La muerta a la deriva

Este post, titulado “La muerta a la deriva”, ha estado aproximadamente un año guardado a medio escribir, nunca publicado, nunca borrado. Siempre que me pongo a “redactar” aparece la muerta a la deriva encabezando la página. Por temor o tedio no puedo acabar con la muerta.
Ver el post me ha recordado que el blog ya tiene un año, más de un año de hecho. Me he decidido, de todas todas, a acabar con la agónica espera de este extraño post: publicar o borrar. Borrar un fantasma tan familiar me parecía poco educado, así que me he decantado por publicar.
Aclararé primero que la muerta a la deriva soy yo. Hace tiempo hacía yoga y relajación. En una sesión, en un punto extraño entre la consciencia y la inconsciencia sentí que estaba muerta, atrapada en un cuerpo muerto que flotaba en el mar como un tronco. Podía sentir a la profesora caminando alrededor de la clase, las respiraciones los compañeros, los niños jugando lejanos en el parque de al lado, los pájaros cantando la hora de dormir, la luz de la tarde extinguiéndose tras mis parpados… No estaba dormida. Sin embargo era un cadáver que flotaba en el mar. Estaba en la orilla de esa isla maravillosa y segura a la que nos mandaba forzosamente la profesora en cada sesión de relajación y que tanto me desagradaba. Muerta, flotando mecida por las olas, con los ojos y la boca abierta, el agua fría y los granos de arena colándose en mis ojos, viendo el cielo azul de un día despejado y otoñal, de luz blanca. El mar inmenso y furioso, para el que yo no era más que una hoja insignificante, me devolvía cariñosamente a la costa, meciéndome dulcemente, casi recostándome en la arena con sus vaivenes, aunque sin llegar a depositarme nuca. Por un momento me concentré en que tenía los ojos cerrados y abiertos a la vez.
En esos instantes experimenté la mayor de las paces, esa paz de espíritu que se anhela sin conocerla. Absoluta paz, pura felicidad, despreocupación por todo, nada importaba, no había nada que hacer, nada que esperar.
El hechizo se rompió pronto. Esa paz me trajo placer y horror por igual. Desde entonces, cuando recuerdo a la muerta a la deriva, comprendo cuanto tengo de ella y cuando me falta. Había más en aquel extraño ensueño de lo que comprendí en un primer momento. Lo he ido comprendiendo poco a poco, con el tiempo. Hay muchos mensajes escondidos en esa imagen y quizás no los he visto aún todos.

Sea como fuere, esta es mi particular efeméride: un año publicando humildemente, extrañamente. Gracias a los que me leen, comentan, me dan ánimo y soporte.

7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Poio dice:

    las islas maravillosas y seguras desagradan presisamente por no ser reales. muerta o no, a la deriva o con rumbo fijo, estás acá hace un año y eso hay que celebrarlo. así que…

    FELIZ PRIMER AÑO!!!

    y espero tener la suerte de leerte muchos más.

    sevemos

  2. Mna dice:

    Si estás muerta, eres la primera muerta creativa que conosco. Los demás muertos son tediosos.

    Felicidades. Tu blog es excelente.

  3. Yo llevo muerto mucho tiempo y sigo escribiendo el blog 😉

    Felicidades por el año

  4. topagt dice:

    Felicidades tambien de mi parte, el mio no tiene más de 2 meses, asi que un año es mucho tiempo.

  5. Akiko dice:

    Te felicito.
    Es valeroso no dejar morir el blog.
    Este es mi punto de vista, muertos o no, seguimos existiendo si nos permitimos tener conciencia de nosotros mismos. Somos la escencia de todo lo creado. Somos nosotros los que hacemos bellas o importantes a las cosas que creamos. Creo que eso se refleja en este blog.
    Saludos.
    Atte Akiko.

  6. fanou dice:

    Gracias a todos.

    Poio tienes razón. Una isla pequeña, segura, familiar… simple, vacía, aburrida, falsa… Mi mente se resiste tenazmente a esas tontas islas.
    Mna gracias por lo de creativa, la escritora frustrada que soy toma aliento de estas cosas.
    Brujo don Carlos su visita me agrada mucho, su blog es excelente y lo admiro, aunque comente poco (mala, mala).
    Toptag el tiempo pasa, y si dejas que el blog viva, aunque uno sea un poco descuidado como yo, éste evoluciona, te trae gratos recuerdos y te propone futuras visitas, mantiene viva una llamita y unos finos lazos plateados.
    Akiko gracias. Aunque quiera no creer en los muertos y los muertos en vida mi mente construye muy bien los enredos y las mentiras que me mantienen creyente.

  7. Eliseo dice:

    La primera vez que ví un cadáver en mi vida fue el de mi madre. Abultada como un globo, con los párpados abiertos, en la habitación que olía a esencias. No he podido volver a mirar a la cara a un muerto, ni a mi abuela, ni al padre de mi mejor amigo, ni a la madre de aquella compañera de trabajo con esos ojos violetas, ni …
    Me horrorizan los cadáveres (pues son eso -ya no queda nada de lo que fueron-), no puedo ir a un velatorio con el ataud abierto. Así que me quedo fuera, fumando un cigarro tras otro, maldiciendo el instante en que se llevaron a esa persona, querida o simple conocida, a un lugar que a fuerza ha de ser frío.
    Menos puedo ver a los ahogados. Como un acto reflejo apago el televisor cuando en el telediario dan la próxima noticia de un ciclón, de la llegada de una patera…
    Sé que es cobarde, pero no puedo soportarlo. Y mientras el televisor está apagado, yo, con los ojos cerrados, no puedeo dejar de ver la imagen de aquella persona. Es, como me dijeron un día, que no vemos con los ojos, sino con el corazón.

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