El Hombre Hueco

El extraordinario cuento del hombre hueco,
un extraño, terrorífico y escalofriante relato
para leer de noche a la luz de las velas.

I

Érase una vez un hombre que estaba totalmente hueco. clark.jpgTenía un agujero en la espalda que no alcanzaba a ver. Estaba totalmente vacío de toda cosa. Este increíble suceso se daba porque él mismo no lo sabía. Si lo hubiese descubierto, en ese mismo momento habría desaparecido.

El hombre hueco se levantaba cada mañana, iba a su trabajo, trabajaba como un autómata y luego volvía casa, dónde pasaba las horas hasta la noche trabajando más o sentado en silencio. Uno tras otro, los días transcurrían sin mucha sustancia, ni muchos recuerdos. No recordaba cuanto tiempo llevaba haciendo lo mismo, ni si había hecho otra cosa antes.

Su casa era fría, impersonal y estaba casi vacía. Había por todos lados un fino polvillo gris. Todas las paredes eran blancas y todos los muebles grises, con un cierto aire anticuado. También eran grises todos los trajes del hombre, las camisas, las corbatas y toda la ropa.

El hombre no recordaba haber tenido infancia, ni su edad. No tenía ningún amigo y no había conocido mujer alguna.

Pero no estaba siembre vacío. Si una música animada sonaba en el ascensor uno podía ver en su cara una mueca parecida a una sonrisa. Si se oía llorar a un violín se podía observar como se oscurecía. El hombre podía quedar inundado por los sentimientos de alguien que le hablase. Alguien que le hablase podría entonces sentirse correspondido y pensar que el hombre no era un mal tipo. En todo caso, si ese alguien era listo, acababa preguntándose cuando habían aparecido aquellos tipos grises en la ciudad. En realidad nuestro hombre era un devorador. Se alimentaba de sentimientos, de sensaciones, las robaba a sus dueños.

El hombre hueco era a su vez incapaz de dar nada. No tenía sensaciones, ni sentimientos, ni opinión, ni criterio alguno. Poseía una gran memoria: memorizaba cantidad de cosas que no comprendía. Lo que menos comprendía de todo eran los hombres. Era un hombre terrorífico y solitario. No había nadie en el mundo como él, nadie que le comprendiese.

II

A veces las cosas no eran absorbidas por él, sino que se deslizaban sigilosas hasta su interior mientras dormía. Entonces el hombre hueco se levantaba a media noche: algo violento, estúpidamente risueño, un poco idiota o terriblemente malvado.

Una noche se levantó con unas tremendas ganas de cavar. Salió al jardín y comenzó a excavar. Al poco descubrió el cadáver de una muchachita. Estaba totalmente muerta, pero le daba claramente la impresión que le miraba con una mueca de desaprobación. Durante un momento no supo que hacer con ella. Luego pensó que era una buena ocasión para plantar margaritas.

Otra noche salió a la calle y camino hasta que encontró un pequeño niñito lloroso y temblando de frío, lo abrigó con su propia chaqueta y lo llevó hasta la puerta de una casa, llamó y sin esperar a que abriesen se fue y dejó al niño chillando sentado en el portal.

En mitad de una noche se despertó y se acercó hasta una avenida, abrió la caja de cables de un semáforo con una llave especial que tenía en el bolsillo, sacó un cablecito de una clavija, lo insertó en otra y se sentó a esperar hasta que un coche fue arrollado por un pesado tráiler. Luego puso los cables de nuevo correctamente y volvió a casa a dormir.

III

Un día encontró un ramo de margaritas en su mesa de trabajo. No traía notas y todos sus compañeros estaban muy interesados en conocer quien las enviaba y por qué, ya que no le conocían amigos y mucho menos novia o algo parecido… El hombre hueco no entendía a que tanto revuelo por un ramo de margaritas negras y marchitas… aunque todos las encontraban muy bellas.

