Historias del Desierto Rojo.

Este cuento es una versión singular sobre el famoso enfrentamiento entre nosferatus y licantropos. El tema me interesa, a pesar de todos los pirados que acaban derivando por aquí. Espero que os guste y os entretenga.

“Marduk estaba alejado de los de su tribu, paseando por las callejuelas de Lilitu. Sentía curiosidad por saber como era la vida en una ciudad y había pedido permiso para entrar en ella. Era una ciudad de paso, construida en un cruce de caminos para salvaguardar la ruta de las caravanas por el gran Desierto Rojo. La cuidad era un gigantesco mercado, con gentes de todos los lugares. Marduk llevaba una capa cubriendo sus símbolos, él era de la tribu de los Srun. A pesar de todo le costaba pasar desapercibido. Podía sentir el miedo que inspiraba en los demás, aunque fuese joven y uno sólo.
Pero había más, podía percibirlo. Miedo, ira, envidia contenidas a duras penas. Los Srun eran tachados de salvajes indómitos, no estaban ligados a losdrowned.jpg dioses, ni a las leyes de los humanos, ni tenían un territorio que defender. Los apodaban los “perros de presa”. Sin embargo Marduk opinaba que ellos vivían mucho más en paz con sus sentimientos, fieles a la Diosa y en paz con toda la tierra, no sólo con un trocito de ella. Era como su padre le había dicho: construían todas esas reglas para contener su animalidad, se llamaban a si mismos civilizados. Pero en realidad estaban reprimidos, no estaban en paz con su espíritu, estaban desequilibrados.
Marduk estaba ensimismado en todos estos pensamientos cuando saltó una alarma en su cerebro. Había un ugarés allí, en la ciudad. Un carnicero chupasangre durmiendo entre sus presas.
Caía la tarde y el ugarés estaba despertando. Marduk se acercó a la fuente de la señal para identificar quien era. Le conocía, era Lothian. Ahora que apenas estaba despierto Marduk podría haberlo matado sin ningún tipo de esfuerzo. También sin ningún tipo de estímulo. Pero esa era su misión, la misión de su pueblo, el pacto con la Diosa y también el pacto con los hombres. Pero estaban en la ciudad, su padre le había advertido bien. No podía tener ningún altercado en la ciudad, era territorio neutral. No podía pelearse, ni responder a provocaciones, ni insultos ¿Incluía eso a un ugarés? No había previsto encontrarse con uno en la ciudad, no lo hubiese creído posible. Que extraños era los humanos, cobijando a su predador más voraz y despiadado.
Marduk rondaba nervioso e indeciso el lugar del escondite. Lothian acabó de despertarse y rápidamente percibió a Marduk, tal como Marduk lo sentía a él. El ugarés no se dió cuenta de la indecisión del sruno y salio huyendo. Marduk vio una oportunidad en esto y lo persiguió por las calles de la ciudad, empujando con su presencia a Lothian hacia las afuera. En cuando atravesó los muros que la delimitaban, Marduk se lanzó de un salto a por él, pero le llevaba suficiente ventaja como para transformarse y extender sus alas. Salió volando antes de que le atrapase. Marduk apenas le rozó las piernas mientras Lothian emprendía un vuelo bajo y desesperado.
Al salir de la ciudad el sruno vio y sintió la luna, casi llena, sobre su cara, sobre su piel. Con una mano estiró la capa y la lanzó lejos de si, quería sentir en plenitud el influjo de la luna sobre su piel. Su singular pelo blanco, único entre los srunos, brilló a la luz de la noche que nacía. Marduk sintió como su fuerza y su rapidez aumentaban, sintió agilidad en el cuerpo y en la mente, inspirada por la Diosa Blanca. Pero sobre todo sintió como el ugarés se alejaba a la desesperada, adentrándose en el desierto. Sonrió y aulló a la luna, indicando a los suyos dónde estaba y hacia donde se dirigía: iba a perseguir y matar a Lothian.

Marduk apenas llevaba unas horas andando por el desierto, tras Lothian, cuando Ori le alcanzó. Ori siempre velaba por él. Era sólo un poco mayor que él, pero ya pertenecía al Consejo de los Sabios. Desde que Marduk nació, Ori había sentido predilección por él. Ejercía de hermano mayor. Marduk aprendió pronto que siempre podía confiar en Ori y lo apreciaba como si realmente fuera de su sangre. Ori se unió a él en silencio y Marduk sospecho que le había seguido de lejos en su expedición a la ciudad. Ori no dijo nada pero Marduk supo con su presencia que estaba con él en su persecución del ugarés, aunque fuese una imprudencia.

