Perfección (cuatro)

Invierno, tras la segunda operación.

Gela despierta especialmente lúcida. Sabe que aún debe esperar otro día sin moverse. Pero siente tanta impaciencia que intenta bajar la vista e intuir el cuerpo bajo la sábana. Como respuesta al movimiento la máquina a la que está enchufada emite un zumbido. Gela siente el sedante corriendo por sus venas. El sopor la inunda. El día transcurre entre vapores anestésicos.

Cuando la anestesia se disipa la enferma revolotea a su alrededor. Es otra diferente. Hay tantas que es incapaz de recordar el nombre de ninguna. Le inyecta la primera solución por la vía, de color azul, luego la segunda de color naranja brillante y la anima a levantarse. Se levanta prudentemente, pero sabe que no habrá dolor. Se desentumece rápidamente, sin pasos de ballet. La enfermera le prepara la dosis de medicamentos, espera a que se los tome, sonríe mecánicamente mientras repite las frases: Tómeselo con calma, Le recomiendo poner al día a su grupo, Ya sabe que dispone de ropa en el vestidor. Gela sonríe automáticamente con una sonrisa que debería verse falsa y forzada, sin embargo parece encantadora, dulce y sincera. La enfermera no se deja deslumbrar en absoluto. Le recomiendo el vestido verde. Dice con amabilidad y tono confidente junto a la puerta de salida. Luego se retira.

Gela avanza rápido hacia el vestidor, mientras se deshace del camisón. Se mira completamente desnuda y queda maravillada por lo que ve. La mujer del espejo es cada vez más hermosa. Si la mira muy detenidamente Gela puede reconocer algunos rasgos suyos, cierto aire de las fotos de infancia. Su cara es perfectamente simétrica, todos los rasgos negativos o indeseables han desaparecido y se han acentuado los deseables. Es ella pero no es ella. Es la mejor y más perfecta versión de Gela. Cuando mueve un brazo, la mujer del espejo mueve obedientemente el mismo brazo, pero con una gracia y elegancia exquisitas. Se siente como si poseyese a la mujer del espejo. Mueve las caderas, como si bailase al ritmo de una música imaginaria y el reflejo del espejo se balancea sensualmente. Mueve los brazos y el cuerpo reflejado alza elegantemente unos brazos perfectamente torneados y unas manos finas dibujan elegantes filigranas en el aire. Los hombros y los pechos acompañan el movimiento, el largo cuello incita a besar. Arrebatadora, irresistible. Gela se ríe alzando la barbilla y soltando carcajadas. El reflejo alza la cabeza, la ladea graciosamente, la sonrisa perfecta entreabre los dientes y ríe con un suave movimiento que apenas inquieta el pecho de una forma deliciosa. Una risa cristalina se escucha en la habitación.

Una idea maliciosa cruza la cabeza de Gela. En otros tiempos una mueca habría ensombrecido sus rasgos, sin embargo el espejo le devuelve ahora una sonrisa incitante. Gela comienza a gesticular de forma desagradable. Primero intenta poner cara de asco pero en reflejo adopta un ingenuo un gesto preocupación. Luego intenta poner cara de odio, sin embargo el reflejo muestra un ligero desinterés. Al fin prueba con su peor pose, una cara feroz: la que ponía cuando sonreía mientras destilaba asco, odio y rabia. Aquella que dedicó tanto a su ex-marido y regaló con placer a sus rivales. Es un rictus aterrador, lo sabe por la reacción que causa. El reflejo sonríe incitante de nuevo, mientras los ojos brillan, casi emiten chispas, y una inmensa profundidad parece tirar detrás de ese rostro  perfecto, enigmático y sugerente, sin una sola arruga. Gela está fascinada, casi tentada de alzar la mano para tocar la cara en el espejo.
De pronto el reflejo le guiña un ojo.

