Conhall (parte dos)

Conhall continua con el relato, mientras Arturo escucha. Está concentrado en encontrar errores, discordancias en la historia que le cuenta el rubio. También en analizar si el hombre da muestras evidentes de ser un mentiroso patológico, o bien es coherente en su delirio.

– Me asignaron un maestro druida, mi buen Gukai, de la tribu de Verkeng. Una tribu del oeste, constructores de barcos y navegantes. Él me enseñó todo lo que un druida debe saber: como entrenar el cuerpo y la mente, como herir al rival, cómo curar heridas, como infligir o paliar el dolor, como afrontar la batalla, pero sobre todo como luchar, con fuerza, con honor y para ganar. Todo esto formaba parte del entrenamiento normal de un Druida. También me enseñó otras cosas, propias de su tribu, que no se enseñaban normalmente:  a leer las estrellas, sus nombres, su significado y orientarme según ellas; a leer el cielo para saber si viene viento, tormenta o calma; y algunos trucos de pesca. A cambio yo le enseñé algo sobre caza mayor y sobre metales: distinguirlos, reconocer aleaciones, purezas y falsificaciones.

>>Durante tres años recibí adiestramiento físico y participé en rituales, más como conejillo de indias que otra cosa. De los muchos que comenzaron conmigo al final quedábamos muy pocos. Al tercer año Gukai consideró que estaba listo y me propuso para el ritual de… ¿cómo decirlo?… promoción, ascenso… a maestro de primer grado.

>>El ritual era siempre en otoño, cuando este mundo y el del más allá estaban más próximos. Cuando el dominio del sol es más débil y la noche y los muertos son más poderosos. La frontera entre ambos mundos se difumina y los espíritus pueden pasar a este lado y los vivos al otro. Duraba tres noches con sus dos breves días por en medio, en los que ayunábamos. Durante la primera noche consumíamos diversos brebajes, bailábamos una danza ritual ante todos y antes del amanecer caminábamos varios kilómetros para quedar confinados en soledad, en una choza en medio del bosque, lejos Chahirtidhalla.

– ¿Chahirtidhalla?

– Chahirtidhalla Tuireadh era la ciudad-fortaleza de los sacerdotes. Mi segunda casa.

– ¿Sabes dónde está eso?¿No has sentido la necesidad de ir?

Los ojos de Conhall se vuelven oscuros y profundos como pozos al contestar.

– Claro que busqué los vestigios de mi pasado. Al principio me costó mucho encontrar el lugar. Ya no hay bosques dónde antes los había y otros han surgido nuevos, no están los antiguos caminos, ni los pueblos, ni una sola señal. Todo lo que creía inmutable ha cambiado: las montañas, la línea de la costa, el curso de los ríos. Entonces no teníamos mapas como los de hoy para consultar. Para nosotros el mundo mismo era infinito y no tenía ningún sentido saber en que parte estábamos exactamente. Simplemente estábamos allí. Cuando comencé a buscar ni si quiera sabía por qué país comenzar. ¿Crees que fue fácil? Fue un duro trabajo de investigación encontrar el que creo que es el sitio, el que era mi hogar. Estoy bastante seguro… Pero allí no hay nada.

Arturo quiere replicar, preguntar si no es posíble que sea otro lugar, si no quedará algo oculto bajo tierra. Pero antes de que pueda articular el torrente de preguntas de forma ordenada Conhall ataja.

– ¿Quieres que empiece mi historia por el final? ¿Estas interesado en lo que pueda contarte o en encotrar oro celta? ¿O tal vez quieres demostrar que miento? Si es esto último, podemos acabar la conversación aquí mismo, ya te lo puedo decir ahora: no hay prueba alguna que sustente lo que digo, sólo tienes mi palabra.

Arturo intuye el enfado de Conhall, sabe que en cualquier momento puede levantarse y dar la conversación por terminada. Debe tener cuidado con su euforia, con las preguntas, o no escuchará todo. Conhall es muy susceptible.

