El buque fantasma

Hoy voy a hablaros de un escritor maldito: Richard Middleton. Conocí este autor arriesgándome con uno de los títulos de Valdemar, una recomendación siempre acertada. El título reza ‘El buque fantasma y otros relatos tristes y siniestros‘. No es apto para personas tristes.

Richard Barham Middleton (1882-1911) encarnó el ideal bohemio y romántico hasta sus últimas consecuencias. Vivió el fin de un siglo y el comienzo de otro. Escritor de cuentos, poeta y ensayista inglés es uno de esos contadores de historias de una delicadeza y sensibilidad exquisitas.

Proveniente de una familia acomodada, eso no quitó que tuviese una infancia infeliz. Estudió en la Cranbrook School de Kent. Comenzó a trabajar como administrativo. Pero se sentía terriblemente desdichado por su vida. Se volvió un bohemio de vida nocturna y trató de vivir de sus escritos. Pasó épocas de penuria, malviviendo de las míseras ganancias que le reportaban los escritos que vendía a importantes publicaciones, que no valoraban su talento.
En sus cuentos cultivó el humor negro y tétrico, el cinismo y el pesimismo, el relato de fantasmas, y también se aventuró con algunos escritos en forma de ensayo. A menudo sus protagonistas son niños, escritores fracasados, vagabundos o muertos, personajes que no comprenden el mundo, locos, tristes, incomprendidos, desesperanzados…
Acabó suicidándose en Bruselas el 1 de diciembre de 1911, tenía 29 años y estaba a las puertas del éxito. Tras su muerte su obra se magnificó y algunos de sus relatos han sido incluidos en famosas antologías. El antologista John Gawsworth rescató varios de sus cuentos inéditos y lo incluyó en antologías como la New Tales of Terror junto a Arthur Machen, Walter de la Mare o Algernon Blackwood. Pero a pesar de su calidad es poco conocido, y menos aún fuera de las fronteras de Inglaterra.

Arthur Machen, que hace el prólogo de la recopilación traducida por Valdemar, se declaró admirador suyo. Dice de el ‘ Nos gusta porque expresa algo, porque no es un mero agrupamiento de palabras, hechos, observaciones e incidentes; nos gusta porque su contenido no ha pasado a través de un crisol inalterable. Todo lo contrario, el revoltijo de experiencias e impresiones que, como a todos nosotros, le toca en suerte a cualquier autor, se ha forjado sin duda en el atanor de las artes, en ese horno de los alquimistas que, se dice, debe ser gobernado con sabiduría. Se introduce el plomo en el corazón del fuego , y el oro sale en su lugar.’

En el prólogo destaca algunos pasajes de los cuentos de Middleton, como por ejemplo éste extraído de el que es su cuento más famoso El buque fantasma:
El viento, que hasta entonces había estado aullando afuera como un perro rabioso, se volvió de repente tan dulce como los villancicos que cantan los niños del coro de Nochebuena.
Fuimos hasta la puerta, y el viento la abrió con tanta fuerza que el tirador se incrustó en el yeso de la pared. Pero no le prestamos mucha atención en aquellos momentos; por encima de nuestras cabezas, navegando con delicadeza entre las estrellas azotadas por el viento, se deslizaba el navío que había pasado todo el verano en el prado del tabernero. Las lumbreras y el ventanal corrido de popa resplandecía de luces, y desde las cubiertas llegaba el rumor de canciones y violines. ‘¡Se ha ido!’, gritó el tabernero por encima del rugido de la tempestad. ‘¡y se ha llevado a la mitad del pueblo consigo!’. Sólo pude asentir con la cabeza, pues mis pulmones no son tan fuertes como el cuero de un fuelle.

Dice el traductor de la obra, José María Nebreda, en una introducción más que recomendable:
Siempre me he preguntado cuántos escritores desconocidos, cuántos escritores malditos, yacen olvidados en el baúl de lo ignorado, de lo no leído, pudriéndose entre polvo y telarañas en alguna recóndita biblioteca o en los almacenes de viejas editoriales; cuántos párrafos, historias, relatos impresos, y no impresos, viven su propia y solitaria existencia en una libreta de apuntes, en unas hojas manuscritas o en la tipografía arcaica de libros perdidos y olvidados para siempre, condenados a la ignorancia, portadores, quizás, de un verso sublime, de une stilo maravilloso, de una trama magnífica y original que jamás será considerada ni leída, que permanecerá oculta en las páginas amarillentas de un cuaderno, entre espirales metálicas, o bajo las tapas carcomidas de un libro mal distribuído.

Todos los cuentos de esta recopilación son exquisitos, pero personalmente destacaría, a parte del famoso El buque fantasma, Un drama de la niñez, La historia del un libro, El comerciante de ataúdes, La biografía de un superhombre o Un día gris.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. daniel carrillo fuentes dice:

    envienme imagenes o videos a mi correo

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