Anacronismo

Un antiguo tocadiscos suena. Al principio sólo escucho el ruido que emite la aguja corriendo por los surcos. Ruido que es el sonido de tiempos pasados capturado en el disco. La música comienza. Un piano, que más parece una pianola de juguete a través del altavoz, se engancha en el estribillo de una canción infantil. El rasguido regular de la aguja late siempre en el mismo instante y encierra la canción en un bucle infinito. Ella está en la habitación. Baila liviana sobre las puntas de los pies. Su vestido blanco y vaporoso va marcando su figura entre sus vuelos de mariposa. Me sonríe con ternura infinita mientras danza alrededor del tocadiscos. Es perfecta. Me mira a los ojos y veo en su mirada que nada importa. La música se interrumpe y ella desaparece.  Lloro como un niño. Cuando tengo fuerzas me levanto y camino. Busco más  azul. Debo poner el tocadiscos en marcha. Camino entre ruinas. Todo se derrumba lentamente. Podría caminar días sin ver a nadie. Quedamos pocos, no es seguro que yo no sea el último. Algunos cadáveres de personas y animales, los que ya nadie enterró, yacen por ahí, apestando el ambiente alrededor. Todas las ciudades huelen a podrido. Recuerdo mi infancia. Cuando se acerca el final recuerdo el principio con asombrosa nitidez, recuperando detalles que creía perdidos para siempre. Somos los hijos de padres que no amaron a sus hijos. Crecimos sin amor, y sin esa magia de los niños que repara los rasgados de la realidad y la razón. Nunca hemos sido héroes, ni si quiera en ilusiones infantiles. Hijos de la desilusión y de la desesperanza.  Desde el principio solos y desorientados. El miedo y la ira han sido nuestros únicos compañeros. Gritamos en la oscuridad seguros de que nadie escucha.  Llegó un profeta tras otro, con la promesa dorada. Creímos en todos ellos, porque era más fácil que pensar, más fácil que luchar. Pero todos ellos estaban huecos, consumidos por dentro por la avaricia. No hay esperanza, ni futuro. Ganamos la batalla: el hombre le ganó al hombre, el hombre ganó a la tierra. El hombre ganó y destruyó a sus enemigos, el hombre y la tierra. Esta bola yerma, agotada de vida, ya no es el hogar del hombre. Caminé hacia el borde, preguntándosme si podía dar un paso más sin caer, y otro más, y otro más… Y aún cuando daba el último paso, estaba convencido de poder volver atrás.  No caminé sólo, muchos otros caminaron a mi lado. Agonizo asfixiado. Desaparecemos agónicamente, nada de finales gloriosos o espectaculares. Nos marchitamos como una pequeña flor anónima se marchita en un campo tras el final del verano. Muchos aceleraron la llegada de ese final ineludible. Yo prefiero mi locura azul. Nada importa, nada tiene sentido. ¿Quién podría juzgarme? Inyecto el líquido. Un tocadiscos suena. ¿Qué importa que tocadiscos no sea mío? No hay nadie aquí para escucharlo, salvo yo. Lo pongo en marcha. Al principio solo el rasguido de la aguja corriendo por los surcos. Escucho el tiempo pasado capturado en el disco negro. Luego comienza a sonar la música. Aparece ella, entrando por un lado en mi campo de visión. Baila descalza sobre la tarima. No la conozco, no sé su nombre. Pero me mira y sé que nada importa. Sólo espero que la muerte llegue antes de que se acabe el líquido azul.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. eduard dice:

    Que magníficamente cruel has estado. Después de cerciorarme que no estaba escuchando a un catedrático irlandés borracho de ginebra. He vuelto en sí, y me lo he leído tres o cuatro veces más de seguidilla, he acabado histérico de tanto escuchar el ruido de la aguja, siguiendo el surco del disco negro subyugado a la plataforma circular deformada, el brazo de la aguja subiendo y bajando. Aquellos tocadiscos que, con los dos altavoces se convertían en maleta, el sonido de lata, como bien dices, el bucle infinito y cíclico. Me ha encantado como la cobra a la oveja. Has estado al 200%100.

    Sospechoso Habitual

  2. annefatosme dice:

    Acabo de leer tu relato.La imagen de la aguja que recorre los surcos aprisionando la música del azar en contraposición con la aguja hundiéndose en la vena inyectando muerte me parece muy bella. A ti, Fanou, no te hace falta ninguna clase.

  3. Fanou,
    Estoy obsesionado con el ruido de la aguja en el disco. Mi sangre corre y suena así.

  4. eduard dice:

    Si señora, el mismo tocata, sólo que mi versión la maleta superior eran dos altavoces. Pero, el resto, idéntico.

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