– Perdona. Claro que estoy interesado en tu historia. Por favor, continua.

Conhall se bebe la cerveza de un trago largo y tras un sonoro eructo reemprende su relato. Arturo hace gestos para que sirvan más cerveza. Un hombre contento es un hombre hablador.

– Se suponía que pasábamos el día meditando. Aunque tras una noche de alcohol, drogas y rock and roll, ya me entiendes, lo que sucedía es que pasábamos el día durmiendo. Cuando anochecía salíamos de la choza y volvíamos a la ciudad. Sólo podíamos salir cuando caía el sol, durante el día debíamos estar fuera del alcance de la luz del sol. A todos los que seguían este ritual se les llamaba “los que caminan de noche”. Caminar de noche era una metáfora de la muerte. Terminar el ritual y volver a la luz del sol simbolizaba el renacimiento. Un maestro era aquel que “ha caminado de noche y ha vuelto”.

>>La cuestión es que volvíamos a Chahirtidhalla y pasábamos una segunda noche tomando brebajes y bailando. Para entonces ya comenzábamos a tener alucinaciones, que era lo que se pretendía. Antes del amanecer nos enviaban de nuevo a la choza. Muchos se perdían por el camino y desaparecían. Se decía que habían traspasado la línea entre los mundos y se habían perdido. Algunos volvían tiempo después, otros no volvían nunca. Lo que sucedía en eso casos es que se perdían por el bosque, desorientados por las drogas, y acababan devorados por los bestias, asaltados o simplemente daban vueltas perdidos hasta que lograban volver. Algunos aprovechaban para abandonar la formación, aunque era muy deshonroso. Los que lográbamos llegar a la cabaña pasábamos otro día “meditando” y al anochecer volvíamos por tercera vez caminando a Chahirtidhalla. Tomábamos un último brebaje y nos enviaban al bosque. Ese último bebedizo era verdaderamente fuerte. Debíamos entrar en el bosque, recibir una “revelación mística” y volver para contarlo antes del amanecer. Muy pocos lo lograban, la mayoría se perdían esa última noche. Los que se perdían deberían volver a realizar el ritual al año siguiente.

>>Los efectos de la droga ya se dejaban sentir cuando mi maestro, Gukai, se encargo de acompañarme hasta el borde del bosque y mientras me susurró un consejo. Me dijo: Aléjate no más de veinte pasos y átate a un sauce. Eso evitará que te pierdas en el bosque. Coge un trozo de su corteza y chúpala. Tengas o no tu revelación, permanece así hasta que los efectos del brebaje hayan disminuido y seas capaz de orientarte para volver. Y así fue como lo hice. Me alejé tambaleante y conté veinte pasos más o menos, hasta que vi un sauce, me até a él e hice saltar un trozo de su corteza que masqué toda la noche.

>>Tuve mi revelación muy pronto, en ella mi antepasado Kristakenhall, a quién yo identifiqué inmediatamente a pesar de que nunca lo había visto, llamaba a todos sus guerreros a unirse en la inminente guerra contra los Fomoré. Brillaba en la oscuridad y podía intuir dónde se hallaba por la fosforescencia que se percibía entre las ramas. Andaba acercándose y alejándose del árbol dónde yo estaba atado, sentado en el suelo ya sin fuerzas para moverme. “Por Danann” gritaba, ahora más lejos, ahora más cerca. En un momento dado paró delante de mí y dió muestras de reconocerme: “Tú lucharás contra el gigante”, me dijo, señalándome con un dedo enguantado. Luego siguió andando por el bosque. Fue un momento místico, una revelación trascendental. Me sentía como el escogido de una diosa, el heredero de un guerrero inmortal.

La voz de Conhall, grabe y acompasada, está sumiendo a Arturo en un hechizo. Deja de oír cualquier otra cosa que no sea la voz de su interlocutor. Es privado de la voluntad de interrumpir, a pesar de que tiene mil preguntas.

