A las tantas de la madrugada no se puede montar un escándalo para limpiar. Tampoco pueden estar entrando y saliendo personas de una casa sin levantar sospechas. A no ser que parte de tu tapadera sea una fiesta. Pero las fiestas molestas durante la noche también atraen a la policía.

La mejor forma de que una escena en la que se ha cometido un crimen no sea descubierta es que en realidad no se llegue a sospechar que es la escena de un crimen. Si una persona desaparece sin dejar rastro buscarán una persona y no una escena del crimen. Si a esto sumamos que no haya ninguna evidencia de que se ha cometido un asesinato en el lugar, éste no se considerará el escenario en particular de ningún crimen.

Primero procesamos y empaquetamos los cuerpos, para que no sigan produciendo residuos y no empiecen a emitir olores. Es algo rápido y provisional. Básicamente los embolsamos. Como es de noche y puedo lograr una buena oscuridad, trabajamos con las luces negras para marcar todos los puntos en los que hay salpicaduras. Buscamos minuciosamente, revisando bordes, juntas de muebles y objetos por todos los ángulos, incluso debajo. Donde encontramos algo, dejamos una marca. Una vez delimitado todo el daño, decidimos cómo tratar cada marca: limpiar, sustituir o eliminar.

El trabajo de limpieza se extenderá durante el día. Debemos decidir que excusa pondremos para las entradas y salidas de la casa. Puede ser que nos hagamos pasar por exterminadores de plagas, instaladores de la televisión por cable, chapuzas que vienen a arreglar una avería o una empresa de mudanzas. La empresa de mudanzas es una opción para hacer desaparecer el sofá. Sin embargo me decido por la empresa de exterminación de plagas.

Al amanecer hago salir a María caracterizada de la casa, en solitario, llevándose el móvil de la chica. Dará vueltas por la ciudad e irá a zonas concurridas por turistas y se dejará robar el móvil. El móvil del chico lo meteremos en el agua del water y lo dejaremos en la encimera, como si hubiese sufrido un accidente. Los móviles de la señorita R. y Cesar fueron clonados varias veces durante la noche desde la central y envié a personas de mi equipo a activarlos en diferentes puntos de la ciudad, para que diesen datos erróneos y confusos. La señorita R. y Cesar pedirán sendas copias nuevas que anulen todos los clones anteriores a su correspondiente compañía de telefonía.

Una camioneta caracterizada como una empresa de exterminio de termitas llega a las 9 en punto. El movimiento comienza con la limpieza. Casi todo el asunto es limpieza. Siempre intento que sea la primera opción. Una limpieza que supere una investigación policial. Las paredes suelen ser un problema. En alguna ocasión incluso he tenido que arrancar yeso y enyesar de nuevo para eliminar totalmente los rastros. O arrancar el parqué entero de una habitación y cambiarlo. Pero sin pruebas no hay caso. La ducha portátil sale de la casa, también la ropa y todos los objetos manchados que vamos a eliminar o sustituir. Tengo un buen catálogo de objetos para sustituir y también contactos para conseguir o fabricar lo necesario. Legalmente tengo una empresa tramoyista que provee de escenarios para la televisión, el cine y el teatro. Tengo algo de actividad “legal”, pago mis impuestos y el negocio me ayuda conseguir los materiales que necesito y justifica cualquier movimiento extraño que provenga de mis almacenes.

Preparo el sofá para que no llame la atención en el hipotético caso de que nos paren durante en transporte y alguien curiosee. Imagina que te van a poner una multa por exceso de velocidad y descubren que llevas un cargamento sangriento. Toda la preparación en la escena habrá sido en vano. Todo contratiempo puede ser una ventaja. Aprovecho que tengo que sacar el sofá y meto los dos cuerpos dentro bien embalados. Ya hemos decidido como los procesaremos.

Sí, hay formas de hacer desaparecer un cuerpo lo suficiente como para que no quede ningún rastro identificable para la policía científica más puntera. Sólo es necesario tener los medios y la imaginación suficientes. Pero no te voy a explicar a ti cómo lo hago. Estoy continuamente estudiando y formándome, al igual que mis empleados. Cuando un método científico aparece somos los primeros en estudiarlo e invertir en ello.

