El Salvaje

Estoy encerrado en la cárcel por un crimen mayor, un crimen con mayúsculas: asesinato. No voy a salir, legalmente, en mucho tiempo. Intuyo que mi final se acerca, y sé que sucederá aquí dentro. Las cosas van mal y eso me empuja a contar mi historia, para que alguien la conozca y pueda juzgar mi maldad.

Despierto con esa sensación extraña que inmediatamente se traduce en alarma. Como si en vez de despertar de un sueño, retomase la consciencia y el control de mi cuerpo, perdido en favor de otro. Yo vuelvo y el otro se retira y en el ínterin en el que ambos se cruzan en mi cabeza, el otro, el Salvaje,  me dice:

– He sido libre y feliz esta noche, ¿qué puedes decir tú?

Lo primero que siento de mi cuerpo es la barriga terriblemente hinchada, hasta tal punto que me duele. Maldigo. El Salvaje ya no habla con palabras, apenas queda un hilo de su conciencia. Sin embargo sé enseguida que estoy en problemas

– ¿Qué diablos he comido? -Pregunto dentro de mi cabeza con un grito tan fuerte que sale por mi boca como un lloriqueo.

– Eso, diablos. – Me contesto a mi mismo con sorna.

Me miro las manos y están llenas de sangre, el hocico también. Me lavo, no pueden verme así. Me lavo bien, aunque sé que el agua no lava la sangre. Me visto. El dolor de barriga es insoportable. No voy a resistir mucho antes de vomitar. Espeto al salvaje para que me ayude:

– Tu me has metido en este lío, ayúdame a salir.

Burla

– Vamos a pagar los dos por esto. Puede que te libres de mi encierro pero no te librarás de mi muerte.

El instinto vuelve como una oleada. Ignorando a los demás busco un lugar en el que cavar, vomitar los restos y taparlos para que nadie los vea. Doy unas vueltas nervioso, olisqueando el ambiente.

– ¿Cavar…?  – Me río. – Toda la maldita cárcel es de cemento. ¿Dónde voy a cavar? ¿Eh?. – Se enfurece. Le espeto.- Por dónde te escapas, dímelo para que pueda salir de este lío.

Negación.

– Bien, demos el numerito, ¿crees que los restos serán reconocibles a simple vista? ¿Habrá algún cráneo? ¿Una mano entera tal vez?

Un calambre de dolor me atraviesa y me doblega. Tengo que concentrarme en controlar las arcadas para no vomitar. No hay tiempo. Me enderezo y corro hacia las letrinas. Entro en una que está estropeada. Apesta. Vomito. Miro con ansia los restos. Huesos mayormente y entre ellos un pellejo peludo. Suspiro de alivio, jadeando a cuatro patas en el suelo asqueroso. Al menos no es una persona. Miro hacia el otro lado y veo otros restos  anteriores, consumidos y apergaminados por mis jugos gástricos. He hecho esto antes. ¿He hecho esto antes? No lo recuerdo. Me cuesta recordar. El tiempo ya no es una unidad inalterada y perceptible. Miro los restos. Son de una persona. Maldigo. El alivio fisiológico contrasta con la inquietud y la furia crecientes.

Son pequeños, repelados y resecos. Nadie reparará en ellos. Son apetecibles.

Unos restos pequeños… Unos restos pequeños… ¿De niño! Me horrorizo. La furia golpea las paredes de mi cráneo por dentro.  Lágrimas de tristeza e impotencia resbalan por mis mejillas. Cuando el ataque se disipa el Salvaje se ha retirado a su silencio.

Intento racionalizar. No ha entrado nadie en el baño. Mis compañeros me temen. También muchos guardias. Ven en mí cierta animalidad que les atemoriza. Aunque con los ojos y con la razón no sepan descubrir cuál es el problema, su instinto primario de supervivencia, tan presente y necesario en sitios como éste, les dice que no deben cabrearme. La mayoría me esquiva, evita mirarme a los ojos y no habla de mí. Saben que les veo, les oigo y les huelo. Lo hago todo el tiempo, como una tortura agónica a la que no puedo sustraerme.

Vuelvo a mi celda. Me rodean, siempre los mismos, enfermos de maldad y encierro. Los escucho, balbucear estúpidamente bravuconadas y mentiras durante el día, y suplicar y gritar por las noches. Los huelo, ese olor nauseabundo de muchos hombres encerrados en un lugar pequeño, olor acre de sangre, sudor, orín y mierda. Lucho contra la tortura de mis sentidos continuamente bombardeados, abotargados. Me producen dolor, me cabrean profundamente. Eso es peligroso en este lugar tan pequeño.

