Arcanos menores: Sota de Copas.

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En un tiempo remoto, cuando fue presentado al hombre que daba su lugar a cada uno, en el momento de escribir su nombre en el registro, éste quedó inmediatamente emborronado. Ante este suceso, ni su madre, con todo su poder, pudo hacer nada salvo aceptar el destino dado a su hijo.

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El calor del verano perdía poco a poco su fuerza, no iba a durar mucho más. Las clases comenzaron de nuevo. Tras años solicitando el mismo tratamiento que sus colegas, al fin Lena iba a tener algo de ayuda. La universidad había contratado como ayudante a un joven licenciado, una verdadera promesa en la materia, según todos. Tenía todas las puertas abiertas, pero había solicitado un puesto precisamente en aquella universidad modesta. Era una universidad de tercera, pero sus departamentos de Historia Antigua y Medieval tenían la reputación de estar entre los mejores de Europa, y competían entre ellos por ver cual era el más brillante.

El primer día no se presentó. Llamó a media mañana excusándose, lo justo de su vuelo no le había permitido llegar a tiempo. La voz del joven parecía agradable, pero Lena no pudo evitar disgustarse y tomar una primera mala impresión del joven. Para ella la puntualidad era algo importante.

El segundo día apareció en su despacho una hora antes de que las clases comenzasen.

– ¿Doctora Hall? – Era un joven muy guapo, Lena se quedó mirándolo fijamente por encima de sus gafas – Soy Hugo, su nuevo adjunto – Le tendió la mano con una sonrisa.

Se notaba que no estaba acostumbrado a llevar ropa formal, y que su camisa acababa de salir de una maleta sin pasar por la plancha. Por su piel bronceada y su actitud deshinivida no parecía en absoluto un estudioso de Historia Medieval, o una rata de biblioteca, como también eran conocidos. Se instaló en un rincón del despacho de Lena.

Hugo pronto cobró una gran popularidad en la universidad, sobre todo entre las alumnas. Era un tipo simpático, popular y muy guapo. Las matriculaciones en el itinerario de Historia Medieval aumentaron sensiblemente. Hugo parecía siempre despistado y no mostraba interés por nada. No se esforzaba, ni se le veía trabajando mucho rato. Toda esta situación hacía sentirse molesta a Lena, no le gustaba la actitud insolente de su ayudante. Sin embargo era muy eficiente en su trabajo y sus conocimientos parecían no tener fin. Presentó algunos artículos brillantes que fueron publicados en varias revistas especializadas, dando prestigio al departamento.

Un día Hugo trabajaba en su portátil en el despacho de Lena, muy próximo a su mesa. Tecleaba increíblemente deprisa, redactando un informe que habían solicitado al departamento y que Lena le había pasado a él. Era ya habitual que Hugo realizase informes o artículos en los que su nombre no aparecía. Lena comenzó a presentar el trabajo de Hugo como si fuera un trabajo del departamento, realizado por el equipo, para tratar de molestarlo. Pero a Hugo no parecía importarle.

Trabajaba sin necesidad de revisar ninguna fuente, libro o documento, y sin necesidad, Lena no sabía bien, de releer ni una sola vez. Al principio Lena desconfiaba de esa forma de trabajar, le parecía fraudulenta. Pero sus trabajos eran impecables, excelentes en forma y contenido. Era injusto que trabajase con aquella naturalidad. A Lena, más que gustarle le disgustaba.

Se quedó mirándolo mientras él tecleaba concentrado. Sus rizos rubios habían crecido bastante y tapaban sus ojos glaucos. Su cara barbilampiña parecía la de un menor de edad, a Lena le costaba creer que tuviese la edad que ponía en los informes. Había revisado su expediente y sus credenciales en varias ocasiones. A veces tenía la impresión de que le estaban tomando el pelo. Tan extrovertido como parecía, cada vez que había entablado una conversación con la intención de sonsacarle información, él había desviado hábilmente la charla hacia otros derroteros. Era tan descarado que cada vez que le preguntaba por su familia, su pasado o su carrera, era ella la que acababa contándole intimidades mientras él sonreía divertido. Todo el mundo creía que entre ellos había una buena relación. Hugo era una gran baza para el departamento. Pero Lena estaba muy molesta en su fuero interno y sospechaba que Hugo era plenamente consciente de ello.