El personal es tan importante como los medios. Mis empleados son de absoluta confianza. Los analizo y asesoro minuciosamente. Ni uno solo tiene antecedentes y son conscientes de que no deben tener ningún asunto con la justicia mientras trabajen para mí. Ni un impuesto sin pagar, ni una multa sin solucionar, ningún contrato con la compañía móvil abandonado. Todos tienen empleos legales declarados. Todos cobran lo suficiente como para ser escrupulosamente fieles. También todos encuentran un plus en desarrollar esta actividad especial, eso a menudo es esencial. Para cada uno es diferente: el desafío que supone, los medios para investigar, la tabla de salvación para una situación sin salida… Pueden dejar el empleo si quieren. No voy a ponerles pegas. Pero me aseguro de tener algún conocimiento extra de la vida de todos ellos que garantice su silencio. Soy un jefe atento, solidario y generoso.

No todos mis empleados saben de mi segunda y muy lucrativa actividad. Algunos fabrican cosas o estudian medios y métodos sin saber para qué serán empleados. Sólo lo saben aquellos que son imprescindibles. También subcontrato algunos trabajos secundarios.

Ahora somos bastantes. Al principio trabajaba solo, o como mucho éramos dos o tres para todo el proceso. Antes las cosas eran más sencillas en muchos aspectos. Se puede decir que mi empresa ha tenido un óptimo crecimiento.

Una vez que el paquete ha llegado a las instalaciones sin contratiempos puedo relajarme. Al caer la noche, las labores de limpieza han terminado. En la casa se queda parte de mi equipo. Aprovechando la oscuridad haremos una segunda búsqueda de manchas. Como no aparecen más rastros, el segundo día es acondicionamiento. A media mañana llega un sofá nuevo. Ayer se hizo una llamada desde la casa para pedir un sofá barato y común a una muy conocida casa de muebles. Lo hemos pedimos con entrega inmediata y sin montaje. Se ha pagado con la tarjeta de crédito del muerto.

Después de eso lo que queda es eliminar el olor a productos de limpieza y quitar el apresto a lo sustituído. La forma mas eficaz es cocinando y ensuciando. Cocinar y ensuciar es algo que se puede hacer con el equipamiento propio de la casa. Para el resto siempre utilizamos nuestro propio equipo. Prohibido usar el desagüe para tirar nada. Prohibido mear o cagar en la escena, incluso dejar caer un pelo. Prohibido beberse una cerveza del frigorífico, llevarse objetos o dejar objetos. Somos minuciosos al no alterar nada que no se haya visto afectado directamente por el crimen. También tratamos de dejar la escena lo más acorde posible a lo que encontramos. No vamos a dejar muy ordenado y limpio el comedor de un tipo que tiene la casa hecha una leonera. Las casas sucias suponen el reto de ensuciar, pero enmascaran un crimen con mayor eficacia.

En la tarde del segundo día las cosas están listas para abandonar la escena. Si todo va como debe, se darán como desaparecidos. Dado que tienen negocios sucios y deudas, la primera hipótesis será que han huido. O que los han matado. Pero ¿Quién? ¿Por qué? ¿Dónde?. Si esas preguntas quedan sin respuesta, será un buen trabajo.

Uno se podría preguntar cómo es que acabé en este negocio. La respuesta sería que el primero fue mi padre. Lo de mi padre fue una auténtica chapuza, sin duda mi peor trabajo. Pero funcionó. A partir de ahí era seguir adelante o hundirse en la mierda. Así que seguimos adelante.

