…seguimos a la caza…

Este relato es una continuación:
Parte 1, parte 2, parte 3.

Al acabar el relato Qioh-Vai el sol había descendido en la bóveda del cielo y entraba oblicuo entre las ramas de los arboles. Los rayos hacían brillar el polvo en su caída transversal y componían un teatro de siluetas en la espesura del suelo, unas siluetas fantasmagóricas animadas por la brisa. Recogimos rápidamente el pequeño campamento y nos pusimos en marcha de nuevo. Se había operado un cambio, fue evidente para las dos. Tal vez era que estábamos más receptivas. Los ruidos de la Jungla dejaron de ser ruidos lejanos, irreconocibles e ilocalizables. Ahora eran como un susurro cercano de voces, llamadas y advertencias que me indicaba un camino. Lo seguí, sabiendo que las voces de los espíritus muchas veces son un llamado a la muerte.

No pude evitar recordar aquella vez que las voces me habían engañado en un bosque mucho más pequeño que la Jungla, siendo yo aún joven. Las voces cantaron en mi oído, me llamaban. Me hicieron alejarme de mi padre en un descuido de la pequeña comitiva, acercándome peligrosamente hasta un precipicio velado por la maleza. Paso tras paso llegué hasta el borde sin saber que estaba allí, sentí el mareo y cierto alboroto en el canto, que se transmitió inmediatamente a mi pulso. Sentí en mi sangre su victoria, que era mi muerte: ya casi era uno de los suyos, un espíritu del bosque. Pero en el último momento, cuando mi cuerpo estaba volcado hacia adelante posé una mano en un árbol, un quercus. La fría y quieta conciencia de éste me hizo despertar de mi encanto. Con la otra aparté la maleza de zarzas: dolor, despertar y el precipicio profundo y rocoso aclarándose ante mi vista. Volví temblando junto a mi padre, aunque nunca le conté lo ocurrido. Había oído sus voces, su canto. Sería más fuerte la próxima vez, me dije a mi misma.

Entonces no tuve dudas de mi fortaleza, ahora sí las tenía. Pero al menos era consciente y conocía el precio. Qioh-Vai sentía una gran inquietud y me seguía con cierto recelo, con cierta reticencia. Era como un animalillo que presiente el peligro. Se iba quedando atrás. Mi paso era decidido y ligero, y pronto la perdí de vista. Pero no aflojé el paso, estaba tras la pista y no quería perderla.

– Cantad para mí – Le grité a la Jungla. Ahora sentía las voces más cercanas, pasos furtivos delante, detrás a los lados… cerca.

Sabía que me estaba alejando demasiado de Qioh-Vai, así que comencé a dejar deliberadamente rastros para que pudiese encontrarme. Hollé el barro con mis botas, rompía ramitas a mi paso, cortaba con mi machete la maleza aquí y allá, mientras me movía veloz, casi a la carrera.

De repente las voces pararon. Me detuve al instante, alerta, escrutando los alrededores, a la defensiva, con el machete alzado. Silencio, quietud. Poco a poco mi pulso agitado fue calmándose. Estaba en un claro despejado en el que había un manantial. Junto al manantial había huellas, pisadas de unicornio. Un unicornio de gran tamaño había llegado hasta la charca a beber desde un lado de la espesura y se había alejado en un angulo de unos noventa grados.

Entonces comenzó la persecución del cazador: el lento descifrar y perseguir del que busca su presa leyendo en los rastros. Seguí así un largo trecho. A veces perdía el rastro y justo cuando creía haber equivocado la dirección, éste volvía a aparecer. Al cabo sentí tras de mí como Qioh-Vai se acercaba. Cuando estuvo suficientemente cerca comencé a llamarla cantando su nombre en un corto grito agudo, como hacen los de su tribu, y ella me respondía de igual manera. Enseguida la vi aparecer entre la espesura. Su rostro pretendía estar imperturbable, pero el miedo aún hacía mella en su semblante. Me siguió en silencio a cierta distancia, acabando de controlar sus emociones mientras yo seguía concentrada en mi persecución. Tal vez pasaron unas pocas horas, perdí la noción del tiempo, la Jungla había vuelto a volverse opaca, muda. Al fin habló.

– El sol está a punto de ponerse.

Por un momento me debatí contra esa idea. Quería seguir el rastro, lo tenía frente a mí. Pero la luz se estaba extinguiendo y de noche no podría seguir, acabaría perdiéndolo y además sería peligroso.

– Deberíamos buscar un lugar y montar el campamento de noche – Dije al fin. Esto alivió la tensión de Qioh-Vai. Ahora la veía muy frágil. Le pedí que precediera la marcha en la búsqueda del lugar para acampar.

Nos alejamos un poco del rastro subiendo un pequeño cerro. Se detuvo a medio ascenso, en un lugar resguardado junto a una gran roca. Había un pequeño claro en el que pronto ardió una hoguera. El sol se puso rápidamente y pronto era noche cerrada. Preparamos una cena caliente con algo de la carne y tortas recalentadas. Apenas hablamos durante la cena. Comenzaba a hacer frío y las primeras estrellas de la noche comenzaban a recorrer su camino en el cielo. Preparamos un par de lechos junto a la hoguera. Yo me envolví en mi saco de dormir y puse mi mochila como almohada. Qioh-Vai se envolvió en una capa grande y parda.

– Hablas con los espíritus. – La muchacha habló en el silencio inmediato al terminar nuestro acomodo. No sabía si era una pregunta o una afirmación.

– Los oigo, pero no estoy segura de que yo hable con ellos. No sé si pueden o quieren escucharme.

-Los invocaste, yo lo escuché. Los llamaste y respondieron.

– ¿Así tú también los oyes? ¿Eres una niña-espíritu? Haces bien en temerles. – Hubo un silencio largo.

– Cuéntame otra historia – Me pidió al cabo.

– Está bien, pero por la noche hay que contar historias diferentes, ¿estas lista para una historia de noche?

Qioh-Vai asintió sonriendo. Al fin y al cabo no se había acabado todo su valor. – Pero luego tu deberás contarme otra a mí… Bien te contaré una historia de mi viejo continente…

.

Interrumpimos aquí nuestras aventuras, quedándonos en el bosque, junto a la hoguera para contar historias de noche, pero eso será a la próxima vez, en que escucharemos una historia antigua de damas y caballeros.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Poio dice:

    Segura o no de tus fortalezas, invocaste y enfrentaste a “la Jungla”… según como termine tu aventura sabremos si fue una decisión valiente o una estúpida.

    Espero ansioso el nuevo relato…

    sevemos

  2. Mna dice:

    Muy bueno. Ya quiero seguir leyendo.

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