Imagina un pez.

Imagina un pez en las profundidades abisales del océano. Este pez jamás ha recibido la luz del sol. Al no recibir nunca luz, desarrolla unas pequeñas células que emiten luz propia. También emiten calor. Son como pequeños soles en miniatura. Alrededor de estos soles en miniatura comienzan a girar planetas.

De entre los miles de peces de la misma especie, con sus pequeños universos  contenidos en sus pieles, justamente en nuestro pez aparece un planeta habitable. Se da la vida. La vida evoluciona y surge la humanidad-pez. Qué más da como sean. Piensan, son conscientes de si mismos: su existencia, su mortalidad, su misticismo, su insignificancia…

Uno de esos pequeños seres llora, ríe, canta, baila y crea dioses. A veces se abruma ante su propia insignificancia, ante lo breve de su existencia, lo breve de la existencia de toda su raza, apenas unos instantes antes de que desaparezca su mundo, y luego el pez y luego el mismo océano que contiene el pez… Aunque el ser ni si quiera imagina al pez. Otras veces cree que es imortal. Se engaña para soportar la existencia, la injusticia, las reglas crueles e inevitables de la naturaleza. Se pregunta si está solo o si hay otros mundos en su universo, si hay otros universos, si hay un dios y un más allá.

Ese ser infinitesimal, en ese minúsculo mundo, alrededor de esa célula luminosa, en ese universo, en la piel del pez hila hermosas palabra: las más hermosas que jamás han existido.

¿A quién le importa sino al que está sentado junto a él?

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. g. dice:

    guau, otro post! me gustan estos post q yo llamo “fijate que somos asi de chiquitos”.
    abrazo

  2. MX dice:

    Y un día Fanou volvió… y brilló.
    Me encantó la suposición, me encantó el texto en sí. En lo bello de las imágenes reside justamente lo trágico de esa realidad. Y la pregunta final es genial, nada importa de todo aquello…

  3. Eliseo dice:

    Tengo miedo de que los peces no estén en un vasto océano, sino en un acuario que un niño perezoso deje descuidado mientras el agua se pudre poco a poco. Imagino a los peces comiéndose unos a otros por ser incapaces de ponerse en la piel del otro. O pienso en una enorme red de arrastre que arrasa con todos los peces y con el fondo marino.
    No, en definitiva, no me gustan los peces, pero me encantan los regresos (aunque no soporte las ausencias)
    Un Abrazo (sí con mayúsculas)

  4. netsnooper dice:

    Bonito texto que nos describe perfectamente.

    Tenemos las mismas dudas y miserias que esos seres del fondo, pero como ellos siempre tendremos alguna religión o supersticion a mano para creernos menos insignificantes.

  5. mobtomas dice:

    Buenísimo. Un gran ejercicio de imaginación que a la vez retrata a la humanidad. Muy bueno. Saludos.

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