Gela siente una punzada de pánico ¿Ha guiñado ella un ojo? Sin embargo no ve pánico en el espejo, sino unos ojos grandes y despiertos, inquietos, como los de una niña que quiere mirar tras la puerta pero no se atreve. Le da la espalda al espejo. Ligeramente asustada, se adentra en el vestidor, encuentra el vestido verde: largo, muy ajustado y con unos cortes asimétricos muy sugerentes. Se viste sin ceremonias. Pasa rápidamente frente a los espejos. Casi furtivamente mira el reflejo, pero sin atreverse a alzar la vista hasta la cara. El reflejo pasa obediente, ahora cubierto con un vestido verde. No camina de forma nerviosa o torpe, tal y como ella se siente.

Cuando se reúne con sus compañeros de grupo no se siente animada para hablar. Ha esperado tanto este momento… Sin embargo ahora siente incomodidad, incluso cierta sensación de pánico. Todos sus compañeros la felicitan por el cambio, por la evidente mejora. Gela evita entrar en la rueda de declaraciones, el punto más animado de la reunión. Se escurre hacia las mesas de aperitivos, mezclándose con los novatos reacios e indecisos. Mordisquea minúsculos canapés vitamínicos con un aspecto tan extraño que no parecen comida y con un sabor que no logra identificar con ningún alimento concreto. Varios compañeros del grupo giran el rostro y la buscan con la mirada alternativamente. Esperan que hable de su cambio, que diga lo que siente, que diga lo bien que se siente. Que alabe el programa y anime a los novatos. Pero no se siente bien.

En un momento dado se le acerca Delia. Es una de las veteranas. Es tan hermosa, sus movimientos tan fluidos y su voz tan dulce que resulta imposible ignorar que está ahí. Vestida con esas ropas blancas parece un ángel. Toda ella resulta hipnótica, incitante, perfecta. Gela siente admiración a la vez que una punzada de celos.

-Gela, veo que no entras en la rueda de declaraciones.

-Si… bueno. Ahora iré. – Balbucea. O balbucearía si pudiese. Su voz traduce leves pausas melancólicas.

-Dudas, ¿verdad?

Gela alza la vista hacia Delia, que le responde con una mirada de maternal comprensión.

-Es normal en la segunda fase. La llamamos la fase de las dudas. No te reconoces en el espejo. Es por eso. Simplemente debes asumir que eres así. Debes cambiar la imagen mental que tienes de ti misma hacia una tan radicalmente mejor que a veces es difícil. Pero en realidad es muy sencillo.

-¿De verdad?

Delia ríe mientras le indica que se acerque al grupo, apenas rozándole el brazo. Gela se deja convencer. Quiere que la convenzan. Quiere ser como Delia. Para eso está aquí. Camina hasta el grupo escoltada por la mujer de blanco. Resistirse a sus demandas se le antoja inútil. Cuando llega al ordenado redondel todos le dan la bienvenida de nuevo. Un mar de rostros terribles en su hermosura la miran. A Gela le cuesta horrores hablar. Es incapaz de imaginarse como la mujer del espejo. Delia a su lado es la única que no la mira a ella. Sigue la mirada para ver qué es lo que llama su atención. En un lado se agrupan todos los nooper que han sido invitados al grupo en aquella ocasión. La miran, pero no como los demás: la miran con embeleso, admiración, envidia, deseo… Eso la ayuda a sentirse más segura.
Delia comienza por ella:

-Gela acaba de pasar su segunda operación. Hace tres días que ha sido intervenida. Cómo podéis ver se siente fenomenal.

Instintivamente Gela alza una mano y saluda. Ve la mano saludando con elegancia y escucha la voz diciendo hola con alegría. Su voz, tan extraña…

-Podéis ver el resultado intermedio: nada de pesados post-operatorios, nada de hichazón ni cicatrices, nada de dolor, nada de trabajos a medio concluir que nos obliguen a escondernos mientras dura el proceso…

Mientras escucha estas palabras y antes de darse cuenta, Gela se ha adelantado un paso y da unas vueltas de exhibición, como si fuese una modelo.

