Apocalipsis según Timeo III: Cayo Sulla el Grande

Puedes leer los fragmentos previos de esta historia aquí:
Apocalipsis según Timeo I
Apocalipsis según Timeo II

”> Probó después con un patricio romano, cristiano devoto. Gaius Aurelianus Sulla. Cayo grande para los amigos. Grande por voluminoso, no por que hubiese acometido ninguna gesta en particular.
Cayo pertenecía a un grupo de cristianos que se reunían en las catacumbas. Justo a las afueras de la zona ajardinada de su villa había una obertura con una puerta de hierro que daba a un túnel. El túnel se comunicaba con varias catacumbas. En una de ellas habían acomodado una humilde capilla en la que disponían de todo lo necesario para sus rezos. Allí abajo declaraban que todo hombre era igual ante Dios, aunque no lo fuese ante los hombres.
Los antepasados de Cayo estaban enterrados en la necrópolis, pero su joven y difunta hija estaba enterrada en uno de los pasillos, en las catacumbas cristianas. Iba a saludarla una vez a la semana, cuando descendía para su oración comunitaria. Su esposa nunca le había perdonado por aquello, decía que el fantasma de su hija se revelaría y le atormentaría todas las noches. Cayo deseaba secretamente que fuese cierto.

A Jesús le gustaban las catacumbas, le pareció un lugar ideal para aparecerse a Cayo. Se sentó junto al cadáver en semi-descomposición de su hija y esperó a que apareciese. Fiel a su cita Cayo fue a visitar a su hija, pero al llegar vio con incomodidad que el lugar no estaba vacío. Pensó en saludar a su hija mentalmente, para que no lo tomaran por loco, y pasar de largo rápidamente y sin dar la espalda al joven. No quería darle la oportunidad de apuñalarlo por la espalda. Pero para su mayor fastidio el joven le habló. Se presentó como Jesucristo.

-¿Eres un fantasma?-Le preguntó Cayo
-No, no exactamente-
-Si estas muerto y te apareces ante mí, has de ser un fantasma. El único fantasma con el que hablaré es con el de mi hija. Tráeme a mi hija y te escucharé, charlatán- Cayo se sintió orgulloso, con eso se habría librado del extranjero extraño. Comenzó a caminar, dejando al joven atrás. – Eso es técnicamente imposible…- Jesús se sintió contrariado, ¿Cómo demostrar que era quien era?.

Andubo por las catacumbas, pensado. Al final dio con una solución. Al día siguiente Apareció en el estudio de Cayo, materializándose de la nada y procurando transparentarse lo más posible, incluso brillando un poco. Se presentó de nuevo como el hijo de Dios, -el fantasma divino de Jesús- añadió. Pero Cayo no se dejó impresionar. No creyó que Jesús fuese Jesús. Pensó más bien que se trataba de un ladrón, un espía o un asesino a sueldo. Lo echó de su casa. Juró que si volvía a verlo lo apuñalaría con su pugio.

Jesús estaba molesto, pero no podía juzgar severamente a aquel hombre, era su plan el que no estaba funcionando. Descartó a Cayo, pero se aseguró de que en su camino se cruzaría con ciertos parásitos intestinales que harían que su mote le quedase definitivamente grande.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Poio dice:

    jajaja, aguante cayo. es un grande… yo hubiera hecho lo mismo… espero la continuacion.

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