Hacia la mitad de la noche Lothian alcanzó un pueblo y trató de disimular su rastro dentro de él. Los dos srunos se pararon a las afueras del pequeño poblado. Habían perdido el rastro de su presa dentro de aquel pueblo. Pudieron percibir como los hombres permanecían en vigilia en gran número en aquel poblado. Estaban en pie de guerra. Los dos jóvenes sentían la repulsa, como una bofetada en su cara. Los hombres los repudiaban a ellos y sin embargo escondían a Lothian.
Levantaron un pequeño campamento en una colina baja desde la que divisaban bien el pueblo, a una cierta distancia.
– ¿Qué deseas hacer ahora? – preguntó Ori – ¿Esperar aquí a que se decida a salir solo?
– No lo entiendo Ori ¿Han hecho los hombres un pacto con los ugareses? ¿Por qué harían tal cosa?
– Para los hombres no hay diferencia entre ugareses y srunos. Somos monstruos. Su forma de actuar es hacer tratos y embaucar, a unos y otros por igual. Si ugareses y srunos nos enfrentamos y nos matamos entre nosotros, les facilitamos la faena.
– Pero los ugareses depredan y se alimentan de los hombres. Viven de su sangre.
– Muchos srunos cobran grandes sumas por diezmar a los ugareses de una región, se llevan el dinero, las manufacturas y las cosechas, esclavizan a los hombres. Los pastorean y son una plaga igual a los ugareses. Se adueñan de esa región, se asientan y adquieren los vicios de los hombres. Sólo que somos srunos, el más débil de nosotros es más fuerte que diez hombres fuertes, y además conocemos el Furor de la Diosa. Los hombres nos temen. ¿ Y de qué le servimos a los hombres si ya no quedan ugareses?
– Los hombres tienen un pacto con sus enemigos y con los enemigos de sus enemigos. ¿Quien engaña a quien? La palabra del hombre no vale para nada.
– ¿Te has preguntado nunca para que serviríamos los srunos si no hubiese ugareses? ¿qué haríamos en esta tierra? Nuestro equilibrio se rompería, no tendríamos propósito en la vida, seriamos como los hombres o peores que ellos, pues si nuestro poder es mayor, más horrible resulta nuestra corrupción.
– Se lo que predican los sabios, olvidar el camino de la guerra y tomar el camino de la sabiduría, el camino pasivo. Pero somos guerreros. Yo soy un guerrero. La lucha es mi vida. Los crímenes de los ugareses son horribles, sus actos, su forma de vida, su naturaleza misma, ¿por qué no luchar?
– No digo que no debas luchar. Digo que todo guerrero necesita una causa, un motivo para librar su guerra, que justifique sus valores y su nobleza como guerrero. Si se acaban los ugareses, ¿qué haremos los srunos?
– ¿Qué propones pues, sabio?
– El camino de la luz dice que está en nuestra naturaleza combatir a los ugareses. Pero no eliminarlos. Todos somos criaturas de la Naturaleza. Tal vez en el futuro haya otra forma de combatir, sin derramar sangre. Aunque con los ugareses nunca se sabe, porque la sangre está en su naturaleza. – Ori hizo una pausa – ¿Acaso no desenvaino mi arma cada vez que la tuya se alza?. Tu padre es un hombre justo, combatir bajo su causa es un honor.
– No creo que mi padre esté precisamente de acuerdo con esta causa en concreto.
Marduk y Ori rieron.
– Deberíamos volver – Sentenció Ori.
Repentinamente ambos quedaron en silencio, expectantes. Sentían movimiento en el pueblo. Parte del pueblo eran cuevas en la roca. La arenisca prensada que formaba aquella pequeña cadena montañosa de suaves colinas estaba profusamente horadada, como un hormiguero. Podían sentir el movimiento en las cuevas, en lo más profundo. Bullicio, excitación…
Entonces comprendieron lo que sucedía, aquello era un nido de ugareses ocultado por hombres. Había cientos de ellos, jóvenes descerebrados que sólo respondían al impulso de la sangre. Lothian les había guiado a una emboscada. Marduk y Ori se juntaron, espalda con espalda, y desenvainaron sus armas: la espada curva de Ori y el hacha de doble filo de Marduk, mientras les veían salir volando de los agujeros oscuros. No había tiempo para huir ni para preparar estrategia alguna. Juntos esperaron el embiste de la masa alada. En segundos comenzó una lucha encarnizada. Eran demasiados. Tal vez era el momento de la muerte, pensó Marduk. Sin embargo muchos de los ugareses eran torpes, se diría que estúpidos, pensó. Ori le cogió de la mano y le lanzó al aire en una de sus estrategias de batalla habituales mientras le gritaba:
– Son incompletos, será fácil eliminarlos.
No fue tan fácil, pero lo lograron. La mayoría de ellos cayeron muertos, pocos se retiraron. Algunos quedaron agonizando a chillidos. Cuando la lucha acabó Marduk sintió un gran abatimiento. Al mirar a Ori vio que éste estaba herido en el brazo, aunque era una herida leve habría que desinfectarla con agua sagrada. Ori miraba a Marduk con los ojos muy abiertos.
– Son abominaciones, un ejercito de cientos de soldados estúpidos y rabiosos. Los fabrican con gran rapidez. Una vez que los lanzan sobre un objetivo, no hay quien los controle, sólo responden a su sed de sangre. No poseen una gran inteligencia ofensiva, pero en gran número pueden aplastar cualquier objetivo. Tenemos que regresar y avisar.
– Me pregunto que estarán planeando nuestros enemigos…

Emprendieron el regreso mientras amanecía. Vieron el humo y el vapor que desprendían los cuerpos que habían quedado expuestos al sol ya de lejos. Pronto no quedaría rastro del aquel pequeño pelotón de semi-ugareses, excepto pequeñas manchas negras en el suelo.”

Imagen extraída de la página de Sam Weber.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mna dice:

    Me gusta. A mi también me interesa el tema, es un clásico. Te recomiendo que leas La Enciclopedia de La Criptozoología.

  2. Poio dice:

    entre vampiros y licántropos, me quedo con van helssing 😛

    muy bueno!!!

    sevemos

  3. Mna dice:

    Oh sí ¡Hugh Jackman como Van Hellsing, cómo no quedarse con él!

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