El Club del Fin del Mundo

Imagínese usted por un momento que pertenece a un selecto club, los miembros del cual no se conocen entre sí. Esta peculiar asociación tiene como único objeto comunicar a sus miembros cuándo llega el día del fin del mundo. La única norma que deben cumplir los escogidos socios es que no podrán comunicar la información a nadie.

Un día usted recibe una carta que le comunica que el fin del mundo está, con toda seguridad, próximo. Es cuestión de días, semanas, a lo sumo un par de meses. Es lo más que pueden precisar. Tras la agitación inicial, contando que usted ya conocía lo efímero de esta vida, ¿qué haría usted?

Sin duda se lanzaría a hacer rápidamente todas esas cosas que siempre ha querido hacer, pero que ha ido posponiendo. Transformaría, tal vez, todos sus bienes perdurables o valiosos en dinero, y el dinero en emociones. Despilfarraría su dinero y su salud de forma temeraria. Sus familiares y personas cercanas notarían algo extremadamente alarmante en su actitud. Quizás piensen que esta usted loco, o tal vez enfermo.

La vida es efímera, todos hemos de morir ¿por qué actuamos en esta vida como actuamos? La respuesta, en mi opinión, es que nos dosificamos. Esperamos vivir el máximo posible. Tal vez no buscamos únicamente satisfacciones simples e inmediatas, sino también complejas. Buscamos el equilibro entre preservación y satisfacción. Por eso llevamos una vida ordenada y nos hemos civilizado. No sólo aspiramos a la supervivencia, sino a la excelencia.

Pero a veces nos perdemos. Nos preservamos tanto que nuestra alma inquieta se despierta, ávida de sensaciones que nuestro juicio nos dice claramente que no vendrán sin costosas repercusiones. Los libros nos brindan la oportunidad de vivir experiencias más allá de lo que seríamos capaces de experimentar con una sola vida: podemos ser un explorador en navío en busca de la terra incognita, una dama medieval cortejada, un enfermo terminal, un inmortal, una guerrera salvaje, un piloto espacial, un matemático enredado en algún misterio terrorífico… incluso la carne del mejor poema.

Además un libro va un poco más allá. No sólo nos habla de nosotros mismos. Nos habla del autor y también de los personajes ajenos por siempre más a su creador. Nos explica posibles e imposibles y los iguala. Un libro es alimento para el alma, experiencias, sensaciones, lo único que nos llevaremos al otro mundo, si realmente somos poseedores de nuestra propia alma.

Regalen y regalense libros.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Poio dice:

    Recuerdo el placer que causó en mí el primer libro “grande” que leí: La vuelta al mundo en 80 días, Julio Verne. Nunca lo pensé hasta ahora, pero capaz que de ahí salió mi naturaleza viajera.

    Qué haría si llegase el fin del mundo??? Me releería todos esos libros, todas mis Spiderman, y moriría feliz. De eso seguro.

    sevemos

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