Leyendas para una noche de relámpagos

Cuando estaba en la universidad tenía un compañero que eventualmente se ganaba la vida haciendo de guía. Conocía cada historia, cada secreto y cada rincón encantador de la ciudad de Tarragona. La versión que más me gustaba de su repertorio como guía turístico era el tour de las casas encantadas. Asesinos y suicidas, modernas Medeas, amores trágicos, nobles arruinados o hombres ajusticiados componían este recorrido.

De todas, la historia que más me gustaba era la de la cripta descubierta bajo un colegio situado en el casco antiguo. Se sabía que aquel edificio había sido varias cosas anteriormente: cuartel, prisión, y entre otras un convento. Tras derruir el colegio y comenzar a excavar para construir un parquing se encontró una cripta intacta, sellada durante más de doscientos años. Durante aquellos dos o tres siglos varias monjas del antiguo convento habían reposado plácidamente dormidas en su último sueño, descansando en simples nichos excavados en la roca. Cuando accedieron a la cripta se habían corrompido los ataúdes, las ropas y sólo se conservaban los esqueletos, las sandalias y los rosarios…


Me contó esta historia mientras paseábamos junto al velado agujero de las excavaciones a horas intempestivas, solitarias y frías. Mientras nos alejábamos de la excavación hacia uno de los portales de la muralla, el portal de San Antonio (el de los pescadores, que da al mar) una tormenta se acercaba desde aquel lado rápidamente, tronando amenazadora. Al pasar por las estrechas callejas y el arco casi podíamos notar, entre las crecientes ráfagas de aire, como nos rozaban los faldones de los hábitos de las espectrales monjas, que iban en la dirección opuesta: de vuelta al convento.

La historia de la prostituta triste también era encantadora. Una hermosa joven de pelo negro y tez blanca, puta de profesión, fue asesinada por un marinero celoso que creía tener derecho sobre ella. La mató degollándola. Cada noche sale la dama en pena en busca de un amante al que engatusa y lleva hasta su piso, el lugar donde murió, para no estar sola. Tapa su cuello con un pañuelo, para que no se vea la fea herida. A veces el engaño sólo dura un momento y en seguida el hombre, conocedor quizás de la leyenda, huye. Otras veces la ilusión dura horas y puede verse luz en el piso cerrado y abandonado durante toda la noche, hasta que el pobre desdichado se percata de dónde está y con quién. En última instancia es ella la que abandonaba la casa con la llegada del amanecer y deja a su amante medio inconsciente y desorientado, tumbado en un colchón viejo entre plumas de paloma y cacas de rata.
Se dice que tiene predilección por atormentar marineros.

Hay varias callejas muy estrechas en el casco antiguo. En particular una de ellas, tan estrecha que si estiras los brazos puedes tocar las paredes de ambos lados, no debes recorrerla de noche, porque es el callejón de los espíritus. Se dan cita allí y pasean para poder encontrarse, ya que es tan estrecha que dos personas no pueden pasar sin rozarse. Es fácil que uno pasee por ella y sienta que le rozan el hombro, aunque no haya nadie allí.

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A veces en una de las largas escaleras empinadas uno puede escuchar la risa de unos niños: si uno está arriba, la risa se oye abajo, si uno va hacia abajo, la risa de oye arriba. Se dice que una madre llevo a su hijos a jugar al puerto y que estos misteriosamente acabaron ahogados en el mar. Ellos esperan que alguna vez su madre necesite subir o bajar del puerto a la ciudad y use aquellas escaleras.

No falta un triste hombre gris que se suicidó ahorcándose y cuyo único divertimento es hacer crujir la madera mientras pendula colgado de una viga, toda la noche. O la pareja de suicidas a los que no se les ve la cara, sentados siempre en el banco de piedra de más allá, y si uno va al siguiente banco, vuelven a estar en el de más allá. O el hombre que camina por el filo de la muralla, y que la única forma de verlo es cuando se ve su silueta contra la luz de la luna.

De todos es conocida la historia que cuenta que cada cierto tiempo, se cae uno de los santos de la portada de la Catedral. Si uno se fija encuentra que efectivamente a la derecha ya hay algunos nichos vacíos. Cuando el último de los santos de la portada caiga, será la hora del Juicio Final.

Estas son sólo algunas de las historias del famoso tour de los fantasmas. Quizás algún día os cuente otras…

P.D.: Le dedico este post a aquél que plantó la semilla que yo me he permití ampliar. Todo sucedió una noche tormentosa, a horas intempestivas, una noche que son todas las noches.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Poio dice:

    vivir en ciudades muuuy antiguas tiene esa magia… las historias de fantasmas de mi ciudad son bieeen aburridas.

    me encanto la de la prostituta fantasma; ni despues de muerta abandonó los vicios. ahora tengo una duda, les cobraba o lo hacia por amor al arte nomas???

    sevemos

  2. Topa dice:

    Aca en mi pueblo no hay muchas historias de fantasmas, son más las de paranoia.
    Como la de un chico traumado que se pone una cabeza de chancho en la cabeza y mata a su pequeña hermana a azotazos con una cadena.

  3. fanou dice:

    Bueno Poio, yo creo que la dama más que vicio lo que quería era escarmentar a hombres que van en busca de ese vicio.

    Topa eso si que es siniestro…

  4. Poio dice:

    si, ya se, pero me gusta pensar en fantasmas amigables… 😛

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