El Regreso.

*Anteriormente:

Parte 1, parte 2, parte 3, parte 4, parte 5, parte 6, parte 7, parte 8.

Pasamos un tiempo agradable custodiadas de cerca por el unicornio, y la tarde estaba ya bien avanzada. Calculé que para desandar el camino necesitaríamos más tiempo. Tendríamos que pasar otra noche en la Jungla. Me preguntaba si no era mejor acampar allí aquella noche y partir la mañana siguiente. Pero tal vez necesitase más de un día y más de dos para encontrar la salida, era mejor partir cuanto antes.
Me daba cuenta de que la estancia en aquel claro, respirando almizcle, comiendo vayas y bebiendo agua plateada era narcotizante y adictiva. Cuanto más tiempo permaneciésemos en aquel lugar encantado, menos ganas de partir tendríamos. Mejor ponerse en marcha mientras aún tuviese ánimo.

Comenzamos a movernos perezosamente. Recogimos todo, cargamos agua y comida y nos dispusimos a encontrar el camino de vuelta. Entonces el unicornio dio unos rodeos a nuestro alrededor antes de dirigirse hacia un lado del claro. Con su cuerpo apartó la maleza y dejó al descubierto uno de aquellos pasajes, igual que aquel por el que habíamos venido. El unicornio pasó del todo y desapareció al otro lado.

– Por allí – le señale a Qioh-Vai. Y nos pusimos en marcha.

Al entrar en la senda la maleza se cerró detrás nuestro, igual que sucediese con el unicornio. No miramos atrás. Caminamos sin dudarlo por el camino. Era una senda despejada y fácil.
Durante el camino de vuelta sentí la tribulación de Qioh-Vai. Comenzaba a conocerla bien. Esperé a que me hablase pero no se atrevía. Volvía a ser la chiquilla tímida del principio.

– ¿Qué es eso que te atormenta Qioh?

– Si logramos volver yo habré pagado con la deuda de mi familia, ya no seré propiedad de nadie. Pero cuando sepan de nuestra hazaña, cuando descubran que soy una niña-espíritu, me temerán. No se atreverán a matarme, pero me dejarán morir. Tal vez me entreguen a los espíritus- demonio. En mi pueblo no quieren chamanes mujer. En cualquier caso tendré que partir. En mi sueño vi que moría caminando en tierras áridas – hubo un silencio -. He aprendido de ti que una mujer puede ser fuerte y tomar las riendas de su destino. También he visto que uno puede interpretar un mal augurio de una forma nueva, transformándolo en un camino diferente.

– La muerte puede simbolizar el cambio, el comienzo de algo nuevo.

-Llévame contigo, lejos, en tu avión.

La petición me sorprendió. Luego me reí de mi misma ¿Cómo era posible que me sorprendiese semejante petición? El avión era la promesa de un mundo nuevo y fascinante, eran nuevas aventuras, la promesa de la emancipación para Qioh-Vai. Traté de advertirla sobre el mundo mezquino, cruel, también dominado por hombres y demonios que estaba más allá. Mientras lo hacía su sonrisa brillaba, pues sabía que yo había aceptado.

Justo antes de anochecer, cuando el sol se hundía entre los árboles, el camino desapareció, la maleza se despejó sensiblemente y nos encontramos en el lindero de la Jungla. Cuando salimos había una pequeña comitiva de recibimiento. Al parecer los espíritus habían avisado de nuestra llegada. Aunque por el estado de la zona de campamento comprendí que habían estado allí esperando. Si no sales de la Jungla en cinco días no sales nunca. Al menos eso decían los hombres del consejo. Habían estado velando y rezando a los espíritus por nosotras.

En el poblado nos recibieron con alegría y alborozo. Contamos nuestra historia, omitiendo que no habíamos matado al unicornio. Enseñé las pruebas: el cuerno y pelo del animal. Qioh-Vai habló del árbol Maureak, y enseño las flores y los frutos. Esa noche hubo una gran fiesta. Yo había cumplido con mi misión y con las expectativas, era digna heredera de mi clan. Qioh-Vai era libre y su familia había recuperado la honra. La comida y el licor fueron servidos sin mesura. Se interpretaron las danzas de alabanza y agradecimiento a los espíritus. Qioh-Vai cantó su canción nueva y la enseño a los niños. La noche fue larga y sin sueño.

Apenas había un sensible aumento de la luz cuando desperté a Qioh-Vai para avisarla de nuestra partida. Me acerqué al jefe y me despedí, agradeciéndole todo. Nunca me han gustado las despedidas largas. Asintió cuando le comuniqué la intención de llevarme a Qioh-Vai. Ella apareció enseguida con un equipaje tan ligero como el que llevase a la Jungla.
Nos escapamos solas, en silencio, hacia la rudimentaria pista de despegue. Saqué mi pequeño avión de la lona vegetal que lo cubría y lo empujé, ayudada por Qioh-Vai hasta el inicio de la pista. Pronto despegábamos. El ruido despertó a algunos en el poblado, que salieron a despedirnos atropelladamente, sorprendidos por lo prematuro de nuestra partida.

La curiosidad vencía el miedo de Qion-Vai, que estaba emocionada. En el trayecto de vuelta traté de darle tanta información como pude sobre el mundo. Contesté a todas sus preguntas. En la primera parada para repostar le compré ropa, una mochila y algunos útiles. En la siguiente la dejé explorar varias horas por su cuenta en la ciudad, mientras yo movía algunos hilos para conseguirle documentación, que nos esperaba de la mano de un viejo amigo en el siguiente alto. Sentía que nuestra separación era inminente.
La noche siguiente, en mitad del vuelo, me señaló una ciudad en el mapa sólo un poco alejada de nuestra ruta, y me preguntó si podía dejarla allí.

– ¿Por qué aquí?

-¿Por qué no? El nombre de esa ciudad tiene que ver conmigo.

La dejé cuando amanecía. Le dí bastante dinero, un pequeño paquete cerrado con un regalo, mis señas y mi número de teléfono. Ella me dio un regalo también a mí. Nos despedimos rápida y emotivamente. La vi alejarse pensando que era una persona de gran valor y coraje. Tenía suerte de haberla conocido, de haber contado con ella como compañera, y de ternerla desde entonces entre mis amistades.

Es sabido que Qioh-Vai se hizo una gran hechicera, era conocida sólo en un reducido circulo, pero acabó conociendo a todos los poderosos y reclamó su lugar entre ellos. Aunque gran parte de sus artes eran ilusiones y artificio, no se podía dudar de que tenía la marca, hablaba con los espíritus y ellos hablaban a través de ella.

Yo llegué un martes por la noche a casa, sola y escribí mi historia en el libro de páginas amarillas, forrado de piel negra. En el que estaban las voces del clan desde muchos años atrás y que debía viajar hacia el desconocido futuro de los de mis linaje.

.

Aquí concluye, señoras y señores, la historia que nos ocupa. Espero que se hayan divertido.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Poio dice:

    Buenísima toda la historia… que lástima que tenga que terminar. Ahora sí, me dejaste con la duda de donde se bajó Qioh-Vai. Por cierto, algún parentesco con Steve Vai???

    sevemos

  2. fanou dice:

    ¿Y no sientes curiosidad por saber que se regalaron?
    Nada que ver con Steve Vai. Además me da a mí que Qioh-Vai cambió de nombre con su nueva identidad.
    Al final me ha quedado más largo de lo que creía y he tardado mucho en terminarlo.
    Pero no está mal.
    Gracias Poio!

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