Arcano XVII: La Estrella

Entrada original del 22/6/08 recuperada.

Ella lo detectó en cuanto entró. Él tardó unos segundos, mientras inspeccionaba el local, evaluaba a los contertulios y se dejaba sumergir en la marea de los suyos. Ella sintió repulsión al primer vistazo, pero sabía disimular muy bien. Fingió ser la inocencia personificada. Ensimismada, desamparada. Una princesa esperando un caballero que la rescatase, perdida entre los lobos. Era algo que le iba muy bien, no tenía que esforzarse.

Inmediatamente comenzó el juego. Sintió la mirada de él resbalando por su cuerpo con lascivia. Intuyó algún comentario grosero hecho a sus compañeros en la distancia. Poco después encontró alguna escusa banal para acercarse a ella y entablar conversación. Un aura de olor desagradable a sudor, a agrio y a colonia en exceso le precedió. A pesar de vestir de traje, éste era de pésima calidad y peor gusto. Ella apenas hablaba, mantenía una expresión neutra, ni risueña ni severa, que no dejaba adivinar a su interlocutor la reacción que provocaba en ella. Entonces ella lo miró fijamente, con su mirada profunda, penetrante, durante unos segundos que se alargaron elásticos en el tiempo. Sabía que su mirada quemaba a los hombres por dentro. Luego contestó y bajó la mirada, como tímida o distraída.
Al bajar la mirada, sin pretenderlo, su vista recorrió el cuerpo de él y los detalles quedaron grabados en su mente: la forma de huevo del cuerpo, las manos gruesas y descuidadas con el fino anillo de casado que oprimía el dedo, la corbata chillona con el nudo mal hecho y corta, los pantalones algo arrollados, los calcetines finos de ejecutivo y los zapatos llenos de polvo. La imagen se quedó en su mente, como una fotografía, a pesar de que trataba de huir de ella. Clavó los ojos en un neón de la barra , como si quisiera quemar la visión en su retina.
Él interpretó el gesto como un triunfo, y dio el siguiente paso de su ataque. Comenzó a hablar tratando de deslumbrara con su inteligencia y su humor. Hablaba de política, de economía, de filosofía y la vida en general, como si el suyo fuese el único juicio posible. Le hablaba con altivez, como si le estuviese dando una lección. Un listo, pensó ella. Le aburría toda aquella pedantería. Pero en su cara nunca se reflejaban esos pensamientos, salvo a veces por un encantador mohín indescifrable. Hablaba también de su trabajo, de lo importante que era, a pesar de ser indefinible.
Mientras iba hablando miraba de vez en cuando furtivamente a sus compañeros. Al fin y al cabo una conquista no sirve de nada si no se puede presumir. Era incapaz de preguntarse qué demonios hacía aquella chica sola en aquel antro. En un lugar como aquel y con el vestido provocador que llevaba, a pesar de su aspecto inocente, tenía que ser una buscona, una zorrita.
Los comentarios se volvieron un poco verdes, a veces machistas o provocadores, pero ella seguía inmutable, sin dejarle ver sus cartas. Tal vez era demasiado joven. Se preguntó si no sería menor. Parecía tener 20, pero las jovencitas de hoy en día se desarrollan muy rápido, se pintan y se visten como putas y parecen mayores. Ella notó el punto de inflexión. Contestó a alguna pregunta de forma mordaz, con doble sentido, dándole pie de nuevo. Él se desató con los dobles sentidos y las insinuaciones. El ambiente se caldeó y el alcohol fluyó generoso. Estaba invirtiendo en emborracharla, aunque el que acabo ebrio fue él. Antes de darse cuenta le estaba haciendo proposiciones guarras. Ella en vez de escandalizarse o marcharse, le siguió el juego. Parecía contener un erotismo intrínseco e irresistible, que le hacía desear poseerla.
Estaba muy cachondo y le propuso ir por ahí. Ella le dijo que antes tenía que ir al tocador. La observó alejarse contorneándose sin poder apartar la vista de su culo y sus largas piernas. Cuando la perdió de vista, y estuvo al fin fuera de su influjo, se preguntó si no sería alguna de aquellas calienta braguetas que desaparecen o que cortan el rollo después de calentar a un hombre.
Pero reapareció, resplandeciente, con un brillo que no era de este mundo. Parecía tan frágil, hermosa y brillante… Eso acrecentaba el deseo de él de poseerla, borrar ese resplandor hiriente…
Se dispusieron a marcharse. Al salir la dejó pasar primero mientras el giraba la vista a sus amigos y hacía gestos obscenos. Sentía complacido la envidia de los demás. Era el campeón de la noche. Se llevaba el mejor trofeo.

