Perfección (cinco)

 

perfección5

Créditos de la imagen pinchando aquí.

Invierno, tras la tercera operación

Gabriela se despierta tras la tercera operación. La enfermera inyecta los dos sueros, el azul y el naranja, como de costumbre. La paciente, con el cuerpo ahora completamente desentumecido, se levanta con elegantes movimientos de la cama. Mecánicamente la enfermera prepara la dosis de medicinas extrayéndolas del frigorífico, junto con el agua. Se asegura de que la paciente tome la medicación. Es muy importante asegurarse de que los pacientes toman la medicación. Los doctores son muy insistentes. Si alguna enfermera alguna vez se descuida y no se asegura personalmente de que los pacientes toman la medicación son inmediatamente despedidas. Recuerda la historia clínica que acaba de leer, antes de proceder a despertarla. Gabriela Dorquisse, prefiere que la llamen Gela. Tercera operación: sugerir la ropa azul. Como siempre, aconsejarle visitar su grupo.

-Gela, aquí tiene su medicación.

-Gabriela, llámame Gabriela. En realidad no me gustan los diminutivos.

-Por su puesto señora Dorquisse. Gabriela. -Ya se asemeja mucho a uno de los lánguidos fantasmas. En este caso parece que el procedimiento se desarrollará sin sobresaltos. -. Como en las otras ocasiones, tómese con calma cualquier actividad las primeras horas. Se le recomienda visitar su grupo, -añade en tono confidente -: seguro que esperan impacientes noticias sobre su nuevo estado.

-Gracias. -Contesta la mujer mientras toma la medicación. La enfermera detecta entonces un leve tic en un lado de la cara. Tal vez no vaya todo tan bien después de todo. Forzando aún más el tono, tal como le han enseñado: bajo, monocorde, tranquilizador y con una gran sonrisa añade, ya desde la puerta del cuarto:

-Le sugiero el vestido azul.

-De nuevo gracias, enfermera.

El tic sigue ahí, piensa la enfermera, ya al otro lado de la puerta. No importa, la mantendrán monitorizada a través de las cámaras todo el tiempo. Ella reportará el tic y después ya no será asunto suyo. No debe olvidar anotar el cambio de preferencias en cuanto al nombre en la historia. Le han aleccionado bien en que esos detalles son importantes.

En la habitación Gela está atrapada dentro de un cuerpo perfecto… que no controla en absoluto. Ha tratado de hablar con la enfermera cuando esta ha entrado en su cuarto, porque se encontraba especialmente entumecida y no podía sentir su cuerpo, ni moverlo. Ha intentado gritar, después de darse cuenta de que no controlaba ni uno sólo de sus músculos y que no podía hablar. Ha entrado en la histeria cuando estos han comenzado a moverse con voluntad ajena. Pero no ha conseguido nada. No es ella la que dicta las acciones.

Su cuerpo se dirige hacia el vestidor, como solía hacer ella misma cuando lo controlaba. Se para frente al duo de espejos, deja caer el camisón de operaciones al suelo. Se acerca y deposita una mano levemente sobre uno de los espejos. Su cara está tan próxima a la superficie que el vapor de la respiración se condensa sobre ésta. Su cuerpo mira fijamente a los ojos del reflejo. Entonces sonríe con una encantadora media sonrisa y Gabriela guiña un ojo a su reflejo con picardía.

Gela quiere gritar, llorar, despertar de esta pesadilla.

Su cuerpo se mueve calmadamente hacia las ropas azules. Coge un vestido azul eléctrico de lamé plisado, largo y de corte sencillo. Se sube sobre unos stilettos con los que Gela no sabría ni caminar y se dispone a ir hacia la reunión de su grupo. Se mueve con un armonioso vaivén de caderas y llega resplandeciente. Comienza a saludar con complicidad a todos aquellos vestidos de azul, o blanco, mientras mira con cierta tirantez a los que van de verde, rojo… o cualquier otro color.