Se dio cuenta de que Hugo había dejado de teclear y ahora le miraba a los ojos

– Lena, ¿has perdido tu anillo? –

– ¿Qué? – Lena recordó que ese día no llevaba el anillo de casada. Se lo había olvidado en casa. No, lo había dejado intencionadamente – Lo he llevado a limpiar – Mintió.

Hugo sonrió, siempre sonreía.

– Dentro de poco hay unas conferencias que organiza el departamento. – dijo Lena – Me gustaría que asistieses, has ayudado mucho este año – En realidad Lena no quería que asistiese, pero era de toda justicia invitarlo.

– Encantado – dijo sonriendo, mientras volvía a teclear.

El informe fue sobresaliente. El tiempo pasó y las conferencias comenzaron. El departamento de Medieval era el organizador y el trabajo fue frenético. Incluso Hugo dio una pequeña charla: Creencias místico-religiosas no cristianas durante la edad media.

Durante la cena de clausura Hugo se sentó junto a Lena.

– Una gran conferencia.

– Gracias Lena. Es la primera vez que me dices algo parecido – Era cierto, Lena no había felicitado nunca anteriormente a Hugo por su trabajo – Se nota que eres exigente – Lena sintió un poco de vergüenza. Hugo sonreía divertido – O tal vez consideras que los éxitos conseguidos sin esfuerzo no son éxitos – Dio en el clavo.

– Me sorprenden tus conocimientos, y tu forma de trabajar.

– Eres muy estricta, doctora Lena Hall. Tu forma de trabajar, apropiándote de mis trabajos, tampoco ha sido muy ortodoxa, ¿no crees? – Lena enrojeció, miró alrededor, nadie parecía percatarse de la conversación – Eres más hermosa aún cuando te sonrojas Lena Hall. Eres una mujer guapa y fuerte. Crees que tus colegas no te respetan porque eres mujer. En realidad los intimidas con tu belleza. Pero eso ya lo sabes ¿no? – Lena estaba sorprendida – ¿Aún no encontraste tu anillo? – Lena sintió el impulso de levantarse, pero Hugo puso una mano sobre la suya – Eres muy atractiva – Lena se levantó como un resorte, se despidió de todos con toda la naturalidad que pudo y se dispuso a marcharse. Cuando logró salir, Hugo estaba esperándola, sentado sobre su coche. Se acerco y la besó, suavemente al principio, pidiendo permiso, rozándola apenas con sus manos. Luego con pasión, encendiendo el deseo de ella.

Acabaron en casa de él. Ella insistió, era una mujer casada. Además  sentía curiosidad por ver la casa de él. Vivía en un apartamento pequeño junto la playa. Por una ventana llegaba la brisa marina y el ruido de las olas. Hugo encendió velas, y un aroma almizclado mezclado con el olor a cera llegó hasta Lena. Hugo la miraba fijamente. Luego comenzó a desvestirla sobre la cama, acariciando suavemente con los dedos todo el cuerpo, como escribiendo las palabras de un jeroglífico sobre su piel. Lena comenzó a quitar la ropa de Hugo con ansia, mientras él reía. Parecía que él fuese el amante experto y ella la joven adolescente. Se amaron a lo largo de varias horas. Hugo parecía inagotable. Al final Lena estaba cabsada y se separó, aunque él no había terminado. Ahora era Lena la que miraba a Hugo. Él no tenía vergüenza de su desnudez, sabía perfectamente que tenía un cuerpo hermoso y se exhibía orgulloso mientras iba a por unas copas y una botella de vino a la cocina. Lena se sentía torpe y fea, al fin y al cabo aquel cuerpo había parido un hijo. Este pensamiento le hizo recordar a su marido y una sombra cruzó su rostro.

– ¿Qué es lo que sucedió? – Preguntó él al acercarse, pasando un dedo por su vientre. Lena se sentía molesta, desconcertada y excitada al fin, con esa forma impertinente de adivinarlo y saberlo todo que tenía Hugo.