Acabaron en una pensión. Siempre era la misma historia, todos querían lo mismo, aunque con matices de forma. Aquel tipo peludo, de culo plano y fofo, barba mal afeitada, calva prominente y olor desagradable le daba asco, pero se dejaba hacer. Sabía que luego estaban irremediablemente perdidos. Era parte de la maldición. Tal vez todos en el mundo tenían una maldición, y repetían una y otra vez su propia escena maldita con variación de fondo. Que ironía. La vida era una perra, pero había que reconocer que no le faltaba sentido del humor, aunque fuera retorcido y cruel. Mientras soportaba las acometidas de él, que tenía especial predilección por ponerla a cuatro patas, se veía reflejada en un espejo. Se preguntó si a él le importaba una mierda cómo se llamaba ella. No pudo evitar sonreír. Todavía no, claro. Pero pronto iba a importarle, más que nada en el mundo.
Cuando acabaron aquel gigantón fofo apenas tenía resuello. Tenía una sonrisa de bobo irreprimible. Siguió hablando y hablando por su bocaza: había sido el mejor polvo de su vida. Cuando la miró, aún medio extasiado, con el cuerpo paralizado de placer, las cosas no sucedieron cómo esperaba. No la había humillado. Ella aún resplandecía. Era algo tan grande, lejano, hermoso, brillante, inalcanzable… Tumbado bocarriba comenzó a farfullar que la amaba y la deseaba más que nada en el mundo. Ella sonrió. La maldición comenzaba a hacer su efecto.

Llamaron a la puerta del cuartucho, golpeando de forma impertinente. Ella abrió, aún desnuda. Fuera había un hombre que la llamaba Lucía. Siempre se sorprendía de los nombres que les daba a los hombres. Nunca se reconocía en ellos. Se preguntó cual sería el nombre de aquel infeliz. Tampoco se aprendía nunca sus nombres. Los llamaba cariño, querido, corazón…
Todos se acercaban a ella con arrogancia. Aparecían estuviese dónde estuviese, como insectos. Ninguno era capaz de resistirse, de desengancharse de ella. Aquellos tipos sicalípticos eran incapaces de comprender que ella era simplemente un espejo, el reflejo del que se asomaba, de su propia sordidez. Con el tiempo se había especializado. Los cogía de la mano y los acompañaba, corriendo veloces, en pos de su propia autodestrucción.

El hombre de la puerta era un tipo cuarentón, atractivo y rico. Lo recordaba. También a su joven y flaca esposa, obsesionada con su aspecto y con el dinero, frígida e insensible. Los había conocido juntos y él le había tirado los tejos delante de ella. Usar y tirar, pensaba él cuando la conoció. Su mujer, con una mezcla de resignación, odio y superioridad, también pensó lo mismo.  Pero allí estaba él, buscándola en la puerta de una pensión cutre y anónima, desesperado, demacrado, hablando de amor. Gritaba, dolido de que estuviese con aquel gordo perdedor. Ella se giró, el hombre se había dormido, o fingía dormir, desnudo sobre la cama, despatarrado hacia la puerta. Aprovechó para salir fuera y entornar la puerta tras de sí. Él levaba un anillo. Primero exigió, luego suplicó y prometió, por último quiso tomarla por la fuerza. Ella lo apartó con un roce de su mano. Prolongaba la agonía de aquel insensato porque dejarlo morir sería un regalo para su esposa.