Primero hablan los que han pasado la primera operación. Se ven terriblemente emocionados. Están deslumbrados por su propio aspecto. Pero aún no se aproximan a la perfección. Se mueven torpemente y sus caras se contraen en muecas exageradas al dejar traslucir sus emociones. Después es el turno de los verdes. Son menos eufóricos que los primeros. Se muestran recelosos y expectantes. Pero a la hora de hablar, todos son unánimes en alabar el programa. Todos menos un joven más apartado. Alex, recuerda que se llama. Mira recelosamente hacia los lados y ha evita acercarse a la Rueda. Con un traje verde oscuro de corte impecable y la cara angustiada y amarillenta, está flanqueado por uno de los veteranos, Nicolás, y un enfermero. El enfermero le ofrece unas pastillas. El joven niega con la cabeza, pero Nicolás dice unas palabras en su oído y la cara del joven se queda inexpresiva. Se toma las pastillas sin rechistar. Al acabar el turno él mismo está repitiendo las palabras de sus compañeros sobre andar sobre el camino hacia la perfección.

Los últimos en hablar son los del grupo de Gabriela, los que han pasado su tercera operación. Los veteranos no hablan, son los que dirigen el grupo. Los que lo controlan. Físicamente los azules ya parecen perfectos. Pero en vez de reflejar una risueña paz, como los que están vestidos de blanco, sus caras están inexpresivas.

Gela lo ve todo a través de los ojos de un cuerpo que no controla. No controla sus acciones, sus palabras, y ni tan si quiera sus reacciones. Es como si estuviese arrinconada al fondo. Siente claustrofobia. Se pregunta si los otros están también atrapados en sus cuerpos, igual que ella está.

Igual que la otra vez, Delia está a su lado y la observa atentamente. Cuando es su turno, es Delia la que la introduce:

-Gela, por favor, podrías contarnos tu experiencia.

-Gabriela, por favor. Gela es un poco ridículo. Es un diminutivo cariñoso que me puso mi familia, pero no me gusta demasiado. Si no os importa, preferiría que a partir de ahora me llamaseis Gabriela. -Eso ni si quiera es verdad, piensa Gela. ¿De dónde está saliendo todo esto?

-Por su puesto, Gabriela. -Delia sonríe con un gesto de aprobación.

-Ya han hablado ampliamente sobre lo inocuo de la cirugía y lo increíblemente acertado del tratamiento. Pero me gustaría remarcar cómo me hace sentir. Siento que comienzo a estar completa, que voy en la dirección correcta. –No, no, no, ¡NO!– Gela lloriquea en el interior .-Estoy cerca de completar mi tratamiento. Al fin las cosas serán como deben: un cuerpo perfecto para una vida perfecta. La perfección es una forma de vida. Estoy andando el camino de la perfección terrenal. No hay sombras, no hay dudas y pronto alcanzaré la iluminación. –¡Que alguien me ayude! Grita interiormente Gela -Recomiendo enteramente el programa a todo el mundo.

Cuando acaba Gela percibe que la mano derecha de su cuerpo tiembla ligeramente. Pone más ahínco en controlar esa mano, pero rápidamente su cuerpo entrecruza ambas manos y las baja hasta el regazo. Delia la está mirando fijamente. Cuando la sesión acaba, Delia le toca ligeramente el hombro para llamar su atención.

-Gabriela, me he dado cuenta de que tienes algún leve temblor. -Dice con un tono ligero, como si no fuese en absoluto importante. -Sucede a veces, con tanta anestesia. Es un poco molesto. En realidad es una verdadera lata, te lo digo por experiencia. -Agrega con una risa cristalina: – Si vas a ver al doctor te dará unas pastillas que lo solucionarán al instante.

-Muchas gracias, Delia. Haré eso mismo justo ahora. -Gela lucha por controlar esa mano, que sigue entrelazada.

Su cuerpo se desplaza hasta el despacho del doctor. De nuevo la hacen entrar y esperar en esa sala llena de paredes espejadas. El cuerpo de Gela sonríe ante tantos reflejos de ella misma. Gabriela se siente inmediatamente encantada. Camina de un lado a otro, gira, posa y se pavonea. Gela ve con absoluto horror como los reflejos no responden exactamente al cuerpo. Cada uno va en una dirección y hace una pose o mohín diferente, aunque todos con idéntica sonrisa vanidosa. Algunos comienzan a reír, aunque no se oye risa alguna. Gela se busca a si misma en alguno de los reflejos, pero no se encuentra.ç

Cuando el doctor entra los reflejos se ponen inmediatamente en orden. Aunque sigue percibiéndose cierta desincronización.

-Gela, veo que has pasado tu tercera operación. Te ves cada vez más estupenda. Estamos haciendo un buen trabajo contigo. Una más y todo habrá acabado

-Gabriela, llámeme Gabriela por favor, doctor. –!Ayuda! 

