La colonia (2058- IIII)

Esta historia comienza con El mensaje.

Sigue en Tychè.

La tercera parte y inmediatamente anterior a esta es Elysion.

* * *

No sé si los que entraron en la ciudad era amigos o enemigos, pero no iba a quedarme a comprobarlo. Mientras salíamos clandestinamente de la ciudad Tychè miraba hacia atrás. Podía ver el interés en su rostro, era la primera vez que nos cruzábamos con personas desde que comenzamos nuestro viaje. Pero no suele haber gente amistosa moviéndose por el mundo.

Ya no quedan libertarios con ideales. Sólo quedan grupos violentos de desertores  unidos por interés. Bárbaros capaces de cualquier cosa, destruyen todo a su paso.  Han perdido la humanidad en este mundo deshumanizado. Los horrores del hombre revierten sobre el hombre. He visto suficiente como para volverme un hombre precavido.

Tychè comprende que las personas que entraron en la ciudad tras nosotros pueden suponer un riesgo. Aún así su curiosidad, unida la decepción de no poder esperar a comprobarlo, son grandes. Amanece un nuevo día, pero dentro del vehículo el ambiente es pesado y silencioso. La ciudad ha quedado atrás, pero no hago más que mirar los retrovisores. Quizás llevasen tiempo tras nuestra pista. He sido descuidado y podemos pagarlo caro. Iremos directamente hacia nuestro destino, parando lo menos posible. Estamos muy cerca.

* * *

El humor de Tychè ha estado tan oscurecido que adelanté mi regalo, para distraerla. Le he dado el libro, la libreta y los lápices esta noche tras la cena. La he animado a que comience su propio diario. La he dejado un rato sola con la excusa de ir a cazar. Desde el incidente de la ciudad yo también estoy taciturno. No puedo quitarme la idea de la cabeza de que tal vez estén siguiendo nuestro rastro, eso me ha vuelto un poco paranoico.

Por aquí no hay nada para cazar, pero me siento un rato a solas entre la maleza. Miro el cielo. Las estrellas cada noche hacen el mismo viaje por la bóveda celeste. Me pregunto si miran impasibles las efímeras y terribles vidas de los hombres; me pregunto si les importará lo más mínimo.

* * *

Nos siguen. No sé desde cuando, pero van tras nuestro rastro. Creí que al salir de la ciudad los habíamos despistado. Pero cada vez que nos detenemos nos ganan terreno. Hasta Tychè se ha dado cuenta. Nos hemos adentrado en las montañas boscosas en las que se esconde nuestra meta. Me he esforzado en despistarlos, pero no nos los quitamos de encima. No sé si hacemos bien en acercarnos tanto a la colonia con esa gente  pisándonos los talones. Pero no sé que otra cosa puedo hacer. Espero que allí puedan protegernos.

Estoy enseñando a Tychè a usar armas. He conseguido contagiarle parte de mi paranoia. No he pensado en enseñarle a usar armas antes. Sin embargo quizás ésa sea la lección más útil. Pistola trazadora-rastreadora, táser, cuchillo, bastón. De más peligroso a menos, de más fácilmente ocultable a menos, le enseño a manejarlos, a reaccionar y a moverse con naturalidad cargada de armas, como una pequeña guerrillera.

* * *

Hemos llegado al fin. Ha pasado lo peor que podía pasar. La colonia está abandonada. No hay rastro de personas vivas. Hay numerosas tumbas alrededor de lo que fue el núcleo de población. Tal vez fuese una epidemia, ataques o la contaminación, quien sabe. Si quedaron supervivientes, han abandonado el lugar. No hay indicios de dónde han podido ir. Además nuestros perseguidores están muy cerca.

No se hacia dónde podemos dirigirnos ahora. Conozco otras colonias, pero nada me asegura que no estén deshabitadas como ésta. Tampoco es esguro que en esos otros lugares quieran acoger a Tychè. Además está el problema de los extraños que vienen tras nosotros.

* * *

Ya se escuchan cerca nuestros perseguidores, los tenemos encima. Sólo hay un maldito camino para  entrar y salir de la colonia. He escondido nuestro vehículo entre la chatarra, he cogido todo lo que podíamos cargar, lo más imprescindible. El resto lo he enterrado a las afueras del pueblo. Nos hemos adentrado en el bosque. Si nuestros perseguidores están empeñados en cazarnos, van a tener que abandonar sus vehículos. He puesto  señuelos falsos y algún impedimento en el camino. Tendrán que contar con un buen rastreador, cargar con más reservas que nosotros y saber orientarse bien, si pretenden pillarnos.

Si logramos despistarlos lo suficiente, daremos un rodeo, recogeremos el material y el vehículo que hemos dejado atrás y huiremos por donde vinimos.  Si no seguiremos a pie hasta atravesar el bosque.

* * *

El relato acaba en Libertad.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mna dice:

    Me gusta mucho la historia. Mucho contraste. Espero leer pronto.

  2. Poio dice:

    Dale bola a Mena que sabe, Fanou, y no a esos otros comentarios que recibís por ahí😀

    Ahora viene la locura. no???

    sevemos

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