Mar

Con horror descubrí que estaba muerta.

Encerrada en mi propio cuerpo,

arrojada al mar, ciega, sorda y muda,

iba a la deriva como un trozo de madera tras el naufragio.

Sentía el frío de las corrientes en la piel,

el pelo enredado en las olas

y los granos de arena arañaban mis ojos vacíos.

Estaba muerta e iba a la deriva sin remedio.

Supe entonces que el mar que era mi tumba

lo formaban todas las palabras que tenía dentro

y que nunca había dejado salir

y en él me había ahogado.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Eliseo dice:

    Y quedé varada en el fondo donde las corrientes marinas comenzaron su tarea de cubrir mis ropajes con la tierra del fondo.

    No sé cuándo empezó. Al principio como un murmullo, luego cada vez más fuerte. Eran sólo tres palabras en la lengua olvidada de las sirenas, una lengua que había olvidado hacía tanto tiempo… ¡¡Ah!! si tan sólo pudiera saber qué dicen… “bruj las sig”, “sig las burj”, “las sig burjbu”…

    Cuando una cola de sirena barrió un poco el fondo para que pudiera ver a través de mis ojos muertos, lo comprendí: “Sigue las burbujas”, “Sigue las burbujas”. ¿Era una orden? ¿era un consejo? o ¿era una experanza? En cualquier caso, nadie que oiga una sirena puede evitar escucharlas, nadie puede dejar de someterse a su poder, así que pesarosamente, casi sin ganas dejé salir el último suspiro de los pulmones y me dispuse a seguir aquellas burbujas esperando que al término del viaje encontrara un sol amable y dulce.

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