Historias alrededor de la hoguera.

Anteriormente:
Parte 1, parte 2, parte 3, parte 4, parte 5.

Cuando acabé de contar mi historia la noche había avanzado; las estrellas evolucionaban en su recorrido por la cúpula celeste, bailando hasta alinearse con los caminos del sino de los hombres, o tal vez alejándose de ellos. Qioh-Vai las miraba cuando comenzó a contar su historia, que habla de:

La Leyenda de Kalfu-Nguëpi.

Hace tiempo, cuando el mundo estaba recién creado, no existía una barrera infranqueable entre el País de las Brumas y el mundo de los vivos. Los dioses estaban acostumbrados a mezclarse en los asuntos de los humanos, seres de todo tipo caminaban libremente por la tierra y los muertos visitaban a los vivos. Los humanos buscaban favores y consejos divinos continuamente.
Magore observó que eso no era bueno. Las rencillas nunca terminaban, los hombres no daban un paso solos, y la vida o la muerte no tenían valor. Decidió poner un muro entre el País de las Brumas y el mundo de los vivos, con una única puerta custodiada por dos leones. Los hombres que la atravesasen hacia el País de las Brumas perderían la vida, y no podrían regresar jamás. Los seres divinos que la atravesasen sin permiso quedarían expulsados del País de las Brumas. Los muertos que tratasen de atravesarla de vuelta perderían su identidad y su alma quedaría dispersa. Magore prohibió a los dioses aconsejar a los hombres o intervenir directamente para en sus asuntos. La humanidad quedó desamparada, era un niño que debía aprender y crecer. Debían ser libres para escoger, para equivocarse, para vivir y morir.
Los dioses se hicieron distantes, invisibles, impasibles, casi irreales a los ojos de los hombres. Llegó una época de oscuridad. Muchos perdieron la fe. Los demonios aprovecharon a oportunidad para sembrar tinieblas. Comenzó el llamado llanto de los muertos, que aún no ha cesado y que se oye continuamente en el País de las Brumas, aunque esto es otra historia.

Algunos dioses intercedieron a favor de los hombres ante Magore: ¿por qué castigas así a los hombres?. El dios enfureció, nadie era capaz de ver libertad en el desamparo divino. Entonces una diosa observo la pena de Magore. Se llamaba Kalfu-Nguëpi, nombre con el cual se conocen también las vayas azules en la lengua de Qioh-Vai. Kalfu-Nguëpi era una de las hermanas del Dios Sueño, trabajaba tejiendo sueños. Escuchó la aflicción del dios y tras meditar un rato le dio una solución:

– Los sueños tienen un lenguaje propio, lleno de símbolos y espejismos. Dejemos que los hombres puedan reencontrarse con muertos y reconciliarse en sueños, sin tocarse. Dejemos que vean el País de las Brumas, aunque no estén allí realmente. Dejemos que reciban respuesta divina cuando la necesiten. Pero no todos los sueños serán reveladores, y aún cuando estos lo sean, los hombres no sabrán distinguirlos. Recibirán señales, pero no reconocerán en ellas la voz de los dioses.

Magore quedó fascinado por esa idea y desde entonces decidió que Kalfu-Nguëpi se dedicase únicamente a tejer esos sueños. Pasó a ser la diosa de los sueños verdaderos y la encargada de comunicar a los vivos con los dioses y los muertos. Pero son muy pocos los sueños que teje Kalfu-Nguëpi, y hay personas que no sueñan jamás un sueño verdadero.

Un poderoso hechicero de mi tribu fue maldito por un demonio en el pasado y perdió todo su poder. Suplicó a Kalfu-Nguëpi, que es nuestra diosa protectora que de entre todos los poderes le devolviese la visión del País de las Brumas. Tanto se torturo el hechicero como sacrificio ante la diosa que esta le contó el secreto de las bayas azules. Ella no tenía el poder para devolverle la visión del País de las Brumas, pero las bayas logran que cualquiera vea al otro lado temporalmente.

-Las bayas son muy escasas, sólo crecen aquí en la Jungla y se estropean rápidamente.- Tras lo cual Qioh-Vai concluyó: – Deberías tomarte tus bayas esta noche, tal vez te ayuden en tu búsqueda.

Extraje los frutos de la pequeña bolsa en la que las había guardado y sin más miramientos las consumí. Cuando a una le dan un buen consejo es mejor seguirlo. El gusto era dulce, aunque con un fondo algo picante. Qioh-Vai sonrió y me imitó. Tras eso el sueño llegó muy rápido.

.

Nos hemos quedado dormidas e indefensas, atrapadas en una visión narcótica del País de las Brumas ¿Qué nos deparan los sueños de la noche? ¿Qué acontecerá el día siguiente: el día señalado? No se pierdan los próximos capítulos, nos acercamos al esperado momento.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mna dice:

    Vaya, muy bueno. Continúa escribiendo.

  2. Poio dice:

    Quedó bueno el nombre al final… pero yo también quiero bayas azules!!! 😛

    sevemos

  3. Eliseo dice:

    No puede ser que lleguemos tan pronto al final…

  4. Topa dice:

    Tanto tiempo que no pasaba por aqui. Muy bueno.

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