Fanou cumple 30 años. Recomendaciones para más de un fin de semana.

He ido escribiendo esta historia en mi cabeza desde el día en que teóricamente comienza el relato, el día 4 de abril. Ese día alguien me hizo la misma pregunta que se formula al principio del relato y supe qué quería contestar. He ido escribiendo poco a poco, elaborando los enlaces, y disfrutando. He disfrutado mucho y he recordado el tipo de historias que me encanta tejer, cuentos locos. Todos deberíamos cazar un unicornio alguna vez.

Fanou cumple 30 años y va a cazar un unicornio.

“- Fanou, vas a cumplir 30 años. Conociéndote vas a montar una buena fiesta ¿Qué es lo que piensas hacer ese día tan especial?

En realidad el mismo día 7 no hubo una gran fiesta, pero algo importante aconteció. El viernes día 4 me percaté de lo cerca que estaba el día de mi 30 aniversario. Era terriblemente inoportuna la efeméride, pues caía en lunes. Un lunes no puede organizarse una fiesta digna de llamarse fiesta. Adelantar un aniversario es algo de mal gusto. La fiesta debía esperar. Sin embargo no podía dejar escapar una fecha tan señalada sin hacer algo significativo.

Este pensamiento no me dejó pegar ojo aquella noche. Pero al llegar los primeros signos de la madrugada, cuando la oscuridad comienza a disiparse, mucho antes de que salga el sol, ya tenía la respuesta. Preparé una maleta ligera y me fui hacia el pequeño aeropuerto de mi pequeña ciudad. Allí fleté un aeroplano ligero sin piloto, en mi club aeronáutico. Iba a ser mi primer vuelo en solitario, sin ninguna compañía. Pero lo apremiante del tiempo obligaba. Cuando el sol salía yo despegaba.

El vuelo fue largo, rutinario, duro, aunque sin sorpresas. Pasaron varias horas de vuelo, varias escalas en discretos aeropuertos en los que la noticia de mi escala llegaba poco antes que yo misma y varias travesías sobre el mar. La única compañía fue una voz amiga al otro lado de la radio, libros y las maravillosas vistas. Veinticuatro horas después de formulada la pregunta divisaba mi destino: aún había tiempo.

Mi destino era una X en un mapa dejada tiempo atrás expresamente para mí. Un pequeño poblado a las puertas de la misteriosa y mágica Jungla, en lo profundo del Continente Desconocido. En la Jungla los rinocerontes aún era unicornios. Sabía que tarde o temprano debería cazar mi propio unicornio ¿Qué mejor oportunidad que mi 30 cumpleaños? Así lo expuse al llegar.

No se puede decir que me estuviesen esperando, pero tampoco les sorprendió mi llegada. El consejo de sabios de la tribu se reunió y se tomaron la noche para parlamentar, meditar y consultar con los espíritus. Mientras me dejaron ocupar la cabala que pertenecía a mi Clan, mantenida en honor a mis antepasados.

Estaba inquieta por la decisión que debía tomar el consejo. Sin su autorización no podría entrar en la jungla. Tal vez mi viaje hubiese sido en vano y mi aventura acabase antes de empezar. El calor asfixiante y los ruidos desconcertantes de la Jungla no ayudaban. Pasé mi segunda mala noche. Cuando el primer rayo de sol rasgó el horizonte salí de mi cabaña. Estaba impaciente. Me condujeron entonces ante el consejo.

– Pequeña Fanou, hija de Agnus, hijo de Diago, hijo del gran Thor – comenzó el más aciano de los ancianos -. Creemos que no debes entrar en la selva, pues aunque llevas la sangre legitima de tu clan, eres una mujer, sola y débil. Pero los espíritus han hablado, y han sido claros. Tienes derecho a entrar. Pero sólo podrás entrar una vez, sólo una oportunidad. Si no logras cazar tu unicornio, perderás esta cita con tu destino y el honor de tu clan. Sabiendo esto ¿estas dispuesta y reclamas tu derecho?

No lo dudé un segundo. Estaba allí para eso. Avanzar o hundirse en las aguas fangosas del olvido. La muerte no podía ser peor. Mi decisión era firme. Simplemente contesté con un si.

– Necesitarás tres cosas – Dijo el más joven entre los ancianos -. La lanza capaz de abatir un unicornio. – El joven hijo del jefe se acercó y me entregó una lanza vieja pero regia, grabada con runas.