– Murió, mi hijo, nuestro hijo. Luego yo no podía quedarme en estado. Eso daño nuestro matrimonio. Cada uno se concentró en su carrera y dejamos de tener vida en común. Nuestro matrimonio es una farsa – Lena sintió un pena interior profunda, inusual. Él respetó ese momento, sin tocarla, bebiendo y esperando. Al fin ella levantó la mirada.

– Y ¿qué hay de ti? Eres tan críptico, tan reservado. No sé nada de ti. Si no tuviese constancia de tus conocimientos, diría que has logrado llegar dónde estas saltando de cama en cama – Hugo rió de nuevo – Eres humo, no hay forma de cogerte. ¿Que hay de tu familia? ¿No hay ninguna novia esperando en algún lugar? ¿Qué es lo que buscas? ¿A qué aspiras? Eres brillante y sin embargo no eres nada ambicioso, no muestras interés por nada…

– No me tomo nada en serio. Tienes ante ti un hombre sin más ambición que divertirse. Me divierto, Lena, es a lo único que aspiro.

Hugo se acercó a Lena hasta casi rozarla, invadiendo su espacio, poniéndola nerviosa, cambiando la conversación por la acción. Juguetearon un tiempo más. Al cabo Lena lo separó de nuevo.

– Me intrigas.

Hugo dejó de sonreír – ¿De verdad necesitas saber? – Ella insisitió, no iba a soltar su presa.

Hugo se tomo tiempo para contestar – Mi familia está lejos. Hace mucho que no hablo con ellos. No están muy orgullosos de mí. No tengo novia ¿quieres serlo tú, Lena? – esto lo dijo con guasa y con la sonrisa de nuevo jugando en sus labios – Alguna vez amé de verdad, profundamente. Pero mi corazón se rompió, ahora es como una copa rota por la que el líquido se escapa. No he sido capaz de volver a amar, y he perdido la esperanza de volver a hacerlo.

– Eres muy joven, seguro que encuentras otro amor.

– Soy mayor de lo que parezco.sota-de-copas.JPG

– Sé la edad que tienes, lo pone en tu informe.

– Los informes mienten.

– No pareces mayor, pareces más bien menor.

– Tener cara de adolescente no siempre es una ventaja.

– ¿Qué edad tienes en realidad?

– ¿Te parecerá mucho si te digo que tengo cincuenta años?

– ¿Ahora resulta que eres mayor que yo! No aparentas muchos más de veinte.

– ¿Y si te digo que tengo cien?

– Querría saber tu secreto

– ¿Y si digo quinientos?

– ¿Vendiste tu alma al diablo?

– ¿Y si digo mil?

– ¿Es que conoces el secreto de la vida eterna? – Estaba bromeando, sin duda, pero estaba tan serio.

– Qué fácil sería conocer la historia si la has visto en persona, si la has vivido, no tendría mérito, ¿verdad?

– ¿Es un juego?

– ¿Vida eterna? No, un contrato ineludible más bien.

¿Estaba loco el muchacho? – ¿De qué estás hablando?

Hugo señaló un objeto, no lo miraba, ni a Lena. Estaba concentrado en su propia copa de vino.

– Fíjate bien, eres una experta.

– Esa copa con tapa. Parece muy antigua.

– Lo es. Es una herencia de familiar-

Lena alzó la copa y la miró. Parecía de oro y plata y no simplemente bañada, y parecía auténtica

– Durante un tiempo quise deshacerme de ella por todos los medios. Quería tanto deshacerme de ella que incluso traté de destruirla. Mi familia se enfadó bastante conmigo. No pude… así que traté de destruir mi vida, traté de morir. Entonces fue mi madre la que se enfadó.

– ¿Intentaste suicidarte?

– No puedo quitarme la vida. Traté de morir, de que me matasen… que ironía, soy de los más longevos…

– ¿Por qué no la devolviste a tu familia?

– No puedo.

– Regálala

– ¿Te gusta? ¿La quieres? Te la regalo.

– No puedo aceptarla.

– No la quiero. La odio. Te la doy. Llévatela. – se hizo un silencio.

Un sentimiento de codicia se despertó instantáneamente en Lena, tal vez sí se la quedase. Trató de alzarla otra vez, pero pesaba mucho. Apenas la despego de la tabla. Se le escurría entre los dedos.

