Bacantes

Clodia Mara ultima los preparativos con Deva, su esclava de confianza. Aquel día culminará la venganza que ha estado maquinando durante los últimos meses. Para ella todo el asunto no es más que un entretenimiento. Uno muy arriesgado, por lo tanto muy satisfactorio. En algún momento se ha preguntado si no estaría ofendiendo al dios al tomar su nombre en vano. Pero ese pensamiento duró poco. Ella no está en realidad bajo su influencia. Le va a brindar una nueva congregación ¿Qué podría reprocharle? Es un dios violento por naturaleza.

La ceremonia no se celebrará en su casa, no quiere alertar a nadie antes de que se haya consumado la iniciación. Le ha pedido permiso para usar su casa de campo a una amiga. Está cerca de un bosque, pero sobre todo está cerca del punto al que quiere que lleguen las muchachas, como por casualidad.

El ingrediente principal de la ceremonia es vino, por su puesto. Ha comprado uno de alta graduación y lo ha endulzado y especiado, para que entre fácil. Pero por si acaso no fuese suficiente se ha proporcionado una droga alucinógena. Viene del norte y le han asegurado que es infalible. Cualquiera que la consuma verá alucinaciones y sentirá un gran furor. Todo está listo a tiempo.

Las muchachas van llegando, puntuales a la cita. Una de las primeras en llegar es Drusila, la ignorante protagonista por la que ha organizado todo aquello. Con sus esfuerzos Clodia ha logrado atraer a todas las hijas de buena familia. También hay alguna plebeya y alguna liberta. Las mira satisfecha y piensa que serán un digno grupo de cónjuras.

Espera que caiga la noche. En la oscuridad la realidad se distorsiona y uno puede creer cualquier cosa. Sobre todo si se es una joven de buena familia, ociosa y aburrida, que ha llegado hasta allí atraída por la promesa de misterio, alcohol y sexo. Esa es la baza que ha utilizado, por eso ha elegido a Baco, el dios del vino y el desenfado.

Tiempo atrás, a través de sus sirvientes, echó a rodar el rumor de que era una seguidora de Baco en los lugares apropiados. Pronto mucha gente se acercó a indagar. Se cuidó muy bien de desmentir ante los curules los malintencionados rumores. Al mismo tiempo hacía volar la imaginación de las mujeres jóvenes con insinuaciones morbosas y poco específicas. Cuando había desatado su imaginación e insuflado su deseo lo suficiente, les envió una críptica y privadísima invitación a las interesadas.

En una reunión secreta en su casa les rebeló que ella era una sacerdotisa de Baco. Se le había encomendado la misión de fundar una nueva congregación en aquella región. Ahora que estaba prohibido, bajo pena de muerte en algunos casos, sería un desafío instaurar un culto clandestino. El secretismo, más que amedrentarlas, las animó. Todas habían respondido positivamente.

Allí están todas. Las hace pasar a un dormitorio y desnudarse. Las viste con ropas ridículas y provocativas, que enmarcan más que ocultar. Tiene previsto humillarlas, divertirse. Vestidas de esa forma las hace encender las antorchas y realizar tareas de sirviente. Ve su vergüenza divertida.

Ya les ha hablado del rito de iniciación, la bacanal. Primero harán el juramento. Ha mencionado el alcohol y la danza. Luego llegará el frenesí, en el que el dios las poseerá y se transformarán en ménades. Sólo de pasada ha mencionado el componente sexual del rito, como sin darle importancia. Pero no ha dejado nada al azar, ha comprado media docena de apuestos esclavos y tres exóticas bailarinas. Va a darles la posibilidad de experimentar todo lo que se les ocurra. Para añadir interés, ha mencionado que estando poseídas por el dios, algunas mujeres profetizan desgracias y otras llegan al espargamo. Quiere ver el miedo y el asco es sus caras, además del deseo y el morbo.

