La bolsa verde

Una vez llamaron a la puerta. Al abrir no había nadie, pero en la puerta había una bolsa de deporte de loneta de color verde y de tamaño mediano. Miré hacia un lado y hacia otro: no había nadie. Salí afuera, buscando alguna persona: la calle estaba desierta. Pensé que sería una broma, o tal vez un olvido. Dejé la bolsa allí todo el día. A la noche nadie la había reclamado, tampoco nadie la había robado. Recogí la bolsa y la dejé tras la puerta, esperando que su dueño apareciese el cualquier momento preguntado por la bolsa verde.
Parecía que alguien en casa estuviese a punto de marcharse, con la bolsa de viaje lista para partir cerca de la puerta. Así se pasó algunos días. Todo el mundo que pasaba por casa preguntaba de quién era la bolsa.
– No sé
– ¿y qué hay dentro?

Dentro había varias libretas con poemas manuscritos por diferentes personas. Algunos poemas eran buenos, otros eran malos hasta dar dolor de barriga. También había algunos dibujos y algunas notas. Ninguno estaba firmado. Una libreta aún estaban en blanco. En la bolsa también había una pequeña toalla gris y una revista de viajes. En la revista estaban marcadas y tachadas varias ciudades. Mi ciudad era una de ellas. Estaba marcada y tachada en último lugar.
Nada más.

Todo el mundo venía a casa a ver la famosa bolsa. Leíamos algunos poemas en la velada tras la cena; había poemas en varios idiomas. A la luz de las velas y acompañados de licor los poemas resultaban más bellos y casi dejaban entrever su significado.
Con Pedro y Mariela tratábamos de buscar la ruta de la bolsa a lo largo de las ciudades, pero siempre nos liábamos; llegados a cierto punto era imposible aclararse sobre cómo había ido el viaje. Ángel siempre trataba de relacionar los poemas con las ciudades; inventábamos entre los dos las historias que habían llevado a escribir determinado poema. El comenzaba y luego me pedía ayuda y acabábamos, muy borrachos, hablando con mucha seriedad sobre dónde y por qué se había escrito aquel poema y cual era su significado, y no parábamos hasta ver las miradas convencidas de los que nos acompañaban. Petra jugaba a adivinar como era la persona que había escrito el poema, como una psicóloga analizando los dibujos de un niño, fabulaba personajes, algo que de otra forma le hubiese resultado imposible. Diego prefería hablar de la Teoría del Comienzo: quién había puesto en circulación la bolsa?, dónde?, por qué?, que pretendía?, dónde habría de llegar la bolsa?, era un viaje cíclico o sin retorno?, cómo debía usarse la bolsa?, y para qué la toalla?

Aprendimos algunos poemas de memoria, y los recitábamos al iniciar nuestras peculiares veladas. Mi casa fue punto de reunión durante unos meses. Había magia en estos encuentros: estaban llenos una felicidad simple y fácil.

Un día desperté y supe que la bolsa debía partir. No podía quedármela por siempre. No sería yo quien aprisionaría la bolsa, para acabar guardándola en un trastero, aburrida de tanto marearla.
Planeé una velada especial. Invité a todos los que habían asistido alguna vez a aquellas reuniones. Todo el que lo desease escribiría un poema o una nota en la libreta. Los escritos tenían que ser originales de cada uno y no aparecería nombre ni referencia directa que pudiese desvelar quiénes éramos ni dónde estábamos. Por supuesto nadie estubo de acuerdo con nada, pero yo había encontrado la bolsa, así que sin duda yo era la más adecuada para decidir qué hacer con ella. Me hubiese gustado llevarla yo misma, la bolsa verde, a dónde fuese. Pero no lo hice personalmente. Se la di a Rubén, entonces aún vivíamos juntos. Él no tenía especial aprecio por ella, ni por las veladas literarias que montábamos a su alrededor, pero aceptó la responsabilidad, tal vez por librarse al fin de todo lo que conllevaba. Por cuestiones de trabajo debía viajar al extranjero. Llevó la bolsa consigo y la dejó en la ciudad acordada. Me juró que lo había echo tal y como yo le pedí: buscó una casa con el número 13 en la puerta, la depositó allí, llamó y se marchó sin mirar atrás.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. poio dice:

    muy bueno. espero algun dia que esa bolsa verde aparezca en la puerta de mi casa y voy a jugar a adivinar cuales fueron los tus escritos y los de pedro, mariela y demas.

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