Mi padre era un hijo de puta drogadicto. Un mal padre donde los haya. No teníamos madre y nuestra vida era una guerra entre nuestro padre y mi hermana y yo. Él tenía tres estados: El primero era cuando estaba bien colocado. Era el mejor de los tres. Era tan inútil como un mueble viejo. Lo peor que hacía en ese estado era apestar el lugar. El segundo estado era el que mi hermana y yo llamábamos el estado de “gracia”. Tras salir de un buen colocón le aparecía una conciencia y entonces quería hacer de padre. Intentaba cocinarnos, intentaba ganar nuestro cariño comprándonos chucherías y juguetes, o se interesaba en si íbamos al colegio. Quería saber dónde pasábamos nuestro tiempo y que hacíamos. A todas horas. Era un estado algo peligroso, ya que se volvía controlador y mandón. Quería hacer cosas como hablar con nuestros profesores, discutir con los vecinos o ir él a hacer las compras. Su humor en esos momentos era como una montaña rusa: lo mismo estaba eufóricamente feliz, como malhumorado o depresivo. Pero sobre todo era peligroso porque iba seguido y se fusionaba con el tercer y más peligroso estado: cuanto tenía el mono. Entonces era capaz de cualquier cosa para conseguir droga, o dinero para droga. No había otro pensamiento en su mente, ni barrera que no estuviese dispuesto a traspasar.

La muerte de mi padre no fue nada especial. Murió de una sobredosis. Lo hizo sin ayuda. Sin embargo la forma en la que comenzaba a pensar en nosotros para sacar dinero, sobre todo en mi hermana, ya había hecho que la idea de su muerte rondase por mi mente. El problema era que si él moría nosotros íbamos un centro de acogida, seguramente por separado. Esa parte era la que no tenía resuelta. Sin embargo ya tenía planeada una forma de deshacerme del cuerpo. Es increíble lo que uno puede aprender en una biblioteca. Así que cuando murió, lo hicimos desaparecer y fingimos que estaba fuera, escondiéndose de sus deudas, hasta que yo cumplí 18 y adopté a mi hermana legalmente.

Ella siempre ha sabido cual es mi trabajo, pero nunca he permitido que se involucre en ninguna otra muerte, excepto la de mi padre. Está completamente limpia. Tenemos una promesa. Si alguna vez me pillan, ella debe fingir que no sabe nada de lo que hago. Sé que cumplirá con su promesa. No tiene sentido que ambos vayamos a la cárcel. Lo comprende, y también acepta que no deje que participe en esa parte del negocio. Sin embargo no está completamente desvinculada del negocio. Es la mejor parte de mí: hermosa y lista, libre y limpia. Terminó sus estudios universitarios en psicología. Ella evalúa a todo mi personal. En especial tiene un sistema que ella misma ha desarrollado para evaluar a los trabajadores implicados en la parte más oscura de mi negocio. Es una herramienta muy útil.

Sí, he hecho muchos trabajos y nunca me han pillado. Nunca. Da miedo la cantidad de personas que se pierden por las rendijas de las alcantarillas de esta sociedad sin que siquiera se hable de ello en las noticias. Y los que son noticia, sin pruebas, caen rápidamente en el olvido. Tampoco falta nunca ocupación para policías, forenses y fiscales. Sin embargo siempre existe la posibilidad de que te pillen. Trabajo siempre barajando esa posibilidad, anticipándome a ella. Los casos más antiguos son los que pueden tener fallas frente a la tecnología moderna. Sin embargo, aún si se descubriesen algunos crímenes, lograr la cadena de acontecimientos, vincular unos con otros y estos conmigo… Digamos que trabajo mucho para que eso no suceda. Aún así, estoy listo para afrontarlo si llega a suceder, o para pagar si no puedo librarme. Igual que aquellos que dan el paso de ir a una escena conmigo. Nunca nadie de los que están en mi círculo interno me ha decepcionado. Podrías decir que soy un tipo con suerte. Pero trabajo por mi suerte.

Si alguna vez decides utilizar mis servicios, te daré un par de pistas: las muertes siempre fuera de tu casa o propiedades. Si no es en casa del muerto, mejor. Cuanto antes me llames, más fácil será mi trabajo y más barato para ti. Tampoco acepto limpiar las chapuzas de otros limpiadores. Da igual cuanta confianza tengamos, no voy a limpiar la mierda de otro. Tengo que tener el control total de una escena para poder hacer mi trabajo eficazmente. Me involucro en los crímenes de otros, eso es un riesgo. Sin embargo conozco esos crímenes y puedo llegar a negociar con ellos si es necesario. Recuérdalo. Ahí va mi número. Soy el Limpiador.

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