Sus ojillos de besugo brillan cada vez que Clodia habla, las tiene completamente ensimismadas. Adopta un aire serio, indicando que es el momento trascendental. Con un gesto teatral hace salir a los esclavos. Van desnudos y enjoyados, su piel parece dorada por efecto del maquillaje oleoso que les ha aplicado. Dan el golpe de efecto deseado. Llevan unas bandejas doradas en las que hay 22 vasitos de barro, uno para cada una de las novicias. En ellos está la droga alucinógena mezclada con agua y miel.

– Ahora os revelaré el nombre verdadero con el que conocemos a nuestro dios, el nombre secreto capaz de invocarlo. Entonces juraréis. El juramento consistirá en la siguiente formula: Juro que soy una sirvienta de Baco, a él me entrego mediante este rito. Tomaréis el bebedizo y repetiréis el nombre de Baco, el de verdad. Debéis beber, danzar e invocarlo hasta que se presente. Al menos alguna de vosotras debe entrar en trance, si no el ritual no habrá sido del agrado de Baco.

Fija la vista en el suelo y pone cara de estar concentrada, como haciendo un gran esfuerzo. Mientras observa las tiras de cuero desgastadas de sus sandalias. Quizás es hora de cambiarlas. Deja pasar largo tiempo en silencio. Cuando escucha que empiezan a moverse inquietas prosigue alzando la vista al cielo.

– Oh! Dios del Vino, gran Baco, yo te invoco por tu nombre verdadero. En este ritual sagrado trasmito el conocimiento a esta nueva congregación que ante ti se reúne. Bendícenos con tu presencia – y alza la voz – IAKCHOS LIEO OMADIO ADONEO.

Repite el nombre varias veces mientras con gestos les indica que comiencen a recitar el juramento. Ella misma acerca el primer vaso a Drusila. Al rato todas han jurado y bebido. El momento de grandeza ha pasado y se encuentran un poco cohibidas aún. Tiene que animarlas para que se desinhiban, mientras la droga y el alcohol comienzan a hacer efecto. Se sirve un baso de vino ella misma. Da una palmada y las bailarinas comienzan a bailar. Los esclavos cantan, hacen percusión improvisada y tocan dos o tres instrumentos patéticamente mal.

Las muchachas beben y comienzan a danzar atontadas. De vez en cuando Clodia estalla en un grito: IAKCHOS LIEO OMADIO ADONEO, para luego murmurar: ven a nosotras, bendícenos con tu presencia. Al poco comienzan a mostrar síntomas de embriaguez. Las danzas se tornan sinuosas y provocativas. Las chicas ríen y juguetean, se rozan entre ellas y con los esclavos. Una hora después todas están muy borrachas y eufóricas. Los juegos eróticos se suceden en una orgía. Empujadas por las drogas y el alcohol llevan a cavo todo tipo de prácticas y perversiones sexuales.

Clodia se ha retirado a una esquina. Apenas bebe, no quiere emborracharse, nada la privará de disfrutar del espectáculo. Les va a dar un secreto del que avergonzarse, un motivo de discordia y alejamiento con sus familias. Además será conocedora de ese secreto, las tendrá en su mano. Pero sobre todo quiere ver como se ruboriza y humilla Drusila cada vez que crucen las miradas en el futuro.

Recuerda el incidente que tuvo con su joven marido, Virbius, causante de aquella venganza que tanto está divirtiendo a Clodia. Virbius, un niñato, acobardado de la guerra por las palabras de su padre y envenenado de ego desmesurado por las palabras de su madre, se atrevió a humillarla públicamente. El motivo una joya, su favorita, un collar de marfil y turquesas. Las joyas de más de una onza de oro están prohibidas. A pesar de no tener oro, estima que el valor del collar supera las tres onzas. Virbius la reprendió meses atrás por llevarlo en público:

– Deberías mostrar una actitud humilde y decorosa, ser un ejemplo, como lo son mi madre y mi esposa. Podría requisar esa joya ahora mismo, como escarmiento. Pero mostraré clemencia por esta vez y no haré uso de la ley que me ampara. A cambio harías bien en donarla al templo, así demostrarías arrepentimiento. Tu marido en la guerra, tu hijo en Roma, y a falta de un hombre, en tu casa habita la indecencia.

