Parada forzosa en el Sistema Vastari.

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Sistema Vastari. Día 251 del año 9018 de la Era Segunda

Las naves pirata le seguían muy de cerca. Una vocecita dentro de su cabeza le decía todo el tiempo que no debería haber tomado esa ruta. Pero no había podido sustraerse a la morbosa atracción que ejercía sobre él el sistema Vastari. Quizás esperaba encontrar sus particulares respuestas en aquel lugar, como muchos otros antes. También conocido como El Maldito, aquel desolado sistema era ahora guarida de todo tipo de personajes que huían de la ley. Las rutas próximas a Vastari estaban llenas de oportunistas en busca de potenciales presas.

Le habían dado y la nave estaba dañada. Tres o cuatro alarmas empezaron a chillar estridentemente. Debía mantenerse lo más lejos posible de su fuego, el escudo no parecía servir de nada. Seguramente lo perseguían por la carga, o simplemente por la nave, para revenderla luego en el mercado negro, o como chatarra si le acertaban demasiado. Lo matarían sin vacilar si les daba oportunidad. Pero no estaba dispuesto.

Divisó un planeta grande rodeado de lunas y rocas orbitales y se dirigió hacia él. Empezó a maniobrar a través de las rocas que habían quedado atrapadas en la órbita planetaria con gran habilidad. Su nave era un Goliath, una nave comercial de carga de tamaño mediano sin apenas armamento. Poco podía hacer frente a los Joker de ataque, triplazas modificados que lo perseguían. Pero Furthak era un piloto excelente y podía hacer maniobrar su Goliath como si se tratase de un audaz monoplaza. Además, el mismo había rectificado el motor y el sistema de navegación. Empezó a hacer giros rápidos entre las rocas, arriesgando tanto en las maniobras que apunto estuvo de rozar un lateral contra uno de los peñascos. Pero así consiguió deshacerse de un par de naves y alguna otra se retiró. El escuadrón quedó reducido a una única nave que lo perseguía insistentemente, no parecía querer soltar su presa. La alarma del indicador de presión saltó. Debía aterrizar rápidamente, pero antes debía deshacerse de su perseguidor, no debían descubrir donde aterrizaba. Con las armas que llevaba no podía comenzar una maniobra de ataque sin exponer algún flanco. Se limitaba a maniobras evasivas, pero si la persecución proseguía demasiado el Joker acabaría acertándole.

Recurrió a un viejo truco. Se aproximó a una de las grandes lunas. Buscó una roca de tamaño apropiado y la acometió en oblicuo. Cuando estaba peligrosamente cerca hizo una maniobra de giro casi completo, a la vez que disparaba contra la roca y abría la puerta lateral izquierda de la bodega, liberando al espacio chatarra, bidones contenedores vacíos, recambios, desechos… Quedó encarado hacia la luna y con una única pulsión, casi simultánea a la anterior explosión se impulsó hasta quedar dentro de la sombra lunar, y apagó todos los sistemas.

Esperaba que el piloto del Joker no lo hubiese visto escapar al estar ocupado en esquivar los restos de la explosión. El lastre expulsado debía hacer creíble el engaño. Fueron unos momentos de tensión. Furthak rezó para que el piloto no buscase demasiado, llegando hasta alguna posición en que su Goliath quedase expuesto. Encaró la nave con la cinética hacia el Joker, si le descubría, antes de que tuviese tiempo de redireccionar el triplaza lo atacaría.

Pero el piloto del Joker, tras dar un par de vueltas de reconocimiento rápido, dejó ir una baliza de localización y dio media vuelta. Furthak suspiro, aliviado por un momento. Sin embargo sabía que el dueño de la baliza volvería con más amiguitos en busca de los restos de su nave. Tenía el tiempo justo para salir de allí sin ser visto. En cuanto volviesen a por el botín se darían cuenta de que allí no había piezas suficientes para recomponer un Goliath.

La nave estaba considerablemente dañada, no le quedaba más remedio que aterrizar en alguno de los planetas de Vastari para repararla. Orbitó alrededor del gran planeta, separándose del anillo de rocas para poder observar mejor. Se alejó buscando un ángulo de visión nulo respecto del lugar de la explosión.  Al fin divisó lo que buscaba: un planeta con luces. Trazó una ruta recta en dirección a aquel lugar.

Una hora después llegaba a su destino. No encendió los pilotos lumínicos hasta estar dentro del espacio gravitacional del planeta. Tuvo un aterrizaje brusco. Muchos sistemas habían resultado dañados. Furthak renegaba, hablando solo. Era de esperar que el material proporcionado por el gobierno de forma gratuita a civiles no estuviese exactamente en optimas condiciones, pero aquello sobrepasaba lo razonable.
Un solo disparo había bastado para atravesar el escudo anti-láser (él sospechaba que tal escudo sólo lo vería si leía el letrero en el panel) y había perforado el casco, dañando un haz de cables. Reparar los cables no sería problema, sin embargo reparar el casco era otro asunto. Entre las cosas que iban a encontrar los piratas allá arriba había un soplete y un terminal robotizado. No podía ni reparar el casco ni recalibrar los sistemas afectados. Ningún piloto podía sobrevivir sin un soplete o un terminal-robot. Debería comprarlos.

