Sueños en la Jungla.

*Anteriormente:
Parte 1, parte 2, parte 3, parte 4, parte 5, parte 6.

Tras ingerir las bayas azules caí rápidamente en un sueño inquieto y turbio. Sentía los espasmos de mi cuerpo, mi mente encerrada dentro, sin llegar a percibir el exterior. La consciencia no me había abandonado del todo y me acompañaba cierta sensación de alarma. Entonces llegaron las alucinaciones. En

El Sueño

Pude ver que en mi interior ardía una llama. Esa llama me calentaba, me mantenía viva, me empujaba de un lugar a otro. La llama era un demonio, pero era lo más divino que poseía. Guardaba la llama celosamente y la escondía. La luz de la llama iluminaba un camino, y yo caminaba siguiendo el sendero. El camino me llevaba por lugares conocidos de mi pasado: Primero vi la pequeña ciudad en la que nací. Luego visité el pueblo en el que pasaba los inviernos, la casa antigua, grande, fría y llena de misterios que ya no existe. Siguiendo el sinuoso camino llegué a la playa amarilla, en el pequeño pueblo pesquero, correteando por las empinadas calles en las que se veía la sombra de las aves marinas en vuelos circulares que acababan en la fuente de la plaza. Luego visité bosques y jardines, laberintos vegetales indefinibles y sin salida, llenos del romanticismo trágico de la adolescencia. Finalmente divisé los lugares sofisticados, las casas conocidas, refugios de mi madurez.
Por fin llegué a la Jungla. La Jungla era enorme, como un océano verde azulado. Me hacía sentir pequeña, consciente de mi propia insignificancia. La Jungla me reconoció, me dejó pasar, me engulló. Poco después en el camino me vi a mi misma durmiendo profundamente en un lecho de hierva en la oscuridad de la noche. Unos metros más adelante en el camino había una fuerte luz blanca. Me acerqué y pude comprobar que la luz surgía de un ser, una especie de animal a cuatro patas que cambiaba los límites de su forma rápidamente, no permitiendo que reconociese de que animal se trataba. Todo aquel ser brillaba con una luz blanca que iluminaba el sendero por el que yo iba, más lejos de lo que yo misma podía alumbrar con mi pequeña llama. En aquel punto el sendero se bifurcaba en montones de caminos y el ser miraba hacia ellos, ignorándome a mí. Entonces una lanza salió silbando desde detrás mío. Reconocí la lanza, era la lanza ritual grabada con runas. La lanza acertó en el corazón del ser, que cayó abatido de inmediato. Al tocar el suelo se volvió una mancha de oscuridad. Dejé de ver los caminos más allá, la oscuridad los había engullido. Un ser de oscuridad, igual pero opuesto al ser de luz, se alzó en el lugar en el que había estado el otro unos instantes antes. La lanza ahora era su cuerno y lo enfilaba hacia mí. Rugiendo furioso comenzó a correr con la intención de atravesarme. A su paso la oscuridad lo engullía todo. Yo comencé a correr en dirección contraria, desandando el camino. Pero el ser oscuro era mucho más rápido y pronto me atraparía.

Cuando intuía que estaba a punto de ser atravesada desperté, presa del pánico y la agitación. Al parecer grité y Qioh-Vai despertó también, dando un salto y desenvainando rápidamente un pequeño cuchillo que llevaba oculto entre las ropas. Miró en derredor con los ojos muy abiertos, hasta que por fin su mirada se concentró en mí.

– Lo siento, ha sido una pesadilla – dije, cuando logre dominarme.

Qioh-Vai envainó el cuchillo que quedó perfectamente oculto de nuevo y se sentó a mi lado – ¿Una pesadilla? Explícamela – Dijo quedamente. Y le expliqué lo que había soñado.

– Está claro. El ser de luz y de oscuridad son el mismo: el unicornio. Las runas de la lanza ritual son una representación de Monoceros como ser de luz y oscuridad a la vez. Mi pueblo cree que el unicornio es un ser divino que quedó fuera del País de las Brumas cuando Magore construyó el muro que separa los dos mundos, pero tiene la capacidad de quebrantar el muro, de pasar de un lado a otro. Quien lo cace tiene el privilegio de pasar una vez y volver del País de las Brumas. Pero tu sueño deja claro que no debes cazarlo, no debes apoderarte de ese privilegio ¿Realmente necesitas caminar por la tierra de los muertos?

No pude contestar a esa pregunta, había un nudo de amargura en mi garganta. Conteniéndome a duras penas alegué:

– Magore no es mi dios.

– Pero es el dios de la Jungla y la Jungla si que tiene que ver contigo.

Mientras hablábamos la oscuridad se había ido disipando, desvaída por la luz que precede al alba. El sol pronto se alzaría en el horizonte. Tras un largo silencio secundado por la Jungla, en el que finalmente logré dominar mis emociones, rompí la quietud.

– ¿Y tú, que has soñado?

Qioh-Vai me dio la espalda y comenzó a recoger el campamento.

-He soñado que moría – dijo débilmente -.

.
No han sido sueños agradables, pero el futuro siempre depara sorpresas. Nos hallamos cerca del final, no dejen de leernos en la próxima entrega.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Poio dice:

    Guau… me dio miedito el sueño… parecido al efecto del floripondio el de las bayas… y “ofcors” que sigo leyendo, hasta el final 😀

    sevemos

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