Noche de Espíritus

Esta noche es la víspera de Todos los Santos (Tots Sants aquí en Cataluña). Es la celebración a los muertos: Halloween en los países de tradición celta y el día de Todos los Santos o día de los Muertos en los países de tradición latina. Ambas fiestas están relacionadas, de origen indoeuropeo, tienen que ver con ritos ancestrales del dios Sol, que comienza a menguar visiblemente estos días (cada día es más corto que el anterior). Antiguamente se creía que agonizaba y moría para renacer en el solsticio de invierno en diciembre. En estos días en los que el sol agonizaba la noche y la luna mandaban y los muertos podían campar a sus anchas por la tierra. Volvían para arreglar sus asuntos, para avisar de las penas antes de que sucediesen y para ver a los suyos por un día.
Esta celebración no se debe ver como una fiesta macabra. Antiguamente la muerte no era algo tabú, como lo es en la sociedad actual, la gente vivía la muerte como algo natural que sucedía continuamente, era tan sólo un cambio, el paso a un nuevo estadio. Se celebraba con alegría, era una fiesta ritual: había unos ritos determinados a seguir, y si los seguías, te protegías y honrabas a los muertos.
Aquí es tradición en estos días comer unos duces llamados panellets (hechos con almendra, boniato y piñones), castañas asadas al fuego y moscatel o mistela (vino dulce), así como regalar hierbas curativas o aromáticas a las personas que aprecias.
También es tradición aquí y en muchos otros lugares, contar historias de miedo. Esto probablemente proviene de la costumbre del algunos pueblos de encender el fuego y reunirse alrededor para recordar a los muertos, se contaban historias y se compartía con ellos la vida familiar y el calor del hogar.

Éstas son algunas historias que me gustan, especialmente seleccionadas para contar junto al calor de la llar de foc:

Les Marfantes, una leyenda local:

Las Marfantas son unos fantasmas, seres de otro mundo, que eligen las marismas (concretamente las del Delta del Ebro) para espantar a la gente. Como el fantasma clásico son formas cubiertas por una sábana blanca, pero no se distingue si la forma dajo las sábanas es de hombre, de mujer o ni si quiera es humano. Venían acompañadas de luces fantasmales y emitían los llamados llantos de los fantasmas, aullidos y gritos horribles. Las abuelas utilizaban a las marfantas para aterrorizar a sus nietos y que estos no se saliesen de los caminos por los pantanos, para que no fuesen a lugares peligrosos o prohibidos y para que volviesen pronto a casa, o las Marfantas se los llevarían.
Durante la posguerra algunos utilizaron la leyenda de las Marfantas para cubrirse con un trapo blanco y con una estaca o caña con una bujía o vela en la punta, así asustaban a sus congéneres y se ganaban la vida con el estraperlo.
También se las llamaba cornudas, ya que también las contrataban los galanes para asustar a la gente cuando estaban reunidos con sus amantes, o desviar la atención hacia otro lugar con su jolgorio en la noche. Incluso algunas mujeres se disfrazaban de marfanta para ir a visitar a sus amados.
Aunque no está claro que las marfantas fuesen sólo mujeres.

Extraido de Misteris i Llegendes de Antoni Panadès.

La Mano de Gloria

Es una leyenda medieval europea realmente tétrica. Las brujas la fabricaban con la mano siniestra (izquierda) de un ahorcado reciente. Tenía que ser un criminal ahorcado una noche de luna llena, la mano se tenía que cortar esa misma noche. Tras una temporada en salmuera, en un proceso parecido al de momificación, aderezado con hierbas y hechizos, la mano, que quedaba blanca, sin color, estaba lista para ser usada.
Aquí las historias difieren. Algunos dicen que se untaba con una grasa y se preparaba para arder como una tea. Entonces los ladrones la encendían frente a la casa que deseaban robar y al hacerlo, la oscuridad caía sobre la casa, todos los inquilinos caían en un profundo e inquebrantable sueño y todas las puertas se abrían y la casa quedaba desprotegida, a merced de los ladrones.
Otra tradición dice que la mano, convenientemente montada en una peana, se usaba para llamar a la puerta de la casa que se deseaba asaltar, al hacerlo, la mano cobraba vida y se cerraba como un puño y se obtenían iguales resultados que cuando se hacía arder.
Cuando la mano comenzaba a apagarse o a abrirse, era hora de salir corriendo para los criminales.

Los muertos a la mesa, una tradición egipcia contada por Heródoto:

Una de las culturas especialmente conocidas por su mentalidad singular ante la muerte es la egipcia. Heródoto, el llamado padre de la Historia, escribe su libro homónimo Historiae basada en parte en sus viajes por el mundo conocido. Uno de esos viajes lo realizó a Egipto, del que dijo ‘quien no ha visto Egipto no ha visto el mundo‘. En su historia incluye las tradiciones, el carácter, normas de cortesía y partes de la vida cotidiana de los egipcios, entre otras cosas. Están incluidas en el segundo libro llamado Euterpe.
Es aquí donde cuenta que en las grandes celebraciones, antes de cualquier banquete, los anfitriones sacaban un falso sarcófago antropomórfico decorado, en todo igual a uno real, sólo que vacío. Mientras lo paseaban alrededor de la mesa acercándolo a todos los comensales recitaban un dicho en el que animaban a los comensales a comer y beber alegremente, pues nunca se sabía cuando acabarían como aquel invitado.

A todos os deseo una deliciosa y terrorífica vispera de Todos los Santos.

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