Arcano XII: Le Pendu.

Se despierta en una cama desconocida, en una casa desconocida, en una ciudad desconocida. Durante unos instantes se dedica a recordar dónde está. No siente extrañeza ni alienación, es más como un juego que ha perdido la gracia a base de repetirlo una y otra vez. Antes de dar con la respuesta, que parece estar justo ahí mismo, desiste. En cambio si que se extraña, incluso nota una punzada de miedo, cuando escucha ruido en la cocina. Mamá!, piensa, está haciendo de las suyas otra vez.

– ¡Deja de joder! – Grita enfadada desde la cama.

Al momento el ruido de la cocina cesa. Se levanta de un salto y sin vestirse va directa a la cocina. No hay nadie. Encuentra una ventana abierta y la cocina dispuesta como si alguien hubiese estado preparando huevos revueltos unos instantes atrás. Saca la cabeza por la ventana.

– ¿Crees que voy a comer ninguna mierda que prepares? Sé que me estas escuchando, deja de porcularme. – Grita malhumorada al aire.

Una vecina de sonrisa desdentada y arrugada la saluda moviendo una mano con la que sostiene un puro enorme.  El humo hace volutas alrededor del pelo gris. Va vestida con un chandal rosa y pintada exageradamente. La conoce de vista, siempre está en la calle. Dedica todo el día a pasear un caniche de aquí para allá y a jugar con un teléfono móvil, rosa también, que lleva colgado al cuello.  Lo de pasear el perro sospecha que es una tapadera. Está convencida de que es una puta que se paga el retiro como soplona para el camello de la zona. Al ser una vieja nadie la toma en serio y puede avisar si hay clientes, competencia, la poli, incluso vigilar quién ocupa las casas. Últimamente le ha saludado un par de veces. Sospecha que le cae bien a la vieja.

Definitivamente llevo demasiado tiempo en éste sitio.

Vuelve dentro y tira el contenido de la sartén a la basura. Se ducha, se viste rápidamente y se toma un café solo y sin azucar. Antes de salir de la casa abre la nevera y coge huevos que quedan y los estrella uno a uno en el cubo de la basura. Después tira un trozo de queso y un paquete de salchichas, así como medio paquete de pan de molde, que es toda la comida que hay en la casa. Coge un bolso enorme y sale.

Al caminar al aire libre se reencuentra con la ciudad y recuerda su nombre. Revisa sus llamadas, sus mensajes y sus mails en la blackberry, pero no hay nada. Ha puesto carteles en lugares estratégicos. Normalmente tiene buen ojo para elegir dónde dejar los anuncios. Pero esta vez el negocio no está funcionando. Apenas ha logrado ningún trabajo decente. Tiene que salir de la ciudad, pero aún dejando a deber el alquiler, necesita dinero para pagarse el billete. Siempre puede hacer autoestop. No sabe que es peor, si volver a la casa o hacer autoestop.

Pasa la mañana colgando carteles en zonas nuevas. Intuye que no va ha funcionar, ya ha estrujado todo lo que aquella ciudad puede darle. Es inútil insistir, piensa a medio día, mientras remueve un café frío que marea sin terminarlo para poder permanecer al abrigo de aquel viento frío y repentino. El invierno promete ser duro. Los inviernos siempre son duros. Tiene que conseguir un abrigo. Una de las chicas de uniforme da una nueva vuelta más. Mira descaradamente el contenido de la taza con la cabeza alta, los ojos entornados y gesto enojado. Hace el amago de ir a quitarle la taza de entre las manos, pero finalmente limpia la mesa a su alrededor.  Olivia no se inmuta y sonríe dulcemente a la camarera. Me voy de esta ciudad, piensa.

Sin querer la camarera la roza. No sabe cómo ni cuando, pero la ha tocado. Acto seguido es una niña triste que mira a su abuelo muerto en el ataúd. Su abuelito  se ha vuelto gris-amarillento y le da miedo mirarlo. Olivia ve al espíritu del abuelo atrapado. Sabe que la niña, la camarera del uniforme hortera, no puede verlo. El hombre no sabe, o no puede desprenderse totalmente del cuerpo. Tiene ese gesto de horror sobre humano que desfigura el alma.