Al poco tiempo alguien le regaló un televisor. Ese día el hombre hueco descubrió que era un gran aficionado a ver la tele. Le parecía talmente que le hablase a él, parecía comprenderle y sobre todo le completaba. Continuamente le ofrecía cosas, incansable, día y noche; nunca le fallaba.

Desde entonces el hombre se volvió más animado, a veces incluso iniciaba una conversación. Estaba más activo que nunca, cosa cual no era mucho. A veces creía que lograba comprender…

Por primera vez en su vida, lo iban a ascender en la oficina, al parecer el jefe había reparado en que llevaba mucho tiempo trabajando para la empresa y hacía tiempo que debían haberle subido su sueldo.

IV

Un día más o menos como otro cualquiera descubrió un espejito en casa. Más adelante, descubrió que no era uno sino tres. Tres espejos, dos pequeños y uno mediano con bonitos marcos decorados, que estaban distribuidos por el salón. No recordaba haberlos comprado o tenido nunca, y estaba algo extrañado. Inspeccionó la casa en busca de más espejos, pero no halló más.

Jamás había usado espejo el hombre hueco, no lo necesitaba, nunca había tenido interés en su aspecto. Se miró detenidamente en uno: ningún rasgo en particular en su rostro que le hiciese parecer guapo o feo, ningún rictus mezquino o cruel, sus ojos no mostraban ni pasividad ni inteligencia…

Pronto la tele empezó a fallarle. No recordaba cuando había sido la primera vez, pero cada vez era más frecuente. La tele se empeñaba en emitir algo que no entendía, que casi le espantaba. Se preocupó porque nada había sido nunca capaz de perturbarlo.

Salvo aquella noticia: un asesino entraba en las casas de jóvenes durante la noche, las asesinaba y desfiguraba su cara. Había algo más… ¿qué era?

V

De nuevo la tele le jugaba aquella mala pasada, esa noticia que le dejaba una sensación de alarma en el cuerpo: un asesino, en serie al parecer, con predilección por las jóvenes hermosas y pelirrojas, las atacaba de madrugada: les desfiguraba la cara. Debía ser un loco psicópata. Pero había algo más, seguían hablando, ¿qué más decían? ¿Por qué no podía verlo o recordarlo?

Más espejos. Alguien debía regalárselos y luego lo olvidaba. Últimamente olvidaba más cosas. Era preocupante, su precisa memoria ya no era tan precisa. Algunos de los espejos eran de un tamaño considerable. Ahora podía verse de cuerpo entero y en diferentes perspectivas. Una figura normal, ni gordo ni flaco, ni alto ni bajo, siempre con sus trajes grises, las manos o los brazos enlazados y nunca un pelo fuera de sitio. Empezaba a acostumbrarse a su reflejo. No podía evitar mirarse de reojo mientras miraba la tele.

VI

De nuevo la inquietante noticia: seguían sin atrapar al asesino. Esta vez presentaban un retrato robot basado en las investigaciones y deducciones de la policía, ya que ninguna victima había sobrevivido para contar nada y ninguna persona había logrado ver nada…

Algo distrajo su atención de la noticia, de reojo vislumbró una sombra semitransparente que andaba por los espejos. Era una muchacha, iba desnuda y con tierra, plantas y flores blancas pegados al cuerpo. Estaba reflejada en los espejos, pero no estaba en el salón con él. Era pelirroja.

Ah!, No era acaso su amiga? como no la había reconocido antes, la muchacha del jardín, bajo las margaritas… Seguía mirándole con esa cara de ira. El hombre hueco dejó de sentir alarma al reconocerla, como si fuera una vieja amiga que estuviese de visita, aunque no sabía quién era ni qué hacía bajo sus margaritas o dentro sus espejos…

La muchacha siguió apareciendo en los espejos desde aquel día. Se acostumbró a sus visitas, a los ruidos extraños. Incluso encontraba agradables sus expresiones a veces de ira, otras de una mascara deformada de risa y otras una mueca terriblemente perversa. Estaba bastante monstruosa, deformada, como si ya no fuese humana, a la vez que los síntomas de descomposición se hacían cada vez más evidentes. Algunas mañanas incluso tenía que abrir la ventana por los olores desagradables.