El doctor asiente, satisfecho y con un destello de conocimiento en la mirada. -Por supuesto, Gabriela. Dime, ¿puedo hacer algo por ti? –Ayúdeme doctor. Deténgalo.- clama Gela, tratando de controlar la mano.

-Al parecer tras esta última operación han aparecido algunos molestos tics. Delia amablemente me indicó que hay una solución.

El doctor se acerca a observar los ojos de Gabriela. -Si, puedo verlo. Eso no será un problema. Tenemos algo para esos pequeños desajustes temporales. -El doctor saca un blister con dos pastillas. Como todos los medicamentos, se distinguen por códigos de color, pero no hay señal, nombre ni composición en ningún lugar visible. Extrae las pastillas y se las acerca, junto una botellita de agua y un baso. -Aquí tienes una primera dosis. –No, no más pastillas.

La mano tiembla ligeramente, pero esa misma mano derecha acerca las pastillas inexorablemente a su boca. Tras tomarlas su cuerpo la extiende y al momento deja de temblar.

-Gabriela un familiar tuyo ha solicitado verte. Dice que es tu hermano. Ha sido muy insistenete. Dice que tal vez estás siguiendo un programa tan agresivo por despecho y que tal vez no sea necesario. Legalmente no podemos impedirle verte. Sabes que normalmente desaconsejamos las visitas hasta que el proceso finaliza, pero tal vez deberías tranquilizarle. Creo que será positivo que vea tu actual estado.

-No es problema, le veré lo antes posible.

-Por supuesto. La enfermera programará la visita. Ten, algunas dosis más, por si reaparecen los tics. Te recomiendo tomar una antes de ver a tu hermano, para evitar molestias.  No queremos que se lleve una idea equivocada del programa.

-Gracias doctor. – Dice Gabriela sonriente mientras coge las pastillas. Gela piensa que tal vez haya una esperanza. Tal vez su hermano perciba que algo sucede. Siempre ha podido confiar en su querido hermano mayor.

Esa misma tarde Gabriela se viste con un conjunto azul lascivamente provocativo. Lo poco que cubre es tan estrecho y transparente que no oculta nada. Gabriela se acaricia a si misma llena de gozo. Se prepara para enfrentarse a su hermano. Ya casi ha salido de la habitación cuando recuerda: vuelve atrás y toma una dosis nueva de pastillas.

Gela, medio adormilada y totalmente atrapada en su interior, ve como las cosas suceden fuera de su alcance para modificarlas. Por mucho que intenta que Gabriela no tome las pastillas, esta las toma sin remedio. Ya ni si quiera sabe dónde para su mano derecha, o el resto de su cuerpo.

En una sala muy parecida a las otras, llena de espejos y superficies reflectantes, sólo interrumpidas por los consabidos mensajes de propanganda del programa, espera el hermano de Gela. Un desconocido para Gabriela. Pero no importa, seguro que logrará deshacerse de la molestia rápidamente.

Curiosamente la mujer que ve David también es una desconocida para él, también. Al principio cuando entra no la reconoce en absoluto. Luego reconoce los rasgos de la familia. Podría ser la hija de Gela, aunque ella no tiene hijos y es tal vez un poco mayor. ¿Qué edad tiene?… Es una mujer muy sensual, a la vez que inquietante, con esa cara tan hermosa que roza lo ridículo y totalmente inexpresiva.

Gabriela advierte con placer que el hombre la ha estado mirando fijamente durante un largo rato.

-¿Qué es lo que querías hermano?

-¡Dios!, ¿¡realmente eres tú!? Estas… estas muy cambiada. Pero que es esa frialdad ¿No hay un abrazo ni un beso para tu querido hermano?

Gabriela se acerca, pero el breve abrazo y el beso al aire se siente realmente incómodo para ambos. Gabriela odia que una persona imperfecta esté tan cerca de ella, en contacto con ella. David nota a su hermana fría, distante y además se siente mal porque no puede evitar que pensamientos lascivos atraviesen su mente. Esa mujer definitivamente no es su hermana, menudo cambio, es difícil hacerse a la idea.

-Hermana ¿qué te ha pasado?

-Nada, nada en absoluto. Y a la vez todo. Estoy perfecta, como puedes ver.