– ¿Qué broma es esta? ¿Te burlas de mí?

– No.

– ¿Es un truco? ¿Cómo es posible?

– No puedo dártela, pero creerme, es una suerte para ti.

Levantó la tapa y miró dentro. En el borde había un hombre grabado: Gradalis.

– ¿Es el Grial?

– Es un grial, un cáliz, un copón… No es el único ni el más importante. Es el mío.

– Dónalo al museo. – Dijo ella, dominando su codicia. Siempre se había considerado altruista.

– No puedo dárselo a nadie, y nadie que coja la copa con la intención de llevársela podrá arrastrarla ni un metro lejos de mí.

Lena volvió a coger la copa, tratando de alzarla con todas sus fuerzas.

– No podrás – le advirtió.

La levantó a penas unos centímetros antes de que se le escurriese. Se rompió una uña y se hizo sangre. La copa cayó pesada, golpeando la tabla con fuerza.

– Tienes un retorcido sentido del humor. Déjame mirarla por debajo, seguro que encuentro el engaño.

Hugo alzo la copa con una mano, con facilidad. Se la acercó a Lena y se la mostró como lo haría un mago. La depositó sobre las manos de Lena y cuando retiró las suyas la copa comenzó a pesar, se volvió tan pesada que separó sus manos, causándole gran dolor, y cayó de pié sobre el suelo. Hugo se acerco a la copa y vertió el contenido de la botella de vino, pero apenas salió un chorrito. Entonces comenzó a mearse en ella.

– Hay reyes que han llenado la copa entera con su sangre para ver lo que la copa puede ofrecerles – acabó de mear y se acercó a Lena, cogiendo su brazo con firmeza – Pero en realidad unas gotas bastan – Sujeto la mano lastimada de Lena sobre la copa. Le dolía, intentó escabullirse. Con la presión la herida comenzó a sangrar, unas gotas de sangre cayeron dentro de la copa. Lena estaba asustada, pero no podía dejar de mirar. El contenido de la jarra se agitó, comenzó a girar y poco después mostró imágenes. Lena vio puertas que se abrían y se cerraban, todos los caminos de su vida: los que había andado, los que ya nunca andaría, y los que aún le quedaban por andar. Vio maravillas esquivas y horrores acechando, vio las oportunidades florecer y marchitarse. Vio la vida perdiéndose en giros mientras el tiempo se escapaba siempre recto. Estaba fascinada y horrorizada, no podía dejar de mirar. Hugo puso la tapa en su sitio y el hechizo se rompió.

– Quiero volver a ver.

Hugo golpeó la copa con el pie, derramando el pis rojizo por el suelo.

– Es mejor que te vayas.

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Lena no recordaba exactamente cómo había vuelto a su casa. Tampoco recordaba casi nada de lo que había visto en la copa, por mucho que se esforzase. Ese día no fue a la universidad. Al volver Hugo ya se había marchado. Había solicitado un traslado. Se marchó sin despedirse de nadie. Todo el mundo se olvidó rápidamente de él. Todos menos Lena.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Woswis dice:

    Hugo el errabundo… excelente cuento Fanou, escribes muy bien!

  2. fanou dice:

    Gracias.
    Pero creo que podría mejorar mucho. Leo la historia y no puedo evitar ver sus fallos, mis carencias, las omisiones, los excesos…
    Espero que almenos los que leen obtengan algo de la historia.

  3. Aura dice:

    Siempre joven la sota de copas. Jolgorio y mutabilidad a partes iguales. Un juego que nunca se atrapa, tan sólo dar un sorbito.

    Un saludo 🙂

  4. Poio dice:

    Muy bueno, Fanou, no te exijas demasiado tampoco. Y mirá que siempre pensé que la Sota de Copas era gay 😛 Pero, en tantos años vividos, quien sabe, no??? Me gustó mucho el paralelismo que hiciste con el cuento anterior, el As de Copas, le da cierta continuidad a los relatos. Seguí así… y no releas más las historias, que la primera impresión es siempre la mejor, la más pura.

    Saludos.

  5. fanou dice:

    Que lujo de visitas y de comentarios.

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