Ella también sentía una gran curiosidad por la noticia del asesino de muchachitas. Cuando daban la noticia en el telediario de la noche ella llegaba y ya no le abandonaba hasta que él caía dormido. Miraba atentamente la tele con él y señalaba y gesticulaba y hacía como que gritaba justo cuando él parecía perder la consciencia. ¿Qué era lo que se le escapaba?

VII

Una noche la muchacha no apareció. La noticia empezó, y el hombre sintió de nuevo la inquietud de los primeros días que viese la noticia. Ahora le dedicaban un reportaje diario de larga duración. La gente se sentía a la vez horrorizada y morbosamente atraída por el hábil asesino. Varios hombres reclamaban la autoría del crimen, se habían denunciado a cientos de posibles sospechosos, algunos habían sido detenidos.

Pero el asesino seguía actuando invariablemente. Algunas pelirrojas habían optado por teñirse. Habían instalado cerrojos y sistemas de seguridad. Pero el psicópata seguía actuando. No forzaba ninguna puerta, no sabían por donde entraba, no dejaba marcas ni huellas.

Se habían instalado cámaras en muchos lugares y habían filmado algunas imágenes malas del que creían era el asesino… El hombre hueco sintió un desvanecimiento, como siempre, había algo que no sabía, que se le escapaba…

Entonces una mano fría y firme le asió el brazo, atándolo al mundo de la consciencia. Era la chica pelirroja, estaba ahora fuera de los espejos, a su lado, la miró intensamente y pudo ver a la vez el cadáver que se descomponía y la muchacha que amó, la muchacha que despertó su corazón, que le hizo humano y que jamás antes de acuchillar y enterrar en su patio habría reparado en él.

VIII

Ella señaló la pantalla…

El hombre que podemos ver en las imágenes da la impresión de no tener rostro, sino una mancha oscura y negra… – decía la tele – …La policía cree que utiliza algún tipo de máscara especial para ocultar su identidad… – No podía ser, ¡no!, ¡el hombre no llevaba ninguna máscara! – …Aún no se sabe como burló las demás cámaras y el personal, apareciendo en la habitación… – El asesino tenía su cara – …Siempre actúa de madrugada… – Vio su imagen. Como un reflejo en el espejo, vio su imagen mirar a la victima con toda la maldad del mundo fijada en el rostro, vio su imagen devolverle la mirada desde la pantalla.  La mano de ella no le permitía huir, no le permitía dejar de mirar – …Ahora la cámara muestra interferencias, quizás el hombre lleve algún dispositivo… – ¡No!, el hombre sentía pánico, la chica pelirroja, la chica de las margaritas, estaba también en la tele ahora, a su lado, mirando, con tristeza, con ira, con odio, mientras el asesinaba y se quedaba allí cuando él huía – …En estos momentos en los que no vemos bien que sucede, suponemos que el hombre destroza los espejos, debe odiarlos por algún motivo en especial, quizá padezca una deformidad que le acompleje, debe odiar su propio reflejo… – Cuando él hubo marchado ella llevaba un espejo en sus manos, lo cogía con gran facilidad a pesar de ser muy grande – …Cuando la imagen vuelve vemos que ha desaparecido uno de los espejos, por eso es llamado el asesino de los espejos, siempre roba uno de la escena del crimen, como un recuerdo, como un fetiche… – Ahora la muerta señalaba hacia atrás, obligándolo a girar. Allí estaba el espejo, miró su reflejo de frente y este le devolvió la imagen de si mismo primero, luego la máscara de maldad y por último se volvió negro, un agujero, nada…