– La caja, la caja – farfulla el anciano, mirándola directamente. Ellos siempre la ven, igual que ella los ve a ellos. Siempre le piden cosas.

El desasosiego va en aumento. El sonido de la blackberry interrumpe el trance. La camarera la mira desde la barra, altiva, ajena a todo lo que ha descargado sobre ella. Olivia ha aprendido a maldecir por dentro sonriendo por fuera. Encadena pensamientos furiosos que se estrellan contra su frente por dentro antes de caer desechos. Alza la blackberry y la interpone entre su sonrisa y la camarera. Una buena noticia, alguien se interesa por sus servicios.  Pero lo primero es lo primero. Alza la mano y pide otro café y un bocadillo. Primero comerá, luego responderá a la llamada. En horario de oficina, como un negocio serio.

-El café muy caliente, por favor.

Son las cuatro y ya está rondando el lugar al que tiene que ir. A quedado a las cinco, pero siempre tantea el terreno antes de un trabajo. Si  la “magia” no funciona, saldrá del paso con las pistas que recoja y la imaginación. Los que recurren a ella quieren una respuesta, venga en la forma que venga. A menudo  quedan mucho más agradecidos con una mentira a medida que con la realidad. Quieren ser engañados.

Es una casa en un barrio bueno. Más que una casa es una mansión. El dinero no será problema. Pero va a requerir un plus de astucia. Los ricos son más difíciles a la hora de soltar la pasta. No tiene que ser ambiciosa, un trabajo y nada más. La gente con dinero puede buscarle a una muchos problemas si no quedan satisfechos. Ojea el jardín: estilo clásico, nada fuera de lugar, servicio doméstico con uniforme y coche con chofer. Piensa que son una pareja mayor. Sin niños pequeños: o no los ha habido o ya se han ido. Imagina una mujer trofeo que no trabaja. Cuida el aspecto de la casa, del marido, de ella misma, incluso del servicio. Cuida las apariencias y preserva el estatus. A él lo ve como un “hombre de negocios”, sean del tipo que sean los negocios. Viaja mucho, es infiel, le gusta el lujo y los caprichos. Acostumbrados al orden, a que las cosas “sean como tienen que ser”,  a mandar y quedar por encima. Les molesta todo lo que pueda perturbar estilo de vida. Puntos débiles las infidelidades, los asuntos turbios y el dinero. Es una casa de doble moralidad: fachada limpia – interior turbio.

Se aleja en busca de un lugar para cambiarse. Revisa en el interior del enorme bolso sus disfraces. Tiene el vestido colorista, largo y hippie: nada apropiado para la ocasión. El vestido minimalista y sexy tampoco. Se pondrá un conjunto de blusa y falda que dice “hija buena” o también “joven que se conduce rectamente por la vida”. La cara lavada y el pelo recogido en una coleta. Da un toque de sombra a sus enormes ojos color avellana, para acentuar la mirada. Cuando sale, nadie reconoce a la chica que ha entrado instantes atras en el baño.

Llega puntual, entra discretamente y es conducida a una sala. Se fija en la decoración, es clásica, como esperaba. Busca fotografías, pero la sala está a oscuras. Se había imaginado una casa muy luminosa. Se acerca a un porta-retratos en el que intuye dos figuras. Pero la llaman antes de que pueda distinguir ninguna cara. La hacen pasar a un salón, oscuro también. Algunos muebles están tapados con sábanas. Hay cajas de embalaje a medio llenar en un rincón. Sentado en una silla huérfana hay un hombre joven, de unos treinta y tantos.

Sus intuiciones han fallado de pleno. Revalúa la situación. Tal vez el joven sea el hijo de los dueños de la casa ¿Una separación? No descarta la posibilidad de que haya ocurrido una desgracia, alguna muerte. Al fin y al cabo la muerte es su principal fuente de trabajo. Tal vez es el nuevo dueño. Tendrá que improvisar. El hombre la mira atentamente, directo a los ojos, sin decir nada. La han anunciado al entrar y ya ha saludado. No se le ocurre como romper el hielo. El vestido sexy le hubiese ido mucho mejor, lástima. El hombre sonríe, como si hubiese escuchado este último pensamiento, antes de romper el silencio con una voz suave.