-Por su puesto que se sienten algunas dudas antes y durante el proceso. ¿Es todo esto realmente necesario?, nos lo preguntamos todos. Luego cuando el proceso comienza nos sentimos realmente bien, cada vez mejor y comprendemos que sí era necesario. Es un cambio tan radical que incluso debemos aprender a reconocernos en el espejo, asimilar que nuestro aspecto ahora es diferente: mucho mejor. No hay nada negativo en el proceso, está perfeccionado al máximo. Al finalizar se siente paz, energía y bienestar. Listos para vivir jóvenes y sanos todo el tiempo. Es tan maravilloso que es difícil de explicar. Es mejor verlo con tus propios ojos. O mejor aún, experimentarlo- Delia hace una pausa dramática, luego se gira hacia Gela-. Gela, ¿qué puedes decirnos de tu segunda operación?¿Qué tal te sientes?

-Estupendamente. No he sentido dolor en ningún momento. En cuanto uno despierta se siente enseguida en forma. Las cicatrices ni se ven ni se sienten -Comienza a decir, para no decepcionar a toda la gente que espera sus palabras-. Pero lo mejor es lo que uno siente a nivel emocional: me siento como una mariposa que emerge poco a poco de una crisálida tras haber sido toda la vida una oruga. Siento que comienzo a estar completa, que voy en la dirección correcta. Al fin las cosas son como deberían ser: un cuerpo perfecto para una vida perfecta. -¿de dónde está saliendo todo eso? Ha escuchado cosas similares anteriormente, a los doctores, a otros pacientes, pero esas no son sus palabras. Ni si quiera quería decir eso. Quiere hablar de lo que ha visto en el espejo, pero cuando vuelve a hablar lo que dice es bien diferente: – Más que un tratamiento, es una forma de vida. Estoy andando el camino de la perfección terrenal. No hay sombras, no hay dudas: recomiendo a cualquiera entrar en el programa. – Exclama entusiasmada. Sólo que no es eso lo que piensa.

Cuando la reunión termina se encamina hacia el despacho del doctor. Quiere discutir con él algunos asuntos: las dudas, la impresión de no ser ella, toda esa euforia que no se corresponde exactamente con lo que piensa… Pide a la secretaria una cita. La muchacha le advierte que el doctor no está y que tardará un poco en llegar. La invita, como la primera vez, a esperar dentro del despacho. Las mismas paredes espejadas la esperan allí dentro. Sabe que no es perfecta, aún, pero está en el camino. Desde luego los reflejos son ahora mucho más bellos. Queda fascinada con lo que ve, no puede apartar la vista mientras camina de un lado a otro, con pasos elegantes y movimientos estudiados, mirándose desde todos los ángulos posibles. Pero aquellos reflejos son tan perfectos, tan contenidos, no está segura de sean su propio reflejo. Cuando pasa de un panel a otro, cuando gira la vista en busca de otro ángulo, le parece percibir que los reflejos se rebelan. Siempre por el rabillo del ojo, como si estuviese a punto de pillar en un descuido a esa mujer del espejo que no es ella.

Cuando el doctor entra, está en medio de la habitación, girando la cabeza hacia un lado y hacia otro frenéticamente, tratando de encontrar un fallo, un error de coordinación que desvele el engaño. El doctor la ve y comprende enseguida. Siempre las mismas estúpidas excentricidades en los pacientes débiles.

-Hola Gela. Que grata sorpresa. Te ves estupenda. Me han avisado de que querías verme. Dime de que se trata, preciosa.

-Yo… quería darle las gracias personalmente, doctor. – No, no quiere decir eso ¿Qué está pasando? Siente desconcierto y de nuevo la punzada de pánico ¿Quién está hablando por ella? ¿La mujer del reflejo? Busca instintivamente, nerviosa el reflejo de la mujer, que muestra serenidad y una perfecta sonrisa.