IX

Tras el repentino e inexplicable cese de los crímenes del asesino del espejo la policía se ha quedado atascada en su investigación… – decía la tele – …a pesar de que ha pasado un mes desde que fuese atacada la última victima y aunque las autoridades insisten en que ya no hay de qué preocuparse, la gente sigue aterrorizada, sobre todo las jóvenes pelirrojas. Tras obtener una grabación del presunto asesino en acción y el fortuito descubrimiento de los espejos robados en una casa abandonada, no tienen ni una sola pista por la que seguir. No conocen las motivaciones que llevaron a alguien a cometer tales atrocidades, ni tampoco por qué ha dejado de actuar. No se sabe qué aspecto puede tener el hombre, sólo que tenía una estatura y constitución medias y que en el crimen grabado vestía de gris… – era un gran invento esto de la tele – …quizá el abandono de los crímenes se deba a que el asesino ha completado un ciclo determinado, o ahora esté impedido para seguir cometiéndolos. Puede que haya huído al extranjero ante posibilidad de ser descubierto, incluso las autoridades barajan la posibilidad de que haya muerto… – aunque no le gustaba mucho esta noticia – …quizás nunca obtengamos respuestas para estos misteriosos crímenes… – pero apenas le dio importancia, la tele tenía tanto que ofrecer a una mujer como ella, ávida como estaba de lo que la pantalla le ofrecía…

###

Este cuento pertenece a las Rare Series originales, ya tiene un tiempecito, pero nunca me había animado a colgarlo.
La imagen es una ilustración de Esao, del que ya he hablado alguna vez antes.

8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Eliseo dice:

    Asesinado con un espejo por un cadáver totalmente muerto mientras veía la televisión en blanco y negro. De legado deja sus aficiones.
    Lo peor del funeral fue aquella espantosa corona de margaritas secas con la leyenda “tus compañeros de la oficina y tu jefe no te olvidan” y es que no se puede olvidar lo que nunca se ha conocido.

  2. sky dice:

    escalofriante, sin duda, me recuerda al padre Yanke

  3. lembd dice:

    yo en lugar de dejarlo hueco lo hubiera rellenado de sandia, o de fotos viejas

    no puedo explicarlo

  4. Poio dice:

    veo que tenes algo contra los espejos o a favor de ellos… no se… por lo pronto me alegro de no tener ninguno en casa 😛

    como siempre, buenisimo el cuento

    sevemos

  5. fanou dice:

    Eliseo: la tuya me una conclusión muy acertada. Además la descripción deja al descubierto la intencionalidad de la trama.
    Margaritas: ese también es uno de mis fetiches.

    Sky: de hombres grises hay muchos, van apareciendo poco a poco. Antes fueron personas normales, algunos incluso fueron niños antes. Es una mala enfermedad la de los hombres grises.

    lembd: No me gusta la sandía, pero te preguntaría por qué sandía. ¿Sandía como sangre?

    Poio: Los espejos me fascinan más como idea que en la realidad. En general no me agradan mucho, no me fío de ellos.
    Nunca me había parado a pensar cuanto los menciono. Creo que debería cambiar de tercio.

  6. SSC dice:

    This was marvelous, absolutely terrifying. I’m not sure how I found myself here, but I’m glad that I did.

    perdon si no puedes leer eso, pero no puedo controlar el español tan bien como el ingles. fue maravilloso este cuento, es lo que quiero dicer.

  7. fanou dice:

    Yo de inglés poquito, pero creo que he entendido tu comentario.
    Muchas gracias por leer y tomar el tiempo para comentar. Me alegro de que te haya gustado.

  8. Kanela dice:

    Wow me dejaste un dejo de temor…….y pensar que me queria pintar el cabello rojo, mejor me lo dejo negro, aparte como quelas margaritas no me atraen mucho que digamos, prefiero las rosas rojas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s