Mi otro yo, por el que estamos aquí los dos, sabe como salir pero, que ironía, cuando despierto siempre vuelvo a estar encerrado. A veces me pregunto si esa libertad no es una ilusión engañosa. Cuando despierta, de una forma u otra logra matar sus presas, mis presas, las que necesito para alimentar al Salvaje. El Salvaje no distingue, cuando mata humanos no mata iguales, mata presas. Presas fáciles, abundantes y alimenticias. Extinguir su vida no es mejor ni peor que extinguir la de otro animal. No existe en él la maldad de acabar con alguien, la venganza, el odio, ni ninguna otra intencionalidad perversa.

Escribo este diario para recobrar lo que hay en mí de humano, para mantener la cordura, para atemperar mis ansias y volver a ser yo.  Escribo para llevar un registro, porque recordar es cada vez más difícil, sólo existe el presente. Escribo a la espera de que descubran que no hubo una muerte, sino más, muchas más. Escribo para que alguien pueda juzgar mi maldad en su justa medida.

11 Comentarios Agrega el tuyo

  1. fanou dice:

    Estas Navidades quería escribir algo optimista y dulce, entrañable y sobre todo una historia que contuviese amor. Pero esta es la única historia que me ha estado rondando la cabeza. La comencé (el 23 de diciembre) porque me obsesionaba. La dejé, en pos de algo más… Navideño. No he podido escribir otra cosa que no fuese esto. La he reescrito por entero y ahora me libero de ella.
    Feliz Navidad.

  2. annefatosme dice:

    Fanou, efectivamente no es un tema muy navideño pero, por lo menos en mí, has conseguido algo muy difícil de hacer mediante la escritura: contagiarme el miedo, la angustia, el terror del protagonista…y eso tiene muchisimo mérito. Mi más sincera enhorabuena.

  3. chrieseli dice:

    Wow. Menuda obsesión. Concuerdo con Anne. Contagia angustia, terror,asquea y provoca piedad. Todo junto amalgamado,como la doble personalidad que adolece tu personaje. Muy bien logrado, valió la pena la espera.
    Nos leemos,
    Un abrazo

  4. g. dice:

    al fin! a mi me gustó, me dio pena ese ser que no puede controlar sus instintos. y me gusto como transmitís la animalidad de sus dos caras.
    salut,

  5. eduard dice:

    Tu si que eres grande Y.
    Ahora no sé a cual de vosotros dirigir mi comentario, un error bipolar podría ser nefasto y costarme la vida.

    Muy tuyo y muy bueno, de verás. Bien escrito, mejor relatado e impecable.. ¿final?

    Abrazo con ánimos incluidos.

    Miego Hiyo on-line

  6. fanou dice:

    Muchas gracias por la paciencia para esperar, y por leer puntualmente.
    Si he logrado contagiaros de sus sentimientos me doy por satisfecha.

    Anne no temas, es ficticio. O en todo caso está encerrado.
    Chrieseli que de asco y lástima es lo que pretendía. Lo que no quería dejar claro es que tipo de mal padece, aunque en este caso los elementos fantásticos han sido atenuados hasta pasar desapercibidos, están al menos en intencionalidad.
    g. cuidado con la pena, si se la concedes, quién sabe que puede hacer con ella.
    Eduard no soy yo, más que nada porque no me bastaría sólo con dos (personalidades, personajes, …)
    Aunque sea mi estilo, en realidad siempre intento que mis personajes sean independientes, muy alejados de mí. Cuando uno lee es un inocente que espera que le sorprendan. Cuando uno escribe intenta tener los ases en la manga.

    Vuestros ánimos son una valiosa recompensa.

  7. MX dice:

    Fantástico regreso Y.
    Para mí, es un gran relato navideño, felicidades! (o alguien podría negar el disfraz de fiesta que calzamos para estas fechas, reprimiendo al salvaje y defendiendo al normalito?)
    Saludos!

  8. fanou dice:

    Mirado así parece más navideño que el arbolito con luces…
    Gracias por la reinterpretación MX.

  9. locomer dice:

    aunque esta escrito desde un estado mental, me parece un relato muy físico(barriga hinchada, vomito, huesos, orines…), y es esa fisicidad, por decirlo de alguna manera, lo que sitúa al personaje, en palabras de nietzsche, más allá del bien y del mal, o al menos esa parte de su conciencia dividida que es el salvaje, y que no es sino naturaleza, ni buena ni mala, tan solo cruda, como la carne digerida. La civilización no sería sino ese intento de ocultar o minimizar al salvaje, y de ahí la necesidad de ser juzgado en términos morales, que es la única manera que tiene el personaje de liberarse del salvaje.

    me quedo con esta reflexión, que da para mucho pensar: “El Salvaje no distingue, cuando mata humanos no mata iguales, mata presas. Presas fáciles, abundantes y alimenticias. Extinguir su vida no es mejor ni peor que extinguir la de otro animal.”

    saludos y un placer leerte

  10. Poio dice:

    No había leído éste. Tiene unos pasajes realmente muy buenos. Me gustó mucho.

    sevemos

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