El gobierno no preveía ningún gasto para pilotos civiles y no soltaba ni un céntimo por adelantado. “Todo lo que sea requerido para la misión podrá ser retirado de cualquiera de los almacenes gubernamentales”, era el lema. Todo el material será cedido sin propiedad y/o repuesto en caso de perdida, deterioro, desperfecto o anomalía justificados en uno de los mencionados almacenes gubernamentales, decía el protocolo. Furthak sospechaba que no había muchos almacenes gubernamentales en Vastari. De todas formas no pensaba ir por ahí preguntando por uno, el gobierno no tenía buena fama por aquel lugar.

Piensa en la recompensa, se dijo Furthak para animarse. Una vez licenciado del ejercito y tras algunos trabajitos destinados a ganar dinero rápido había vuelto a su amado Memetak. Pero era piloto. Había sido incapaz de permanecer mucho tiempo en tierra. Un navegante quieto no hace más que acumular deudas y problemas. Había tenido que vender todas sus pertenencias de valor. Además debía abonar una cantidad regularmente a una determinada institución. Necesitaba un trabajo, a poder ser legal y volando. Cuando la CSNG envió el comunicado ofreciendo trabajo a pilotos de primer rango experimentados no se lo pensó dos veces.

Con aquella recompensa, pensaba mientras esperaba las instrucciones, sin duda se trataba de una misión suicida. Sabía cómo funcionaba el sistema gubernamental. Hubiese preferido una cantidad de dinero y poder procurarse él mismo la nave y las demás cosas que necesitase, pero así funcionaban las cosas con el gobierno. Cuando le dieron la nave lo primero que observó era que estaba deteriorada por un prolongado tiempo sin uso. Probablemente la habían requisado mucho tiempo atrás y había permanecido en los almacenes durante años sin un mínimo mantenimiento. Así sucedía con todo: requisado y amontonado en agujeros.

Había estado probando la nave alrededor de Memetak en vuelos cortos por rutas previamente trazadas para habituarla de nuevo a navegar. Reparando todo lo que fallaba. Pidió todas las piezas que necesitaba y todas las que se le ocurrió cómo justificar. Había vendido algunas y conservado otras. Pero todas las piezas que había guardado en la nave estaban ahora junto al soplete y el terminal-robot: flotando en el espacio.

Cogió el dinero y todo el bogor del que disponía. Camufló la nave y partió en busca de algún núcleo habitado. Había caído en medio de un desierto de arenas grises en las que la única vegetación consistía en un lastimoso musgo enganchado a las rocas.

Pasado un rato caminando por la arena que se le hizo eterno, llegó a una ciudad de gran extensión pero con apenas un nivel de altura, una mísera cuadrícula de casuchas grises por la acción de la arena del desierto. Esperaba que en el centro hubiese talleres o un mercado. Encontró sólo un par de timadores que regentaban talleres clandestinos, organizados como un almacén gubernamental pero con los precios diez veces por encima, y probablemente abastecidos por los mismos que habían tratado de abatirle arriba. Tendría que regatear con el aguardiente.

Consiguió un buen soplete, de los de vida ilimitada y un terminal robotizado de un modelo bastante antiguo (era peor incluso que el que había regalado a sus amigos piratas). Pero no había gastado más que una tercera parte del bogor y no había mencionado que tenía dinero. Pagó y salió de la ciudad esperando haber llamado la atención lo menos posible.

Cayó la noche muy rápidamente mientras reparaba la nave, pero eso no afectó a Furthak. En sus años en el ejército había aprendido a guiarse por un reloj biológico interno inmutable, propio de los soldados, y las condiciones eventuales de cada planeta no lo influían ni en lo más mínimo. Cuando terminó las reparaciones se intuía la claridad en el horizonte. Aquel era realmente un planeta muy pequeño, pensó Furthak. Mientras decidía el momento de la partida miró el cielo estrellado. La noche era similar en todos los planetas que había visitado Furthak: lunas, estrellas y esa oscuridad tentadora como el canto de la sirena.

No había sido su idea hacer escala en Vastari, pero ahora que había tenido la oportunidad de volver, sabía que éste no tenía respuestas para él. Haber parado en aquel mísero planeta sin nombre, guarida de piratas y bribones no había significado nada más que eso: Vastari era un nombre atroz para la nada más absoluta.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Poio dice:

    Esta es una forma de encarar de nuevo la historia de Fhurtak, o el aperitivo antes de leer sus nuevas aventuras??? Es éste el comentario número 1000???

    sevemos

  2. fanou dice:

    Es una nueva forma de encarar la historia, está retocada y quiero escribir nuevos capítulos, que la tenía muy abandonada. También es una forma de unificar mis relatos, aunque cada uno sea… poco sociable con los demás…
    Y no, no es el comentario 1000.

  3. eduard dice:

    Te hacía secuestrada en un barco de piratas somalíes, pero veo que emerges de las tenebrosas profundidades del Valle de Elah, donde los débiles vencen a los fuertes y el sabor del orgullo inunda el paladar.
    También eché en falta tus comentarios perezosos.
    Adelante con el propósito.

    Conan el Barbero

  4. chrieseli dice:

    Tienes la capacidad de darle un toque muy de cine a tus relatos. Este no es la excepción. Se me vienen a la mente varias memorables escenas de ciencia ficción del 7mo arte. Y dices luego que vas a escribir más. Espero ansiosa el siguiente.;) Un abrazo.

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