–  Así que eres una especie de médium. Según tu anuncio, muy interesante aunque poco esclarecedor, ves y te comunicas con los muertos.

Eso no ha sonado nada bien ¿Es un escéptico que quiere demostrar que miente? ¿Divertirse a su costa? Si paga…

– ¿Qué sueles cobrar?

– Depende del trabajo. Normalmente me dicen de que se trata antes: hablar con un muerto, apaciguar algún espíritu, encontrar algo, indagar en el pasado de una persona, o de un lugar. Según el grado de dificultad así cobro.

– Dime una cifra, lo que sea más caro, el máximo que hayas cobrado nunca.

Olivia tiene los pelos de punta, todo el asunto le da mala espina. Se plantea renunciar, decir que no está interesada, que en la casa hay malas vibraciones que la repelen o que no ve nada. Despedirse amablemente como si fuesen dos amigos que se han estado tomando algo juntos y que ya no tienen nada más de lo que discutir. Pero necesita el dinero. Igualmente mañana estará fuera de la ciudad. Apuesta fuerte.

– He llegado a cobrar 600€ por una sola intervención. Ha habido casos en los que he tenido que intervenir varias veces. Pero lo normal es cobrar entre 100 y 150€ por una consulta normal.

Lo de los 600€ es para asustarlo un poco, si es un juego se desinflará. Es una verdad a medias. Es cierto que alguna vez ha cobrado más de 600€, cuando quien ponía el precio no era ella, sino su madre. Cuando era una niña y hacía aquello convencida de que era su deber. Cuando no mentía nunca al responder, fuese lo que fuese lo que le preguntaban. Ella de forma autónoma no ha cobrado nunca 600€. Ni si quiera la mitad. El hombre sonríe de nuevo.

– 600 eh? Te voy a ofrecer un trato. Yo te haré un par de preguntas y si me demuestras que realmente haces lo que dices, sin trucos, sin trampas, te daré 600€. Pero si me mientes no te daré nada ¿Te parece un trato justo?

– De a cuerdo – ¿y si hubiese pedido más? – Quizás lo que vea no es lo que esperas, quizás no te guste lo que te diga.

– No quiero un cuento, quiero una demostración.

A continuación se levanta de la silla y se acerca a una mesa. En ella hay varios objetos. Selecciona un cepillo para el pelo y se lo da. Con objetos siempre es más difícil que con personas. Espera estar de suerte. Toca el cepillo, sintiendo el tacto de las púas sobre su palma izquierda. Tras una espera corta pero tensa ve una mujer alta, rubia y delgada. Es la dueña de la casa. No sabe que está muerta. Su aspecto es muy parecido al que debió tener en vida. Esta enojada porque están tocando sus cosas, desordenándolas. No tiene fuerza para mover objetos y es incapaz de darse cuenta de que eso no es algo normal. Da órdenes a los criados que no la obedecen. Al ver a Olivia comienza a hablarle, la culpa del estado lamentable de la casa y le exige que lo arregle. Menciona a su marido con cierto rencor, fotos y una caja de seguridad. En su parloteo atraviesa un rayo de luz que entra por una ventana alta. Olivia ve sus heridas. Luego ve el accidente de coche. Va junto a su marido, él conduce. Los dos mueren. Sin embargo el hombre no está allí.

Deja el cepillo en la mesa. Aunque no la ve nítidamente, puede distinguir la forma irregular y translucida de la mujer moviéndose alrededor. Tal vez lo que quiere su interlocutor es la caja. Le describe a la mujer, al hombre y el accidente. Le menciona la caja de seguridad.

– Puedo preguntarle dónde está, cuál es la clave.

El hombre la mira atentamente.

– ¿Ella está aquí? ¿Dónde? ¿Y él?

Olivia responde con gestos. Durante un momento Olivia cree que él también sigue la silueta translucida con la mirada, cuando ella la señala.

– No me interesa la caja. Quería una demostración. Te has ganado tus 600. Ahora vamos a doblar la apuesta, si te parece. Te daré otros 1200 si  logras ver algo a partir de un objeto que te daré. Tienes que describirme lo que ves exactamente. Si no ves nada, te irás de aquí con tus 600 más otros 200 por las molestias. Si logras describirme algo subirás a 1800€. No está mal por un rato de trabajo. Pero no me mientas. Si me mientes lo sabré y no te pagaré nada.

