Elysion (2058 -III)

Esta historia comienza aquí: El mensaje.

El segundo capítulo, e inmediatamente anterior a este se puede ver aquí: Tychè.

* * *

En cuanto le hablé a Tychè de la posibilidad de pasar por una ciudad fantasma se mostró entusiasmada, no hubiese podido convencerla de otra cosa. Es retrasar el viaje, pero quizás ella no tenga la oportunidad de ver y de saber. En la ciudad podré cargar combustible y materiales.

* * *

Nos acercamos a Elysion. Es una ciudad especial para mí. Fue la primera gran ciudad fantasma que visité siendo un joven revolucionario. También va a ser la primera para Tychè. Tengo un mapa antiguo. Nos servirá para orientarnos dentro de las ruinas.

Desde las afueras podemos ver las estructuras fantasmales apuntando al cielo. Un gran edificio sin pared muestra los habitáculos que quedaron intactos y expuestos, como un escenario, tras la explosión. El tiempo ha pasado arruinando y enmoheciendo los diferentes cubículos. Le explico a Tychè que Elysion era una ciudad como Gabirea o Eurogea. Le extraña que no tenga murallas a su alrededor.

– Antes uno podía entrar y salir libremente de las ciudades.  No todo el mundo vivía en una ciudad. Unos elegían vivir en la montaña, en los bosques, incluso en el mar.- El pasado glorioso y perdido. Me encuentro explicándole la utopía de los hombres libres. Pero mi discurso ya no es igual que en mi juventud. He perdido la fe. No creo que haya existido nunca ni pueda existir la libertad. Aunque intento que Tychè no sienta lo mismo. – Ten cuidado, no te acerques demasiado a las ruinas, ni entres en ningún edificio.

– ¿Antes? ¿Cuándo?

– Hace muchos años. Yo no había nacido.

– ¿Qué sucedió?

– Una gran guerra que trajo muchos desastres: muerte, miedo, hambre, contaminación… La gente quería que llegase alguien y lo arreglase todo, pero eran incapaces de hacer nada. Esperaban que alguien les dijese que hacer, y había personas dispuestas a aprovechar eso para conseguir sus propios fines. Poco a poco las personas perdieron la libertad.

– Pero tú eres libre.

– Soy un vagabundo que vive de los restos de un mundo destruido. Una persona sola no puede fundar un pueblo. No puede hacer crecer nada, simplemente coge lo que encuentra. Eso no es libertad. Soy un muerto que camina. – Tychè se quedó seria, en silencio. – Perdona, no quería decir eso…

– No estás solo. Yo estoy contigo. Ya sé que soy una desahuciada. Ya lo era en Garibea. Pero ahora soy libre. Los dos somos libres.

Aprende rápido. Me hace sentir orgulloso. Pero ¿qué vida es ésta? ¿que futuro queda? No replico, no quiero entristecer a Tychè. Ella es la esperanza, una promesa de futuro. La llevaré a su colonia para que tenga una oportunidad.

Al menos la he traído hasta aquí. Quiero mostrarle un lugar especial, aún recuerdo como llegar: La Plaza de la Libertad. Entre las estatuas de piedra blancas crece un árbol enorme, milenario, encorsetado entre las baldosas rotas. Aún vive.

– ¿Ves este árbol? Estaba aquí antes que la ciudad. La ciudad creció a su alrededor. Entonces era más joven y pequeño. Y aquí sigue. Éste era un punto de encuentro de la resistencia. Lo llamábamos el Abuelo Libertario.

– ¿Los rebeldes vivíais en las ciudades abandonadas?

– A veces nos encontrábamos y nos refugiábamos en ellas. Era más fácil esconderse y defenderse. También buscábamos material que necesitábamos y no podíamos fabricar.

– ¿Tiras reactivas y combustible? ¡Como nosotros!

– Y armas, sobre todo armas. No éramos ningunos santos. Éramos peligrosos. Y violentos. Cuanta menos esperanza quedaba, mayores eran las locuras, más injustificables. La gente de las ciudades nos temía tanto que sólo quería aplastarnos. Persiguieron por igual las colonias violentas o pacifistas. De hecho los pacifistas fueron los primeros en ser perseguidos. Quedan tan pocos libertarios con vida… – Silencio.  – Hoy descansaremos, pasaremos la noche aquí. Mañana buscaremos material. Si quieres podemos visitar la ciudad. Pasado seguiremos el camino. Ya queda poco para llegar a nuestro destino.

* * *

Buscaremos durante el día de hoy, recogeremos todo lo que nos pueda ser útil. Recorreremos el centro, le enseñaré a Tychè la entrada al metro, dónde trataron de refugiarse inútilmente de la radiación algunos, siguiendo las indicaciones del gobierno.

La ciudad entera dormita sumida en el silencio. El silencio me duele en los oídos.  Silencio violento de las voces violentas que he escuchado toda mi vida, que dejan tras su paso una ausencia dolorosa.  En mis años de soledad he buscado consuelo en ese dolor familiar.

Poco a poco la naturaleza va ganando la ciudad, la va doblegando, la derruye sumiéndola en ruinas. Algún día no será más que una montaña de polvo.

A Tychè le han hecho mucha gracia los maniquís. Al principio no, creía que eran cadáveres. Le he dicho que eran falsos, de plástico.

– ¿Y qué hacen?

– Nada, son para poner ropa.

– ¿Perchas con forma de persona?

Nos hemos reído un rato.

Encontrar las tiras ha sido fácil, pero el combustible escasea en todos lados. Suerte que el vehículo aprovecha muchos tipos. Pero nunca sobra.

Vagando por la ciudad he encontrado una librería. He conseguido un libro de flora y fauna, también un bloc y lápices. Serán un bonito regalo para Tychè. Lo guardaré para la despedida.

En el centro de la ciudad había un parque. Ahora es una jungla. En el centro hay un enorme lago

– ¿Ves el lago? Es el cráter es de un misil Gob. ¿Ves que todo alrededor esta derretido, como quemado? Eran unas bombas térmicas.

– ¿La gente ardía?

– Al momento, se desintegraban. Pero eran peores las armas biológicas. Llevaban dentro virus que mataban sólo a las personas. No había forma de defenderse de ellas. Podían aniquilar una ciudad en cuestión de minutos. De ahí lo de ciudades fantasma. Elysion fue una de las que atacaron de esta forma.  También estaban las armas nucleares, que simplemente dejaban un enorme vacío dónde caían. Es por eso que necesitamos las tiras, para evitar consumir agua o alimentos contaminados.

* * *

Al caer la noche hemos visto moverse luces al otro lado de la ciudad. Alguien está entrando en la ciudad por el oeste. No tengo ganas de comprobar si son amigos o enemigos. No haremos otra noche aquí, partiremos inmediatamente. Saldremos sin encender los potentes focos del vehículo hasta que estemos lejos. Es un riesgo circular de noche, y más a oscuras. Pero no quiero arriesgarme a encontrarme con un grupo de nómadas bárbaros.

* * *

La historia continua en La colonia.

El relato acaba en Libertad.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Poio dice:

    Ya era hora!!! y encima lo dejás así en medio de algo que al parecer se va a poner bueno. Espero que no demores tanto esta vez😀

    sevemos

    P.D.: los protagonistas de esta historia están vaunados contra rubeola y tétanos???😛

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