-Deja que me vista, luego invítame a tomar algo.-

Entreabrió la puerta y se coló dentro. El hombre gordo no estaba en la cama. Rebuscó, encontró su vestido en un rincón. Se calzó sus tacones de aguja. El gordo colgaba  balanceándose desde el ventilador en el centro del cuarto, estrangulado con su propia corbata. ¿Tan frágil era aquel gigantón que un soplo había bastado para tumbarlo? Lo observó balanceándose lentamente, ya sin vida, perdiendo el color, desnudo y con la lengua fuera. Hay que equilibrar, pensó. Salió sin mirar atrás. Una princesa entre los lobos.

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Si quieres saber algo más de la imagen, clica en ella.

11 Comentarios Agrega el tuyo

  1. maníasmías dice:

    .
    yo también
    .
    .
    .
    soy
    .
    .
    .
    efímero
    :

  2. Poio dice:

    El brillo de una mujer es la peor de las armas, pero también la mejor razón por la cual morir. Ya quisiera yo morir enamorado del brillo de una mujer.

    Bah… Me parece que me estoy contagiando de Manuel Mandeb y de los Hombres Sensibles de Flores.

    Muy pero muy muy bueno el cuento. Ya extrañaba estos relatos.

    sevemos

  3. fanou dice:

    Señor de las manías suyas, todo es efímero. Frágil, casual y efímero. Es tan sorprendente que las cosas sean como son…
    Gracias por la visita.

    Poio de nuevo gracias. El ego es el alimento de la artista, y más hambrienta está cuanto más fracasada.

  4. maníasmías dice:

    .

    nos omoc lat nos sasoc sal

    .

  5. fanou dice:

    etnednerpros res ed ajed on y, ís.

  6. maníasmías dice:

    .
    …ajajajaj

    !odreuca ed
    :

  7. Camaché dice:

    esto me encantó “Que ironía. La vida era una perra, pero había que reconocer que no le faltaba sentido del humor”.
    Buen relato. Pero se me hizo demasiado fantasioso ver al tipo colgando tan de repente.

    Saludos.

  8. Concha Huerta dice:

    Una mujer brillante desencantada del sexo. El sexo como arma. Que practico habria resultado esta arme durante las vejaciones a que tantas fueron sometidas. Un relato soberbio e implacable. Enhorabuena.

  9. MX dice:

    Hay mujeres veneno, mujeres imán,hay mujeres consuelo, mujeres puñal…
    Me gustan mucho tus arcanos, Fanou. Se luce lo imbricado y lo lúgubre en las palabras. Saludos!

  10. annefatosme dice:

    Una mujer que usa sus encantos para destruir a los que le han destruido previamente. Me gusta mucho como se desenvuelve el relato, puro humor negro.
    Un saludo,

  11. fanou dice:

    Gracias por seguirme en esta re-visita de uno de mis textos.
    Camaché: Hay frases del texto que me gustan mucho. Me gusta construir con palabras, experimentar. Este texto tiene frases con fuerza. Sobre el final, sí que es muy precipitado, pero es que siempre se me van de largos y quería que fuese muy conciso. Personalmente no sólo encuentro mejorable el final. Releyendo, encuentro que el principio es un poco lioso, algo falla, y podría mejorar.
    Nunca terminaría de corregir mis textos, siempre que releo, encuentro algo que cambiar…
    Concha: La protagonista es un arquetipo, una exageración, una mistificación de un concepto, ella misma es un arma. Aunque tiene claro que está maldita.
    Mx: Los arcanos… Son uno de mis más queridos proyectos. Comenzaron con este blog y son un proyecto tan largo y yo soy tan lenta…
    Anne: Me gusta que lo veas como humor. No lo quería escribir como relato humoristico. Pero no pude evitar el humor negro.
    Muchas gracias a todos por leer.

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