– Veamos de qué se trata.

El hombre se acerca a un maletín plateado situado junto a la silla. Saca una llave del bolsillo y lo abre. En su interior hay un colgante y una cajita de metal. Ambos objetos tienen el aspecto de ser muy viejos. El hombre saca la caja metálica y la deposita en la mesa. Le hace un gesto a Olivia.

El tacto de la caja es frío. Se concentra mientras sigue con los dedos el labrado laborioso. La mujer translucida se acerca y parlotea más alto, molestándola. Cierra los ojos para concentrarse. Siente como las manos se le van quedando frías, incluso siente un escalofrío. Pero no ve nada. Desiste y deja la caja sobre la mesa de nuevo. Se toma unos segundos antes de encarar al hombre.

– Nada, no he visto nada.

La cara de decepción de él es la misma que ponía su madre cuando le preguntaba sobre su padre. Cuando Olivia era muy pequeña su padre murió. Al principio Olivia podía verlo. Siembre ha tenido ese tipo de visiones, desde que tiene uso de razón. No recuerda especialmente las visiones que tuvo sobre su padre, están difusas en su memoria. Eran visiones del pasado, su padre nunca fue un espíritu errante. Olivia sabía que eso estaba bien, era mejor que no fuese un fantasma. Pero su madre quería más, quería que no se hubiese ido, que estuviese a su lado y le hablase.

Hay un número limitado de visiones que se pueden rescatar de los objetos de una persona, y estas se van disipando. Cuando su madre se mostró interesada en el don de Olivia, esta pudo al fin explicarle lo que veía y ser tomada en serio. Pero su madre la culpaba de ver cualquier espíritu excepto el de su padre.

– Él no es un espíritu, está en paz. Eso es bueno. – Trató de convencerla una vez que su madre la hizo pasar horas tocando cosas de su padre. Su madre, nerviosamente cansada y decepcionada, le cruzó la cara.

– Sigue probando. Deja de pendonear. Pon el mismo empeño que pones en ver a los demás. Es tu padre, maldita sea.

Las lagrimas cayeron por la cara de Oliva. Trato de complacer a su madre entre sollozos e hipidos. Apenas recuerda a su padre, pero las escenas con su madre están grabadas a fuego. No sabe cuando exactamtente su madre dejó de verla como una hija y la veía simplemente como un instrumento, como un bicho raro.

– A veces no hay nada. Es mejor así. Significa que está en paz. -Dice, volviendo al presente.

El hombre no disimula su decepción, pero habla suave y amablemente.

– El recuerdo está muy desgastado. Pensé que tal vez otra persona podría ver algo. Un último esfuerzo, por favor, prueba con esto otro.

El hombre saca con reverencia el collar. Lo acaricia delicadamente, antes de depositarlo directamente en las manos de Olivia. Alguien como yo, piensa, también puede ver. Busca su ojos, quiere sentir la mirada de comprensión de alguien como ella. Pero él sólo mira el collar con impaciencia. Se concentra, observa la cadena dorada, el colgante en forma de estrella, la piedra verde azulada. Es un colgante hermoso. Está frío. De nuevo no ve nada. Anticipa la decepción del hombre. Siente el ritmo lento del tiempo como marcado por un tambor profundo. Bomb, bom, bom… Es su corazón.

De pronto el collar no está en sus manos. Lo lleva una mujer al cuello. Es una mujer muy hermosa. Va vestida con ropas antiguas. Avanza rauda por un pasillo oscuro, mirando hacia atrás con recelo, por si la siguen. Sale al frío de la noche. Olivia siente el frescor cortante en su cara. La mujer se adentra en un bosque. No tiene miedo. Olivia sí. Sigue un camino conocido hasta un claro. Allí le espera un hombre. Se apoya en un árbol y suspira, en parte por la carrera, en parte por que el corazón se le ensancha en el pecho. Quiere acercarse por detrás y sorprenderlo, pero pisa la hojarasca. Es el mismo hombre que está en la casa junto a Olivia se gira en el claro del bosque. Se funden en un abrazo y Olivia anticipa lo que sucederá a continuación. Se aleja de la visión que se vuelve borrosa. Pero la mujer del colgante se gira y la coge de la mano con fuerza, reteniéndola entre la niebla.