–  Cuando el brebaje dejó de tener efecto sobre mí lo suficiente como para levantarme aún era de noche, pero ya se intuía un cambio en la oscuridad, el leve resplandor en el horizonte que precede al alba. Regresé y conté mi revelación a los maestros. Yo estaba eufórico, pero observé que en sus caras seriedad, disgusto, incluso vi a algunos murmurar. Pensé que tal vez mi pequeño truco de atarme a un árbol había sido detectado enseguida por los maestros y lo consideraron un mal atajo. Quería hablar con Gukai, pero era necesario que lo hiciese a solas para no implicarlo. No fue posible.

>>Sólo tres regresamos antes del alba y completamos el ciclo. Fuimos ordenados maestros los tres. La celebración y la resaca del ritual duró todo el día. En ningún momento me encontré a solas, tampoco tuve fuerzas para nada. El siguiente día busqué a mi maestro para presentarle mis respetos, ahora como iguales y aclarar el asunto que ensombrecía mi alma. Pero me dijeron que había partido aquella misma mañana en una misión urgente.

>>En su ausencia continué con mi formación. En el aire se respiraba una atmósfera extraña, y debí haberme dado cuenta, pero estaba demasiado nervioso, demasiado excitado y asombrado como para percatarme. Todo era nuevo para mí, no sabía si aquella atmósfera extraña era parte de aquella nueva etapa de mi formación. Se me fueron revelando secretos ancestrales y finalmente todos los poderes fueron puestos a mi disposición. La enseñanza básica que había estado recibiendo, expresamente parcial, fue rápidamente completada con los conocimientos clave. Creí comprender el mundo entero. Profundicé  conocimientos de lo que hoy llamaríais botánica, química y medicina. También en estrategia y lucha, por supuesto. Se me rebeló el arte de la predicción mediante la observación determinados objetos o animales. También la formula para dominar a los animales aliados de Danann. Finalmente fui adiestrado en el arte de dominar voluntades más débiles.

>>En ese momento tenía una fe inquebrantable en la existencia de Danann, en su poder infinito, y también creía en la amenaza que suponían los Fomoré. Pensaba que estaba cumpliendo la voluntad de la diosa, aliado con las fuerzas del bien, luchando contra la oscuridad que trataba de engullir el mundo. Estaba convencido de que cuando entrase en batalla el espíritu de Kristakenhall cabalgaría a mi lado.

>>Recordé a mi familia y pensé lo orgullosos que estarían de mí. No dejaba de pensar en ellos y los añoraba. Pensé en hacer un viaje para visitarlos, pero demoraba mi partida con la esperanza de ver a Gunkai antes. Ardía en deseos de comunicarle mis progresos, pero sobre todo, necesitaba serenar mi espíritu despejando las dudas que me había suscitado su semblante sombrío la última vez que lo había visto.

>>Esperé durante más de siete meses a que volviese. Finalmente mi paciencia se agotó y me dispuse a partir. Cuando tomé la decisión, aquella misma noche Gunkai apareció en la puerta de mi habitación. Picaba con su bastón contra el marco y podía ver la luna a través de él. Enseguida supe que era una proyección, otro de los poderes de los maestros, uno que yo aún no dominaba. Me emocioné, porque eso significaba que el maestro estaba cerca, pues la proyección nunca se aleja demasiado de su propietario.

– Conhall, sé que tu intención es partir inmediatamente, pero espera tres días. En ese plazo llegaré a Chahirtidhalla.