Ese día se prometió tomar venganza por el agravio ¿Indecencia? Ella le iba a enseñar cómo es eso de que el vicio campe por su casa.

Está mucho más excitada ante la posibilidad de humillar a Drusila y Virbius, y a las familias nobles con su hipócrita moralina, que ante el espectáculo erótico que se le brinda. Aquellos nuevos ricos, terratenientes paletos de provincias, tan prontos a escandalizarse, le parecen peores que la escoria que se adhiere a sus sandalias. Agarrados a su bolsa, a su decencia y a su polvorienta tierra, pretendidamente grandes todas ellas, tan miserables a los ojos de Clodia… Muestran pecados mucho más detestables: avaricia, cobardía, orgullo, falta de ambición, hipocresía, mediocridad…

Ensimismada en sus pensamientos chasquea y el sonido la saca de su mar interior. Hace una seña a Deva, es el momento del acto final. Antes de que el efecto de la droga y el alcohol se disipen las hará correr por el bosque de esa guisa. El bosque, a las puertas de la hacienda, declina suavemente hasta dar justo a la puerta de atrás de la casa de Virbius. Con suerte el escándalo hará que los criados, o el mismo Virbius, salgan y vean a las novicias en todo su esplendor. Deva abre las puertas de la casa, al tiempo que Clodia habla:

– El dios está complacido. Sois ménades, en vuestra peregrinación sagrada os acompaña el mismo Baco. Puedo verlo.

Deva va en busca de dos capas oscuras, se pone una ella misma y le tiende  la otra a su ama. Acompañarán al séquito desde el anonimato, para poder ver el desenlace sin ser reconocidas.

– Id, hijas mías.– Las espeta, señalando la dirección que quiere que tomen.

Efectivamente parten en la dirección correcta y Clodia, bajo la capucha, se regodea imaginando la cara que pondrá Virbius. Deva le ha advertido, corren un riesgo importante, alguien puede tomar represalias. Pero está convencida de que la vergüenza les hará callar. Aún cuando se sepa, todas las familias importantes están implicadas, no es posible acusar a una sin acusar a las demás. Entre todos ocultarán el incidente.

Las chicas caminan por el bosque entre danzas y salmodias. Dos mujeres las siguen, ocultas en la oscuridad. Escuchan como los cantos se vuelven guturales e inarticulados, observan como los gestos se vuelven violentos y espasmódicos. Resultan muy ridículas. De pronto Valeria, una de las muchachas más atolondradas, estalla en gritos.

– ¡Baco está en mí! ¡Puedo verlo! ¡Oh! ¡Veo algo maravilloso!!

Presa de algún tipo de alucinación comienza a correr en la oscuridad, con tan mala fortuna que unos metros más adelante choca contra un árbol y cae inconsciente. A Clodia le da una tentación de risa, pero se reprime. Teme que se haya hecho daño de verdad, así que coge a Deva por el brazo y le indica que vaya a ver como se encuentra. Ella seguirá a la comitiva.

Iulia Tertia golpea una piedra sin querer con el pie descalzo. El pie queda en una postura extraña, pero sigue caminando como si nada. Las mujeres emiten gritos y gruñidos, se mesan los cabellos y se mueven como si realmente estuviesen poseídas. Cuando llegan a la parte de atrás de la villa Virbia no pueden avanzar más y se quedan paradas en un corro. Los criados van asomando la cabeza y observan pasmados. Vespasiana se está arañando todo el cuerpo con violencia. Gotas y lineas de sangre van apareciendo, tiñendo su piel de rojo. Tarquila se arrodilla y comienza a lamer la sangre del cuerpo de Vespasiana.