-Oh, gracias Gela -la sonrisa del doctor debería ser perversa si se mostrase como lo que realmente es-. Dejo que me des las gracias porque sé que el tratamiento que damos el mejor y lo hacemos con gran dedicación. Sin embargo no debes estar agradecida más que a ti misma. Tú viniste a nosotros, accediste e hiciste posible que una maravillosa y perfecta Gela esté a punto de emerger. Vas a ser tan perfecta, tan sana y feliz.

-Me siento tan y tan bien, tan agradecida al programa… -¡No, no, no! No es eso lo que tenía que decir, y las dudas, y la euforia injustificada, y la mujer que guiña en el espejo cuando ella no ha movido un músculo. Quiere gritar.

Pero lo que sucede es que ambos, doctor y paciente, se sonríen con gran dulzura y la amabilidad de las hienas, mientras el doctor la invita a salir. Mentalmente el doctor piensa en doblar la dosis de ciertas drogas y aumentar el tiempo de exposición a los mantras durante la operación y el post operatorio.

Gela sigue pensando que si gira la cabeza rápidamente, pillará a su reflejo descuidado.

16 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Poio dice:

    Guau! Me está dando miedito. A ver si apresuramos la 5ta parte😛

    sevemos

    1. fanou dice:

      Me ha costado, pero te aseguré que no iba a dejarlo a medias.
      Me alegra que te esté gustando… o asustando.

  2. annefatosme dice:

    No he leído los anteriores capítulos, cosa que haré cuando tenga tiempo. Esta entrada me parece estupenda y no tan futurista. Has conseguido inocular miedo en las venas del lector, como el doctor inocula la droga en las venas de su paciente que empieza a tener más que recelos.
    Un abrazo,

    1. fanou dice:

      Gracias Anne, espero que la lectura de los anteriores capítulos no desdibujen la sensación tan positiva que te ha dejado esta cuarta entrega.

  3. g. dice:

    uy que miedo. valio la pena la espera, yolanda! me encanta esta historia, es el genero que mas disfruto cuando esta bien escrita como en este caso.
    un abrazo,

    1. fanou dice:

      Muchas gracias g. Me está tomando mi tiempo elaborar la historia porque estoy especialmente preocupada por el cómo. No sé si lo estoy logrando del todo. Es siempre alentador contar con palabras de ánimo.

  4. Poio dice:

    Por cierto, no me pareció para nada que bajara de ritmo. Al contrario, me atrapó más ahora. Estás creando un clima tenso que se pude casi tocar, te digo.

    sevemos

  5. jsk dice:

    me encanta..simplemente fascinante..la manera en que desarrolla la historia y los detalles son tan precisos como si estuviera viendo una película.. seguiré pendiente de la trama.

  6. fanou dice:

    Gracias jsk, por la visita y el comentario. Espero no tardar tanto esta vez en continuar…

  7. Eliseo dice:

    yo, que tengo como aficción “cazador de historias”, encuentro esta magnífica. Y sí, Yolanda, no tardes tanto en escribir que nos preocupamos un poco todos

  8. Xmna dice:

    Hace muchísimo que no leía tu blog. Tus cuentos han cambiado, pero tu estilo no podría ser menos efímero. Saludos Fanou.

  9. eduard dice:

    Como siempre, tus historias me dejan cierta perturbación. Creces con ellas, crecen contigo, crecemos juntos, historias y nosotros.
    Estoy atrapado en una historia clínica familiar, sé que sabes de lo que hablo, por ello te pido disculpas si te abandoné unas pocas entradas.

    Un abrazo y ánimos.
    Edu

  10. fche626 dice:

    Espero que no te tardés mucho con la próxima entrega, aunque ya veo que la presión social es fuerte. No podría esperar más por la continuación. Un abrazo.

  11. Poio dice:

    Toc toc, Penny. Toc toc, Penny. Toc toc, Penny.

  12. jsk dice:

    nada de Gela aun.. D:

  13. profano dice:

    Hola,cordial saludo. al leer me puso a pacear de inconsiente a consiente. la lucha con los factores que la sociedad donde se vive, se comparte. imponen una actitud frente a la misma que muchas veces uno NO sale bien sicoligicamente “librado”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s