Margarita

Cuando yo era pequeña mi abuelo, que en paz descanse, estaba loco. Siempre que me veía sonreía y me llamaba Margarita (no me llamo Margarita) y recitaba una poesía larga que había aprendido meticulosamente de un libro. De pequeña mi abuelo me asustaba un poco, no le entendía.

Ahora, tarde, puedo decir que le compredo. Tal vez esté loca. No me importa. No recuerdo la poesía y el libro se ha perdido. Cuando mi abuelo me miraba, no se que Margaríta era la que reconocía, pero yo era su Margarita, y por mi había prendido la poesía.

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