Jano

Jano es la divinidad romana que representa el fin del año viejo y el principio del nuevo. Normalmente se le representa con dos caras. Una de las caras es joven y mira hacia el nuevo año y la otra es vieja y mira hacia el año pasado. En la mano derecha lleva una llave porque a él se le atribuye la invención de las puertas, en la otra lleva el báculo que le da el dominio de las rutas y caminos. A veces se le representa con cuatro caras, para mirar todos los caminos de una encrucijada.

Dice la leyenda que Jano es el rey más antiguo del Lacio. Nacido en Tesalia, llegó al Lacio para pacificar y educar las tribus barbaras. Les dio leyes y religión. Cuando Saturno fue expulsado del cielo fue a parar al Lacio y fue acogido por Jano, que mostró gran generosidad con él. Saturno le dotó entonces de una capacidad extraordinaria: podía conocer el pasado, el presente y el porvenir.

Los romanos ofrecían sacrificios en doce altares a Jano, para cada uno de los doce meses del año.
El templo de Jano en Roma permanecía cerrado mientras había paz y se abría cuando había guerra. Cuando esto sucedía, los combatientes iban en procesión solemne al templo, colgaban los escudos sagrados con sus símbolos y los golpeaban para despertar a Marte.
Cuando la guerra terminaba, el templo se cerraba con cien candados, para que fuese laborioso abrir sus puertas y todos pudiesen meditar a cerca de la naturaleza de la guerra, antes de abrir de nuevo las puertas.

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