Las jóvenes, desnudas, despeinadas, sudadas y machadas de maquillaje, barro y sangre, presas aún del frenesí aunque algo agotadas, ofrecen un aspecto deplorable. Ninguno de los testigos se atreve a hacer o decir nada. Al fin Virbius, alertado por el escándalo se asoma a una ventana. Al ver a las muchachas de noble cuna, entre ellas Drusila, en aquel trance abre los ojos como platos y se queda blanco. Grita que le traigan algo para cubrir la desnudez de su mujer. Los criados están paralizados, así que él mismo coge una manta y sale. Grita insultos a su mujer y a las demás. Las llama putas, conjuradoras, abyectas, corruptoras de la moral.

Clodia observa la escena en la distancia. Están realmente descontroladas. Se pregunta si será fruto de la droga o si realmente Baco está intercediendo. En realidad ella no había previsto que las cosas se descontrolasen tanto.

Cuando el hombre se acerca a Drusila, ésta le escupe en la cara un salivazo sanguinolento. Se ha mordido la lengua. Con un chillido agudo, pastoso, apenas inteligible grita:

– ¡Espargamo!

Todas a una se abalanzan sobre él. Virbius cree tener más autoridad que las mujeres, y también más fuerza. Pero las subestima. No atienden a razones. Nada puede hacer frente al estado alterado en el que se hallan. Lo tiran al suelo. Marcila se sienta encima suyo y se mueve como si estuviese siendo penetrada, gime y grita. Virbius forcejea, llamando a sus criados, a todos los dioses, a su padre y a su madre. Lloriquea y chilla como un cerdo cuando las mujeres comienzan a despedazarlo.

Clodia no puede dejar de mirar  presa de la fascinación, horrorizada. Le parece increíble la facilidad con la que se despedaza una persona. Al poco Virbius deja de moverse. Está tumbado en un charco de sangre, las mujeres lo lamen o comen piltrafas de su carne. Drusila forcejea con su cabeza.

La mujer oculta en la oscuridad finalmente se gira y comienza a subir la cuesta. Por el camino encuentra a Deva, que aguarda junto a Valeria.

– Se ha herido un ojo gravemente, creo que lo perderá. – Comunica a su ama cuando la ve acercarse en la oscuridad. No sabe lo que ha ocurrido abajo más abajo.

– Eso no importa ahora. Adelántate a casa, no te quites la capa y aguarda allí a que regrese. Voy a despedir a los esclavos ¡Corre!

Pero Clodia no regresará jamás a casa. Dejará que Deva responda sola ante la turba de ciudadanos furiosos que seguro llegarán a sus puertas con las primeras luces del día. Así ella tendrá más tiempo para huir.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. fanou dice:

    Ahora sí que van a llegar pirados por aquí…

  2. Poio dice:

    jajaja… se los extraña ya a esos😛

    Muy bueno, me gusta más que todo la ambientación. Al principio pensé que era uno de vampiros (que sabés que no me gustan nada) pero después me metí de lleno en ese mundo. Genial.

    sevemos

  3. annefatosme dice:

    Una bacanal muy negra, muy densa. Me gusta, y no te preocupes por los pirados, están todos colgados en los videos de porno duro.

  4. eduard dice:

    Amanita muscaria, silocibina, natura, mandrágora, los secretos para el puchero de un buen aquelarre. Me gustó, y como me dijiste que te dijera, creo que a medida que llegas al desenlace te vas acelerando.
    Puede que sólo sea mi percepción rítmica. De todas formas es difícil establecer tantos datos en un relato corto, época, personajes, geografía, etc. Te pones el listón muy alto y, claro, después tiene más mérito.
    Un caluroso abrazo

    oN-LiNe

  5. g. dice:

    me gusto mucho. lo empece en la sintesis de tu libro online en bebok (felicitaciones!) y tuve que venir aqui a terminarlo.
    saludos,

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