-Sabes, he oído extraños rumores acerca de esta clínica… algo sobre que las personas cambian mucho, incluso tienen trastornos de personalidad…

-No deberías dar crédito a esos rumores sin fundamento. Mírame. Sí que he cambiado, para mejor. Estoy aquí. Soy yo, tu hermanita. Sólo que estoy mejor que nunca.

-Tal vez esto es un poco radical. Sé que tu marido te engañó y después se fue con una esa mujer tan joven, pero tal vez esta no era la respuesta…

-No digas eso. Vine aquí porque me preocupo por mi aspecto. Pero no sólo soy un cuerpo bello, también estoy completamente sana, y lo estaré mientras dure mi vida, con garantía. Pero no es sólo eso. Me siento como una mariposa que emerge de su crisálida tras haber sido toda la vida una oruga. Siento que comienzo a estar completa. Las cosas son como deberían ser: un cuerpo perfecto par una vida perfecta. Mas que un tratamiento es una forma de vida. Aquí he hallado la paz. No hay sombras, no hay dudas. Estoy andando el camino de la perfección terrenal. De hecho, hermano, te recomiendo que comiences tú mismo el programa. No se si estará enteramente a tu alcance, y menos para toda tu familia, pero deberías hacer un esfuerzo. Si no con el programa completo, al menos con alguno de los programas intermedios. Imagina la tranquilidad de saber que tú, Rosa y los niños siempre vais a gozar de salud. Cualquier problema será detectado y corregido antes de que pueda causar daños.

Que está diciendo Gela, se pregunta David. No parecen sus palabras. Tal vez esta clínica es como una secta y es cierto todo eso de que la gente cambia dentro -Ya, Gela. No sé… Tal vez esté bien para ti, pero creo que no es una opción para mí, para nosotros. De hecho, me gustaría que te tomases un descanso. Ven a casa y pasa un tiempo con Rosa y los niños. Tal vez veas las cosas de otro modo.

-No voy a interrumpir el programa cuando estoy tan cerca de terminarlo. Tal vez después vaya a visitaros. Además, no creo que cambiase. Para mi cambiar es volver a un pasado imperfecto. Tal vez no lo entiendas, pero es lo que yo quiero.

-Tal vez pueda venir Rosa a visitarte para hablar de vuestras cosas.

-Es desaconsejable recibir visitas antes de acabar el programa. Contigo han hecho una excepción. Para que te quedes tranquilo. Como ves no tienes de que preocuparte. Estoy perfectamente aquí.

-Ya bueno, volveré otro día.

-Es mejor que no. Yo te visitaré a ti cuando termine el tratamiento. Como te he dicho, estoy a punto de finalizarlo. Tal vez así logre convencerte yo a ti.

-Ya, bueno. No creo. Pero espero pronto tu visita, entonces.- Dice David con escepticismo y preocupación. Tal vez si pronto puede salir, vuelva a ser ella misma.

-Si, en cuanto el proceso haya finalizado.- Ni loca “hermanito”, piensa Gabriela, ya puedes morir esperando. No me acercaré a alguien tan imperfecto y que además se empeña en no reconocer la perfección, en no desearla, cuando está al alcance de su mano. Loco, negligente… o tal vez es por el dinero. ¿Quién puedo ponerle precio a la salud? Pero si no tienes dinero, entonces atacas al programa. Eso es envidia, porque saben que no son perfectos. Da igual. Gabriela pronto será totalmente perfecta y no tiene por qué rodearse de imperfección. Cómo frunce el ceño. Lleno de arrugas. Que falto de forma. Y esos quilos en la cintura. Seguro que  los problemas de corazón pronto le atacarán. O hígado tal vez, hay antecedentes en la familia… Piensa Gabriela mientras una sonrisa arrebatadora y cristalina enmascara su rostro.

– Adios Gela

– Adios hermano- Se se despide del hombre, ahora ya sin acercase el uno al otro- Y por favor, llámame Gabriela, Gela es un poco infantil y ridículo.- Gira y sale de la habitación mientras su hermano queda impactado por estas últimas palabras, los ojos como platos. –Que ordinario. Y tu estúpida deja de gritar ahí dentro. Te he hecho un favor. Quien quiere vivir rodeada de tanta imperfección, de tanta fealdad, de tanta ineptitud… Eres perfecta gracias a mí. Y si gritas mucho tomaré tantas pastillas, pequeña cosa, que no podrás disfrutar de este cuerpo perfecto el tiempo que te queda.

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