Apocalipsis según Timeo IV: El Sabio Esav

Podéis leer los capítulos anteriores aquí:
Apocalipsis según Timeo I
Apocalipsis según Timeo II
Apocalipsis según Timeo III

”> Lo intentó una vez más. Probó con un sabio: Esav Itzjak. Se presentó sin más, como Jesús. Esav Itzjak no le creyó al principio, pero era un teórico y en el fondo un crédulo. Le pidió pruebas. Jesús estaba preparado -¿Qué pruebas quieres?-
Primero le preguntó si conocía el alfabeto hebreo y Jesús se lo demostró: dibujó cada una de las letras del alfabeto, dijo su nombre y su significado. Fácil.
Luego le hizo una pregunta en la lengua sagrada a la que Jesús respondió correctamente.
Entonces le preguntó por los escritos sagrados y Jesús comenzó teorizar sobre ellos.
Esav le interrumpió y le preguntó si conocía la cábala y Jesús hizo unos cálculos rápidos sobre unas palabras sencillas.
Iba a hacer otra pregunta cuando Jesús, aburrido, optó por obrar un pequeño milagro: hizo levitar un jarrón con flores marchitas mientras estas retomaban su antiguo frescor. Esav le creyó entonces. Al menos dió crédito a que fuese un profundo conocedor de la vida de Jesús; Jesús se preguntó qué tendría que ver todo aquello con su vida, o con su Mensaje. Prometió volver a la velada siguiente y todas las veladas que fuesen necesarias, hasta que estuviese terminado su Mensaje.

Volvió la noche siguiente y comenzó hablándole de la idea de la unificación, tratando de convencerlo, de inculcarle esa idea. Charlaron unos días amigablemente. Jesús quería conocer a Esav, asegurarse que no era un loco como Eleutherios, ni un incrédulo como Cayo Grande. No estaba seguro de ninguna de las dos.
Poco después comenzó a dictarle, el tiempo apremiaba, pronto tendría que regresar.
Primero Jesús dictaba y Esav escribía.
Pocos días después Jesús dictaba y Esav hacía gañotas.
A veces Jesús dictaba y Esav no escribía.
Por último Jesús vio que cuando Esav escribía, no siempre ponía lo que el dictaba.
Entonces Jesús preguntó a Esav qué sucedía, y Esav dijo que no estaba de acuerdo con lo que Jesús dictaba. Pedía pruebas, ejemplos y a veces le llevaba la contraria. El trabajo se ralentizaba, se volvía insoportable.

– ¿Cómo puedes no estar de acuerdo con lo que te digo que es mi Vida y mi Mensaje?
– Bueno, a veces es la forma de expresarlo. No creo que sea correcto.
– ¿A no? Y según tú ¿cómo debería hacerlo?
– Es más no creo que sea verdad. No eres Jesús, y si lo eres mientes.
Jesús se dio cuenta que unificar, hacer que todos creyesen lo mismo y dejasen de discutir, iba a ser imposible si no lo lograba siquiera con uno. Comenzó a meditar. Desechó su plan: definitivamente no funcionaba. Era cierto que Esav no tenía la culpa… pero lo había llamado mentiroso.

– Esav Itzjak yo no miento -dijo Jesús realmente enfadado, Esav sintió un miedo irracional, instintivo, incontrolabe – Vivir sin mentir es muy duro, contraproducenten dirría yo. Pero vas a descubrir cuán duro es Esav, porque cada vez que trates de mentir, sólo dirás la verdad: únicamente la verdad y toda la verdad.
Jesús desapareció y el miedo de Esav cesó al instante: al fin y al cabo no había sido para tanto ¿No?

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Poio dice:

    cada vez se pone mejor… quiero mas!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s