– Dile que me deje ir. Ha pasado mucho tiempo ¿verdad? Debe dejar de torturarse, debe dejarme marchar. El pasado no existe, es un espejismo. Todo está bien.

Olivia siente un dolor terrible en la mano con la que sostiene el colgante. Está helada. Mientras despierta del trance profundo, se da cuenta de que ha hablado con la voz de la mujer, repitiendo sus palabras. El hombre frente a ella tiene los ojos vidriosos, como si retuviese el llanto. Coge el colgante de la dolorida mano de Olivia, lo pone en el maletín y cierra.

– Gracias. Te daré lo acordado.

Olivia se palpa la mano, no siente los dedos. Quiere preguntarle algunas cosas al tipo. Es evidente que puede ver como ella. En la visión, en el bosque, lo ha visto sin disfraz, tal como es en realidad. No osa preguntar.

– Si trabajas para mí te pagaré mucho dinero. También te daré respuestas.

Olivia recuerda la obsesión de su madre. Aquel ser está atrapado por el mismo círculo de dolor. Recuerda como la frustración de su madre dio paso al desprecio. La utilizó como un fenómeno de feria, para ganar dinero. La obligó a mentir, a decir lo que la gente esperaba escuchar. Cuando las cosas se complicaron, la dejó sola. Abandonada a su suerte en un manicomio durante tres años aprendió a mentir en su propio beneficio Cuando salió del manicomio su madre la estaba esperando.

– He cambiado. Sé que he hecho mal. He venido para pedirte que me perdones. Quiero ganarme tu perdón.

Olivia sabe que no debe pensar en su madre, eso la atrae cerca. Que más da, mañana ya no estará en la ciudad. Volvió con ella tras salir del manicomio, pero no se fiaba. Las cosas ya no eran como antes. Las tentativas de su madre por volver al negocio pronto afloraron. Olivia le dijo cosas horribles. Sólo alguien que ve puede saber ese tipo de cosas y usarlas para destruir una persona. Se marchó.

Poco después supo que su madre se había suicidado: vino ella misma y se lo mostró. Aún intenta arreglar las cosas que estropeó en vida, hacer de madre buena. Una buena madre fantasma. Cree que quiere traspasarle la culpa de su muerte, para liberarse. A veces ni si quiera recuerda que está muerta. La odia. El odio, como un puñetazo, la devuelve a la realidad.

– No, gracias. Deberías seguir el consejo de tu amante. Ella no está aquí, son sólo visiones. No encontrarás respuestas, ni consuelo. Los muertos son un espejismo dañino… Aunque seguro que eso ya lo sabes.

El hombre deja un montóncito de dinero en billetes grandes sobre la mesa. Olivia lo coje, da las gracias y se despide.

– Adios, Olivia, volveremos a vernos.

26 Comentarios Agrega el tuyo

  1. eduard dice:

    Olivia, la mujer de Popeye. Después volveré a releerte. Hay mucho que reflexionar sobre este texto.

    LocoDatar

    PD La lista se cierne…..

  2. eduard dice:

    Perfecto salvo en las faltas ortográficas, una señal de tu estilo, una historia del destiempo mágica y cruel. Arrastra el suspense a lo largo del relato acentuándolo con pasado y presente. Un personaje lleno de enigmas, alejado y cercano.
    Las inquietudes de una medium que quizás sea escritora o quizá adivine, ¿Quién lo sabe?
    Muy bueno. Mucho.

    John lee Hooker

  3. annefatosme dice:

    Fanou, me ha encantado tu relato, mezclando presente y pasado, desarrollándose, para más inri, en el inquietante mundo de las médium.
    Un relato digno de publicar. Enhorabuena de corazón.

  4. fanou dice:

    Las faltas no las veo. Es un problema. Lo he revisado un par de veces antes de publicarlo, y una después. El corrector ortográfico es bastante deficiente. A veces me planteo utilizar alguna persona que me corrija. No dudes en señalarme todas las que veas.
    Por otro lado, muchas gracias, a los dos.

