De La Rochefoucauld

Algunas máximas de De La Rochefoucauld:

Nada damos con tanta gratuidad como un consejo.

La personalidad, al igual que un edificio, tiene diversas fachadas, algunas agradables a la vista y otras no.

El medio más fácil para ser engañado es creerse más listo que los demás.

El silencio es el partido más seguro para el que desconfía de sí mismo.

No hay accidente, por desgraciado que sea, del que los hombres hábiles no obtengan provecho.

A los viejos les gusta dar buenos consejos, para consolarse de no poder dar malos ejemplos.

Ni al sol ni a la muerte pueden mirar el hombre directamente.

Algunas cualidades positivas son como los sentidos: quienes carecen de ellas por completo no tienen noción de ellas.

Es un gran acto de inteligencia ser capaz de ocultar que uno es inteligente.

A menudo nuestras virtudes no son en realidad mejores que los vicios que ocultamos.

Nuestro amor propio se resentirá más de las críticas a nuestros gustos que a las de nuestras opiniones.

François De La Rochefoucauld (1613 – 1680) Príncipe de Marcillac, heredero del Duque de Rochefoucaul.
De joven se alistó en la Armada y participo en las guerras que mantuvieron Luis XIII y Luis XIV, demostrando valor, pero sin recibir ningún reconocimiento.
Una vez presentado en la sociedad participó activamente en la vida pública y política. Era un hombre de firmes convicciones morales y religiosas y estas le empujaron a actuar en numerosas ocasiones. Afín a la Fronda, sus intervenciones en las dos insurrecciones le llevaron en ocasiones a encontrarse en momentos delicados, sin apoyo alguno y cercano a la ruina.

Conoció a los grandes escritores de su época, entre ellos Racine y Boileau. Pero sin duda fueron grandes mujeres emblemáticas a las que le unía la amistad las que ampliaron sus horizontes intelectuales.
Estuvo casado en matrimonio de conveniencia con Andrée de Vivonne durante un año. Tras separase de ésta, conoció a Marie de Rohan y frecuentó su circulo de amistades. Después conocería a la Reina Ana de Austria, mostrando su oposición contra el Cardenal Richelieu y conspirando contra él, sin éxito. Tras esto frecuentó los salones de Madelein de Sablé, entrando en la camarilla de Rambouillet. Ya en su edad adulta conoció a Marie-Madeleine Piochet de la Vergne, más conocida como Madame de La Fayette, con la que mantuvo una profunda amistad hasta su muerte.

En su retiro escribió el libro por el que es más conocido: Máximas (1665), que recoge unas 700 reflexiones. Estas sentencias epigramáticas, sencillas y elegantes, son de una gran profundidad. Demuestran ingenio e ironía y son un hito inigualado de la literatura francesa.
Fiel retrato de la sociedad de su época, retratan las motivaciones, los intereses y la psicología de los individuos y son cínicas respecto a la condición humana. Son fácilmente extrapolables y válidos aún hoy día.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Rochonf dice:

    Me encanta este individuo, sin duda describe todos mis defectos con unos cuantos siglos de antelación.

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