>>La proyección era débil y tras comunicarme el mensaje se desvaneció. Tres días. Después de casi ocho meses de espera, tres días más no significaban nada. O eso creí. Fueron tres largos días. La impaciencia me empujó hasta el borde del camino desde donde esperaba impaciente la llegada del que fuera mi maestro. El tercer día pude verlo acercarse, tal como había dicho. Su pelo había encanecido mucho desde la última vez. También había adelgazado. Eso, sumado al cansancio del camino me hicieron percibirlo como un anciano frágil. El camino de vuelta, recorrido con toda seguridad a marcha forzada, había llevado sus fuerzas al límite. Cuando nuestras miradas al fin se encontraron, percibí en su rostro exactamente el mismo semblante sombrío que recordaba. Eso hundió mi ánimo de inmediato. No podía evitar pensar que le había ofendido de alguna manera.

– Conhall, convoca en la sala de concilios a todos los maestros ahora mismo.

(continuará…)

13 Comentarios Agrega el tuyo

  1. fanou dice:

    En realidad no está terminada lo que tenía que ser la segunda parte, pero se estaba volviendo tan monstruosamente larga que he liberado una parte, y ahora van a ser más partes. Más partes cortas igual a menos esperas y aburrimiento más corto.
    En fin, espero que no os perdáis por el camino.

  2. Poio dice:

    La verdad que no se hizo para nada largo. Me pasó como a Arturo, me sumí en un hechizo escuchando la vos grave y acompasada de Conhall.

    sevemos

  3. MX dice:

    Muy bueno Fanou, esta segunda (y fraccionada) entrega me ha parecido mucho mejor que la anterior, sin quitarle mérito, claro. Es muy atrapante y tiene un ritmo más parejo, acelerando las acciones. Y no te preocupes por la extensión de los textos, seguimos aquí leyendo!
    Buena suerte y más que suerte!

  4. annefatosme dice:

    Has creado una atmósfera muy fantasmagórica, llena de misterio, la lectura no se hace nada pesada sino todo lo contrario. Creo que has hecho bien cortando el relato donde lo has cortado, has creado suspense y todos estamo pendientes de lo que va a seguir contando Conhall. Dice MX que tu relato es atrapante y aqui me tienes atrapada entre tus redes, bruja celta!

  5. Concha Huerta dice:

    Otro relato que nos mantiene en suspense. Y de que manera. Me gusta mucho el ritmo que has escogido y el viaje a otras tierras y otros tiempos. Un saludo.

  6. chrieseli dice:

    Es tu tellos el suspenso. Siento que lo gozas, que lo manejas con calma y con cuidado.
    Espero ver lo que sigue a ver si estoy cerca.
    Un abrazo

  7. fanou dice:

    Gracias a todos, por leer tan puntualmente. Ya estoy quemando la siguiente parte.

    Poio: Gracias por leer. ¿Para cuando el relato que me debes?

    MX: Gracias. La verdad es que intento trabajar con el ritmo, pero veo mis deficiencias. Para lograrlo mejor debería escribir las historias, dejarlas reposar y volver a ellas cuando no estuviesen tan en mi mente. Así podría corregirlas mejor, porque vería lo que hay realmente escrito, y no la película en mi cabeza. Pero soy demasiado impaciente e impulsiva.

    Anne: Muchas gracias, viniendo de ti el comentario me anima, me alimenta. Lo de bruja no te lo discuto, je je je.

    Concha: Este tipo de relatos son también parte de mi: relatos de aventuras y suspense. Lo que sucede cuando mantienes el suspense es que el final tiene que estar a la altura, o la decepción agria el relato. Veremos.

    Chrieseli: No tengo muy claro si yo manejo las historias o las historias me manejan a mí. Tengo el convencimiento de que las historias existen, están ahí y yo simplemente soy una intermediaria que las plasma. A menudo me reprocho por ser una intermediaria mediocre y plasmar las historias deformadas con un filtro burdo.

    Muchas gracias a todos. Continuamos trabajando.