  5. locomer dice:

    a los muertos hay que dejarlos en paz, lo que ocurre es que a veces los muertos no nos dejan en paz. Muy buen relato, se deja leer de un tirón y como dicen más arriba pide una relectura.

    saludos

  6. Poio dice:

    Extrañaba los cuentos de ésta serie. No me gustó tanto como otros pero se deja leer de un tirón y eso es bueno.

    sevemos

  7. chrieseli dice:

    Emocionante, apasionante, provocador y muy pero muy adictivo. Me parece que manejas con muchísima soltura el tema, fluye el relato suave y decididamente. Me ha encantado. De las faltas, ni las he visto, tan concentrada estaba en la lectura. Un abrazo

  8. fanou dice:

    Muchas gracias locomer, y también a chrieseli. Poio, me quedo con que aunque no tanto, finalmente también te gusta. Yo le tengo mucho cariño a Olivia. Aunque eso carece de importancia.

  9. Poio dice:

    Cómo que no importa? Por ahí se convierte en tu Bagalone y empieza a aparecer por todos lados😀

    sevemos

  10. annefatosme dice:

    Fanou, echo de menos dos cosas: un relato tuyo y una foto,no movida, donde se pueda apreciar de nuevo toda tu belleza.
    Un abrazo.

  11. eduard dice:

    Felicidades, hoy es tu Santo

  12. enerk dice:

    Hola. Me gusta mucho lo que escribís. Quería preguntarte si puedo ponerte en mi blogroll?
    Saludos…

  13. fanou dice:

    Eduard: Correcto, ¿cómo lo sabías?

  14. fanou dice:

    Enerk: Gracias. Por supuesto que puedes ponerme en tu blogroll, no tienes ni que preguntar. Por cierto me gustaría conocer tu página para poder visitarla.

  15. fanou dice:

    Siento haber tardado en responder. Siento no estar escribiendo nada. Las navidades me noquean.

  16. eduard dice:

    Lo sabía porque estoy pendiente de ti, además estoy de acuerdo con Anne: queremos un relato tuyo y verte los ojos.

    LoCoDaTaR

  17. fanou dice:

    Me gusta esa foto: estoy brillante y parezco un fantasma. Además no se ve el truco para todas esas chispas de luz. No soy una gran belleza, mejor diluida.
    Del relato: me aplicaré.

  18. endera dice:

    Que pases unas felices fiestas y el próximo año sea estupendo🙂

  19. chrieseli dice:

    Un gran abrazo y muchas felicidades en esta Navidad. Que la Noche Buena te traiga paz y un rayito de inspiración para que nos sigas deleitando con tus historias.
    Muchos cariños y gracias por compartir tu fantasía (y tus comentarios) con esta contadora de historias.

  20. Luis dice:

    Feliz Navidad. Que lo pases bien.
    Luis.

  21. fche626 dice:

    Feliz Navidad!🙂 Gracias por leerme. Y este cuento tuyo me gustó. “Los muertos son un espejismo dañino…”; de hecho.

  22. angostura dice:

    ¡En tu blog nieva! Lo sé, lo sabes, pero me vuelve loca, no puedo menos que decirlo.
    Disfruta de estos días. ¿No escribespublicas más?
    Besos.

  23. Rey Mono dice:

    Me gustó bastante tu relato de tintes góticos, salvo quizá el parrafito final, porque da la impresión de que continuará… lo cual le quita el sabor de un relato y lo instala en una posible novela. En cuanto a las faltas ortográficas (las cuales a veces dejan de ser visibles para el escritor cuando ha estado mucho tiempo con su texto), creo que son bastante remediables si tallereas un poco tu cuento. Ahora bien, al principio tienes una frase que me sacó bastante de onda: “Saca la cabeza por la cabeza”. ¿A qué te refieres? ¿O es acaso un dedazo?

    En fin, mujer, me gustó lo poco que he visto de tu blog, y si no te importa, seguiré husmeando…

    Un abrazo, y que te la pases lo mejor posible en estos últimos días del año.

  24. MX dice:

    Feliz año nuevo Fanou! Que el que comienza sea mucho mejor. Espero con ganas los nuevos relatos. Saludos!

  25. Rochonf dice:

    Inspirado Año nuevo, Fanou.

  26. annefatosme dice:

    Fanou, donde te has metido????
    Os echo de menos, tú y tus relatos.
    Abrazos

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