– También una virgen capaz de atraer hasta ti el unicornio.

– Supercherías, lo encontraré yo a él, es mi destino! – Estaba profundamente ofendida, por lo que tal afirmación significaba, y porque, a los ojos de la ley romana del extranjero, yo era virgen, pues jamás había pertenecido a hombre alguno.

– Sabemos que has tenido un hijo varón.

-Fue bajo los auspicios de Orfeo: no es mi hijo, sino de él.

-Nuestro deber como tribu es proporcionarte lo que necesitas en esta misión. – No tenía objeto discutir con ellos, nada les haría cambiar de opinión. Acepté y se acercó hasta mí una doncella, apenas una niña. Sin duda entorpecería mi marcha.

– Por último el sello para penetrar en la Jungla. – Fue el propio jefe el que me acercó una tablilla de arcilla con la runa impresa. Un billete sólo para un viaje.

Renuncié a cualquier tipo de guía o guardaespaldas. Ningún guía podría guiarme ni ningún guardaespaldas salvarme en este viaje, o lo lograba sola o no lo lograría. Cargué mi mochila con lo que consideré necesario y me preparé para partir. Llegamos hasta el borde de la Jungla, escoltados por los habitantes del poblado. Lancé el sello al suelo y se hizo añicos. Entonces divisé claramente la entrada y penetré en ella, seguida de cerca por mi acompañante.

Avanzamos rápidamente, sin rumbo fijo y en silencio. La chica, que se llamaba Qioh-Vai, resulto ser digna representante de su pueblo, tenía pies ligeros como el viento sobre el agua. Nos adentrábamos en la densa espesura sin dificultad, perdiendo rápidamente toda referencia y a menudo perdiendo la orientación, pues ni el cielo se veía. La Jungla guardaba silencio a nuestro alrededor. Los ruidos eran lejanos y llenos de ecos, difíciles de identificar y de ubicar.

Caminamos así hasta el medio día. Entonces el calor se hizo asfixiante y decidí que parasemos a comer y descansar a la sombra. Preparé comida de campaña, sin fuego, y la compartí con mi acompañante. Ella hizo honores con algunos frutos que había recogido por el camino y unas cuantas bayas azules.

– Dejaré mis bayas para la noche – dije agradeciendo el regalo y excusándome por no proceder con etiqueta.

– Eres sabia, otro las hubiese ingerido rápidamente, para tener las visiones y evadirse del calor.

– Bueno, ya veremos si suficiente sabia.

– ¿Por qué entras en el bosque como cazador?

– Un impulso, temeridad, necesidad, la crisis de los treinta… quién sabe.

Eres mujer.

– Soy lo único que hay, no hay otro para seguir con la tradición. – Hubo un silencio – Lamento que tú estés aquí, podría haber venido sola.

– Como soy una mujer soy menos valiosa que mis hermanos varones. Mi madre me vendió para saldar una deuda. Si salgo de esta viva, habré pagado y seré libre. Para mi venir es la libertad. No lo lamentes. – Era curioso ver a aquella niña, apenas una adolescente, hablando de aquella forma. Se estaba ganando mi respeto.

Tras la comida, en la hora del reposo, consideré que no era conveniente que nos quedásemos dormidas. Para evitar la modorra decidí adoptar una costumbre que aprendí de las gentes del Gran Desierto: intercambiar historias. Me ofrecí a contar una historia y a cambio le pedí a Qioh-Vai que me contase otra. Cuando ambas historias estuviesen contadas proseguiríamos con el viaje.

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No dejen de leer la próxima entrega de este fabuloso relato, en el que Fanou explica la historia de la ciudad de Ambar y le pide después a Qioh-Vai que cuente una historia, antes de proseguir el viaje.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Sectario dice:

    El viaje es uno de mis temas favoritos, porque en ellos cabe todo. Vivir es viajar.

    Fanou, te sigo día a día, aunque tengo la mala costumbre de no dejar comentarios. Hoy no he podido evitarlo, me has enganchado. El tono, el tema y la ejecución de la historia han tocado algo sensible en mi interior. Sigue así, por favor. Quiero más. 🙂

  2. Poio dice:

    Que buen regreso a TUS historias!!! Realmente extrañaba mucho a ésta Fanou. Me alegraste el día 😀

    sevemos

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