Mal d’Aurore

La vida tras la muerte es una creencia egoísta, la creencia de que el sentir y sufrir de uno va a perdurar de algún modo. Un instinto natural de supervivencia sublimado. El Uno, que se cree tan único y especial, tocado de la gracia divina,isidore-ducasse.jpg Uno y no otro, ni su recuerdo, ni su obra, ni su descendencia, Uno entre todos los millones de seres, es el que va a perdurar eternamente.
Nada es eterno, nos lo enseña la razón. Pero si la vida tras la muerte tiene algún sentido, a parte de reencontrar a los que hemos perdido por el camino y contarles que fue del mundo cuando ellos se fueron, tal vez sea la posibilidad de ver a la humanidad en su conjunto y también en sus anomalías individuales.
Un sentido para la vida después de la muerte sería poder hablar con aquellos que admiramos y que no han visto la luz de nuestra época. Un sentido para la vida después de la muerte sería poder sentarse frente a una copa y charlar largamente con un individuo como Isidore Ducasse, el atormentado y malogrado Conde de Lautréamont.

A veces un azar fortuito le depara a una una sorpresa sobresaliente, como descubrir los indescriptibles Cantos de Maldoror. Lautréamont cumple con todos los cánones románticos de como debe ser un escritor: atormentado por la dureza de la vida que le ha tocado, de origen opulento pero caído en la desgracia y la pobreza, desdichado desde su infancia, tras la muerte de su madre, padecedor en su adolescencia de pecados nefandos, de vida semi-incógnita, condenado a realizar en la vida únicamente una tarea con éxito: escribir su obra maldita.

Hijo del diplomático francés François Ducasse, asignado al consulado de Montevideo, Uruguay, nace Isidore-Lucien Ducasse en 1846. Con apenas dos años de edad su madre, Célestine-Jacquette Davezac, se suicida durante las fiestas de navidad en el número 9 de la calle Camacua de Montevideo, hecho que marcará de por vida a Ducasse. Debido a los problemas que sufría el país de acogida de los Ducasse, o tal vez para que reciba educación en francés, Isidore es enviado al sur de Francia como interno bajo la tutela financiera de Jean Darasse. Primero es internado en el Liceo de Tarbes y después en el de Tau. En ambos vive una vida desdichada, llena de abusos por parte de profesores pervertidos y todopoderosos, sin familia ni amigos a los que dirigirse. Ducasse se vuelve solitario y desdichado, eternamente añorante, de su infancia en Montevideo. Se va forjando en él el personaje de Maldoror, comienza a concebir sus cantos.
Con 18 años termina el bachillerato y se traslada a París. Allí vivirá primero una vida disoluta y opulenta mientras va escribiendo sus Cantos y adopta el nobiliario seudónimo de Conde de Lautréamont, que según algunos significa ‘el otro en mont(evideo)‘.
Viaja a Bruselas a conocer a eminentes exiliados coetáneos suyos: Baudelaire, Poulet-Malassis, Victor Hugo… También intenta publicar su obra allí, tras las dificultades que encuentra en Francia. Los editores Lacroix y Verboekhoven (editores de Baudelaire entre otros) cobran por el trabajo pero incumplen el trato, esconden la obra por miedo a represalias.
maldoror-de-alejandro-colucci.jpg Tras dilapidar en sus viajes, en su vida disoluta y en sus aspiraciones literarias la pequeña herencia que su padre le ha otorgado, éste le gira la espalda y vive bajo las represivas finanzas de Darasse. La cosa empeora cuando el banco de su padre quiebra. Se ve en la más absoluta miseria, en un país destruido, rodeado de los horrores de la guerra, encerrado en las macabras calles de París llenas de cadáveres. Tiene una profunda depresión.
A finales de 1870, cuando sólo cuenta con 24 años de edad, muere, según el informe en extrañas circunstancias y sin nada más que añadir, en el número 7 de la pensión de la calle Fauborg-Montmartre. Parece ser que se suicidó, igual que su madre. Ingirió drogas antes de cortarse el cuello, haciendo realidad una predicción de su propia obra: “Al despertarme mi navaja barbera, abriéndose paso a través del cuello, probará que nada era, en efecto, más real“.

Durante mucho tiempo la obra del Conde de Lautréamont es poco conocida, apenas circulan algunas copias de su Canto completo, que van privadamente de mano en mano como material altamente recomendable, a la vez que secreto. Se duda que exista el tal conde, ni si hay algún personaje real, varios o ninguno, escondido tras de ese nombre.
Los surrealistas, como André Breton, lo admiran y ven en el un precursor. Aunque es duramente atacado por algunos, como Jean-Paul Sartre o Albert Camus, es admirado por cientos de artistas.

Los Cantos de Maldoror no responden a ningún canon preestablecido, a ninguna forma definible, no responden a ninguna lógica, ni razón. Muchos ven el ellos la mano de la locura. Tal vez, pero sin duda la locura de un genio. Deliciosamente macabros, innecesariamente cruentos, profundamente siniestros, delicadamente perversos, abiertamente blasfemos, los Cantos son revolucionarios, preclaros, llenos de libertad absoluta.
Maldoror es un ser malvado que trata de destruir todo lo bello. Lo puro le hiere, porque sabe que será efímero en este mundo, rápidamente mancillado. Maldoror es un hombre destruido, un fantasma, el reflejo distorsionado del propio autor, que se funde y confunde con Maldoror en algunas ocasiones y se aleja de él en otras.

Pero sobre todo los Cantos reniegan del creador, un creador que por fuerza a de ser malvado si permite que el mundo sea tal como es. Maldoror es un demonio que encara a dios y le dice tú eres peor que yo.

Quién sabe dónde tomaríamos esa copa, si en el cielo o el infierno…

Imagen: Maldoror de Alejandro Colucci

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mna dice:

    Vaya. No había oído de él, pero ahora quiero oirlo todo.

  2. Poio dice:

    siempre dije que los franceses están majaretas. y se criaron en la república oriental más aún.

    vamos a ver como hago ahora para conseguir este libro :S

    sevemos

  3. Francisco dice:

    En el limbo seguro que no después que fue cerrado por la Iglesia. Los otros dos lugares me son indiferentes, ninguno reúne condiciones para el ser humano.

  4. Verónica M dice:

    Eternas Lunas:

    Desde hace muchos años, hice de Ducasse mi Sire.. mi poeta excelso, aquel que me guía en la oscuridad .
    De hecho mi pequeño Castillo en la Web, honra su memoria.

    Para quien guste tengo el libro virtual en francés y español.

    Verónica M

  5. Felagunder dice:

    Un grande Isidore, Los Cantos es un Obra muy fuerte, la leí hace mucho y todavía recuerdo su impacto.

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