  8. Claudia Ibañez dice:

    Es maravilloso que puedas “ver una película en tu cabeza”, más allá del hecho de compartirlo, esa experiencia privada lo llena a uno de placer, no?. Y por ahora, la vas escribiendo de maravillas, dado que todos estamos al pendiente de esta historia y de ver qué sigue. Coincido con Anne en que lo cortaste en el momento justo. Saludos, y acá seguiremos estando para leer los próximos capítulos.

  9. eduard dice:

    -Para lograrlo mejor debería escribir las historias, dejarlas reposar y volver a ellas cuando no estuviesen tan en mi mente. Así podría corregirlas mejor, porque vería lo que hay realmente escrito, y no la película en mi cabeza. Pero soy demasiado impaciente e impulsiva.-
    Para escribir no hay otra. La pasión te inspira a crear buenos relatos, con la mente fría obtienes una perspectiva más objetiva y técnica.

    Un abrazo

  10. g. dice:

    esta quedando muy buena, yolanda, no sabes lo identificada que me siento con lo q te pasa, a mi me pasa exactamente igual, es como si me quemaran ahi guardadas y las tuviera que publicar, y a veces en el camino pierdo la posibilidad de mejorarlas.
    me gusta la historia de conhall, me gusta mucho el genero y se te da muy bien.
    salut,

  11. Poio dice:

    Comparo tus escritos actuales con los de hace dos años atrás (o tres) cuando empecé a leerte y más allá de notar que seguís tan buena (o mejor) que antes, me llena de orgullo ajeno ver tantos y tan buenos comentarios y no sólo los míos. Siempre te dije que eras mi favorita (y por eso este es el único blog que sigo leyendo) y ver que ahora tenés tantos seguidores me llena de alegría porque te los merecés.

    sevemos

    PD: Sí, ya sé que es muy obvio que lo digo para zafar del otro asunto (aunque no por eso sea mentira lo que digo), pero no hay caso, mi mente está tan en blanco como las hojas en las que trato de escribir algo. Vos decís que sos una intermediaria que sólo plasma historias pre existentes. Bue, yo sólo era un transmisor de historias que otros me contaban, y desde hace rato que no me cuentan, ya no una buena historia, si no ninguna historia. Cómo sea, ahora o para tu cumple 40, lo próximo que escriba va a ser para vos y sólo para vos.

    sevemos de nuevo

  12. fanou dice:

    Poio me has dejado sin palabras.
    Muchas gracias, por leerme, y por hacerlo por esos motivos. Es muy alagador y tengo la clara impresión de no estar a la altura, cierta sensación de impostura.

    Me encanta tener seguidores a los que a la vez admiro como creadores. Seguidores que únicamente me conocen por mi blog, y que siguen leyendo y comentan “libremente”. Si comento en sus casas tan seguido es porque, lo confieso, no quiero que dejen de comentar, porque sus comentarios son mialiento. Son como joyas preciosas. Me da igual que se sientan en el compromiso de comentar sólo porque yo comento, pues soy egoísta y quiero sus comentarios, y quiero poder discutir sobre lo que escribimos. No busco miles de visitantes, pero los que aprecio los quiero guardar como tesoros. Aprecio uno a uno y recuerdo los que he perdido.
    Bueno, menos los de los post de los hombres-lobo…

    Sobre lo de tu historia, a partir de ahora no volveré a pedírtelo, muy a mi pesar.

  13. fanou dice:

    Claudia: si, es maravilloso, una experiencia fenomenal, un vicio del que no puedo prescindir, es como leer multiplicado por diez.
    Sobre el relato, veremos si la continuación y el final están a la altura: ya me diréis.

    eduard: lo sé, pero los buenos buenos de verdad pueden compatibilizar ambas: pasión y raciocinio. Al menos eso es lo que creo.

    g. Incluso a veces tengo cierta sensación de apropiación: como si todas las historias fuesen libres y flotasen en el aire y los escritores fuésemos pescadores que tiran la red para capturarlas y volverlas prisioneras de las letras, unas con mayor fortuna que otras.

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